miércoles, mayo 7

La exposción "Francmasonería, un patrimonio para la historia" en la Revista Digital de la Fundación Municipal de Cultura del Ayuntamiento de Avilés

Exposición «Francmasonería, un patrimonio para la Historia»

Palacio de Valdecarzana. 9 a 29 de mayo de 2014

La Francmasonería es una entidad asociativa nacida al calor del Siglo de las Luces en las islas británicas y que dio el salto a la Europa continental en un período de tiempo comprendido entre el final del siglo XVII y los albores del siglo XVIII.
Su expansión correrá distinta suerte, enfrentándose desde un primer momento a notables dificultades derivadas de la represión articulada por los poderes políticos y religiosos de la época.
No obstante, su consolidación será inevitable llegando a convertirse en algunos países, caso de Francia, en todo un fenómeno de moda.
La Francmasonería, polimorfa y de difícil clasificación, combina y se ubica en una posición equilibrada entre la tradición y la modernidad, entre la espiritualidad y la racionalidad, teniendo entre sus preocupaciones y objetivos la mejora tanto del individuo como de la sociedad en la que desarrolla su acción.
Este cuerpo asociativo va a tener desde su origen la particularidad de ser la prolongación de un gremio: el de los canteros, del que va a conservar todo un acervo simbólico y cultural que le resultará útil para desarrollar un sistema filosófico nuevo, un nuevo humanismo si se quiere, más allá de todo tipo de dogmatismo y que se desarrollará al incorporarse a sus filas una buena parte de la élite intelectual de la Ilustración.
El recurso a los símbolos como modo de transmisión de ideas y valores será una constante identitaria y éstos se reproducirán en los útiles ceremoniales de los que habitualmente se sirve la entidad, así como en muchos otros de uso común y habitual en donde la decoración masónica añade a la dimensión simbólica la ornamental.
El Museo de la Francmasonería, gestionado por la primera de las organizaciones masónicas asentadas en la Europa continental hace casi tres siglos, el Gran Oriente de Francia, conserva en sus fondos una masa patrimonial de gran valor que nos permite acercarnos a una dimensión poco conocida de este antiguo grupo asociativo, ahondando así tanto en su historia como en algunas de sus facetas características.
En efecto, entre los diferentes objetos que podemos encontrar destacan aquellos que tienen una implicación directa en el «quehacer masónico» y en los que fácilmente puede apreciarse la carga simbólica —metafórica, si utilizamos un lenguaje contemporáneo— que caracteriza a esta antigua cofradía.
Podríamos citar en este sentido a modo de ejemplo las primeras representaciones gráficas conocidas en Europa de ceremonias masónicas: los grabados «Gabanon» o también la colección de mandiles, piezas únicas o las «joyas» destinadas a identificar a los diferentes oficiales que desempeñan una función concreta en la logia.
Pero la Francmasonería tiene igualmente un componente «social» muy particular: esa idea de fraternidad confundida en nuestro tiempo con el tráfico de influencias y tan difícil de comprender en un mundo en el que se han desarrollado servicios sociales y un sistema de seguridad social inexistentes en el siglo XVIII, queda también reflejada en torno a los útiles «de mesa»: vajillas, cristalería, piezas de porcelana y un largo etcétera de útiles de lo más diverso, nos revelan que en las sociedades francmasónicas existía —y sigue existiendo— la costumbre de compartir mesa y mantel, de articular la actividad del grupo a partir del debate y la reflexión sobre los temas más variados, pero también estrechando las relaciones en torno al comer y al beber.
Conocer la Francmasonería implica hacerse una idea cabal de esta institución ya tres veces centenaria alejándose de dos extremos bien definidos en los que anida el prejuicio: de una parte se hallan las posiciones que atribuyen a la organización todo género de males y responsabilidades, que han encontrado en ella —y la encuentran permanentemente— la cabeza de turco ideal para focalizar un rechazo y justificar todo tipo de medidas dirigidas a acabar con un enemigo a batir.
Pero en el otro extremo se encuentran aquellas posturas que santifican la actividad masónica y prácticamente hacen descansar todo el progreso de la humanidad en la acción de las obediencias masónicas.
Es cierto que la entidad ha aportado nombres y ejemplos propios a la nómina de hombres y mujeres ilustres, es cierto también que ha estado presente en prácticamente todos los avances dados por el género humano en los últimos tres siglos pero, es igualmente cierto que, felizmente, no es la única entidad que ha contribuido al progreso humano.
Conocer la Francmasonería significa asimilar la realidad polimorfa de la que hablábamos al comienzo de este artículo y que la caracteriza, lo que se logra precisamente superando las dos posturas descritas.
A ello pretende contribuir la exposición Francmasonería, un patrimonio para la historia, primera de este tipo que conocemos en Asturias, y que está integrada por un conjunto de piezas seleccionadas pertenecientes al patrimonio del Museo de la Francmasonería del Gran Oriente de Francia.

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