viernes, julio 11

El año de los diez años


En general, las organizaciones masónicas suelen articular su trabajo por períodos anuales. Son los llamados cursos o ejercicios masónicos, que comienzan tras el período veraniego y finalizan en el mes de junio del año siguiente. Es el momento en el que se suele hacer balance de lo vivido y del trabajo hecho. Llegados a este punto no puedo evitar echar la vista atrás y recorrer con el recuerdo lo que ha sido este año para mí, en el que se ha celebrado el décimo aniversario de la Logia Rosario Acuña. Diez años dan para mucho. A momentos uno tiene la percepción de que todo ha ido muy deprisa, pero también hay que decirlo, hay instantes en los que el tiempo parece detenerse y las imágenes se hacen eternas. Sin lugar a dudas ha merecido la pena.
Memoria he de hacer de cómo empezó el curso masónico: Un programa de actos y actividades ambicioso que en un primer momento se me antojaba casi imposible. Sin embargo, si Rosario Acuña tiene algunos méritos, estos son, al menos por el momento, la capacidad de trabajo, entrega y arrojo. Lo ha demostrado en el pasado inmediato colocándose en la primera línea de un debate de enorme trascendencia para el propio Gran Oriente de Francia, y lo ha demostrado continuamente abriendo sus puertas una y otra vez, haciendo un trabajo constante por transmitir una imagen normalizada y seria de lo que es y hace la Francmasonería.
La ocasión que proporcionaba el décimo aniversario no podía ser una excepción.
De algunos de los actos -la gran mayoría- ya me he hecho eco en Memoria Masónica. De otros no he dicho nada por la sencilla razón de que no me ha dado tiempo a escribir ni una nota, presionado por tareas domésticas, vida familiar, laboral y por la propia dinámica de la Logia, en cuya Comisión de Cultura me integré y que consumió una buena dosis de mis energías. Hoy quiero corregirme en la medida de lo posible y para ello he de comenzar recordando a Yván Pozuelo Andrés y a José Miguel Delgado Idarreta. Ambos representaron físicamente la llegada del Centro de Estudios Históricos de la Masonería Española a la Logia Rosario Acuña, y ambos fueron el precedente del sentimiento de orgullo que supuso para todos nosotros la visita en mayo del Presidente Honorario de esta institución, José Antonio Ferrer Benimeli, obligada referencia y pionero en la investigación de la Historia de la Masonería en nuestro país. 
Otro nombre que me viene inevitablemente a la memoria es el de Ludovic Marcos, buen amigo, Hermano, compañero en la militancia masónica en el seno del Gran Oriente de Francia y en algún que otro combate. Le conocí hace ya unos cuantos años en París, en la asamblea anual con la que la obediencia inaugura cada nuevo ejercicio. Sin su colaboración y ayuda la actividad "estrella" que fue la exposición en Valdecarzana, anhelada desde hacía ya tiempo, hubiera sido un imposible. He tenido la enorme fortuna de poder diseñar a su lado una parte del perfil de la exposición, dirigida fundamentalmente al público ajeno a la institución masónica y cuya finalidad era, ante todo, traer a Asturias un poco de la riqueza cultural que atesora el Museo de la Francmasonería, y seguir abriendo esa senda que es la normalización masónica, esto es, que el público en general vea en la calle a una asociación más, con sus características especiales, su historia, su propia identidad... Y creo que se consiguió: 726 visitas en los quince días en que la exposición permaneció abierta, marcaron todo un record en la actividad cultural que promueve el palacio de Valdecarzana.
No me quiero olvidar de Paz Rodríguez Sánchez que, al frente de la Logia Estrella del Norte, encarnó a la perfección la representación permanente de la masonería femenina. La fotografía que ilustra el encabezamiento de este apunte representa a la perfección la entente y el trabajo conjunto puesto en marcha por entidades con identidades diferentes pero con los mismos objetivos. Asturias fue durante esos días de mayo, y siento el orgullo de haber participado en ello, una pequeña capital de la actividad y cultura masónicas: Concha Pedrosa, Teresa Alabernia, Rosa Elvira Presmanes, Yván Pozuelo Andrés, Ferrer Benimeli y Ludovic Marcos. fueron las voces que acogió Avilés y que hablaron durante esos días. A la palabra de todas estas personas tengo que unir la de Román Álvarez, concejal de Cultura del Ayuntamiento de Avilés, y a un tocayo con el que comparto hasta el apellido, Ricardo Fernández, funcionario adscrito a la citada concejalía y que bajó a la primera línea organizativa de la exposición.
Los meses previos a la puesta en marcha de la exposición implicaron un considerable trabajo.  La selección de las piezas fue difícil al tener la certeza de que el evento iba a convivir en el tiempo con otros dos similares, uno en Laon y otro en Bruselas. A añadir más complicaciones contribuyó el traslado de la biblioteca del Gran Oriente, una labor tan compleja que no finalizará hasta el próximo mes de octubre. Luego llegó la cartelería, tarea compleja, la preparación de dípticos y paneles, y la confección del libro editado por Masonica.es a modo de texto divulgativo y catálogo de la exposición, una pequeña obra de arte no por lo que escribí, que no tenía nada de novedoso, sino por la tarea llevada a cabo por el editor, a quien -es obligado decirlo aquí- le estaré eternamente agradecido, pues supo ver algo donde yo solo veía un imposible. Ciertamente, como decía Napoleón, "imposible" no es francés.
El año se ha cerrado como corresponde: Con una buena comida en la que, además, se pudo descubrir el busto de Rosario Acuña al que ya me referí en un pequeño artículo escrito hace unos días, obra de Luis Gámez Lomeña, y que fue otro fruto largamente cultivado y mimado.
No ha cesado el trabajo. Me las prometía muy felices con el albor veraniego pero nuevos proyectos se agolpan, uno tras de otro, reclamando preferencia. Traducciones, artículos, nuevas labores de exteriorización, y buenas ideas ajenas a emular en esta tierra asturiana en la que el desarrollo de la masonería siempre ha sido tan complicado. Continuaremos pues dando silenciosamente que hacer. Seguiremos todo recto, como siempre, ciegos y sordos al ruido y a quienes lo provocan, pero atentos a cuanto verdaderamente importa y merece la pena, y que engrandece esta ya tres veces centenaria Institución, poblada a lo largo del tiempo por hombres y mujeres valientes, que han sido capaces de construir algo junto a los demás y ofrecérselo a las generaciones venideras.
¡Feliz verano!

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