domingo, mayo 11

Homenaje a Rosario Acuña a los diez años de la constitución de la Logia que lleva su nombre



Texto locución pronunciada en el día de ayer, 10 de mayo de 2014, ante la Casa de Rosario Acuña, en el acto de homenaje conjunto organizado por el Ateneo Obrero y la Logia gijonesa que lleva el nombre de la librepensadora, en presencia de numeroso público y representantes de las Logias Febus, La Bienfaisance (Gran Oriente de Francia), y La Cordillera de los Andes (Gran Oriente Latinoamericano).

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Ilustre literata, nacida en Madrid el 1 de noviembre de 1850 cultivó todo tipo de géneros, obras de teatro como “Rienzi el tribuno” ,  en el que el protagonista lucha por la libertad del pueblo,  El padre Juan” que fue prohibida al día siguiente de su estreno, poemas, artículos periodísticos…. su obra a nadie dejaba indiferente.
Tuvo una educación mucho más amplia que la de cualquier mujer de su época ya que, al no poder asistir al colegio, con regularidad, por sus problemas de visión, fue instruida por su padre D. Felix de Acuña y Solís a quien doña Rosario llamaría en un verso “luz del alma mía”.

De ideología librepensadora, cuando ingresa en masonería toma el nombre simbólico de Hipatia, famosa matemática asesinada por fundamentalistas religiosos. A Rosario de Acuña no la mataron físicamente como a Hipatia pero sí civil y socialmente.

Fue una adelantada a su tiempo y si viviera hoy lo seguiría siendo: no permitía que nadie pensara por ella y no obedecía a ningún código moral impuesto. Decidió renunciar a los privilegios aristocráticos a los que tenía derecho por nacimiento y renunció también a su herencia económica en  favor de su madre.

Estuvo al lado de los obreros y de las mujeres. Toda su vida se mantuvo firme en esta postura.

Mujer de la que aprender, a la que seguir como brújula cuando nos sintamos cobardes, no sólo las mujeres sino también los hombres que tengan la mente limpia, sin contaminar por prejuicios ni supersticiones.

Rosario de Acuña se atrevió a enfrentarse a los poderes establecidos, no le tembló ni la voz ni la pluma para hablar y escribir sobre “la mentira política, la mentira económica, la mentira familiar”, en sus palabras:
la mentira política que ofrece el endiosamiento de unos pocos sobre la sumisión de muchos; la mentira económica dando valor y facultad de producir, a un pedazo de oro; la mentira familiar haciendo honorable la dudosa legitimidad paterna, y desprestigiando la indudable legitimidad materna”.

Montañera a la que no le asustaba subir a las cimas más escarpadas se vio obligada a exiliarse en Portugal para evitar la cárcel, pues un artículo suyo contra la “gentuza” de la Universidad, en el que se refería a unos salvajes que habían apedreado a unas mujeres universitarias por el solo hecho de serlo, provocó reacciones exaltadas en los sectores más conservadores.

Ganadora de premios avícolas perdió todo lo que había invertido en una granja en Cantabria porque su arrendadora al enterarse de que doña Rosario era una hereje la desalojó, sin duda esta pía mujer quería asegurarse el paraíso, en palabras de la propia doña Rosario.

Rosario de Acuña intenta la salvación de los más débiles, pero no la salvación en el más allá, sino en el más acá; para ello lucha por la formación, por el conocimiento.
Palabras suyas son: “ No hay espectáculo más hermoso que ver a los hijos del pueblo ansiosos de ilustrarse, de elevarse, de levantar la frente desde la ignorancia, a la sabiduría..” “Cuando veo a los obreros quitándose materialmente, el pedazo de pan de la boca para transformarlo en pedazo de pan del alma, mi corazón de burguesa se estremece de remordimiento, al pensar que toda mi cultura no me costó, hasta ahora ni siquiera una hora de hambre”.

“Que los hombres llamados liberales, librepensadores, progresivos y positivistas tomen a la mujer como a hembra de animal, sólo destinada a la reproducción o para encargarse de las faenas domésticas, o para hacerla maniquí de lujo, cual si la hubieran comprado a la puerta de un mercado turco… esto es lo que no tiene explicación posible…”

Nos recuerda a las mujeres que hemos sido/han sido apartadas de los privilegios masculinos por un largo trabajo de perversión, hecho a conciencia por preceptos morales, leyes y costumbres.

Doña Rosario de Acuña clasifica las almas en dos tipos: Almas energía y Almas vegetativas.

“Las almas energía, no se paran, hacen brotar frutos por donde pasan, dan vigor, son almas peregrinas, NADA piden, nada quieren, nada esperan ni buscan; DAN en todos los minutos de su existir. Sin duda Rosario de Acuña era un alma energía.

“Las almas vegetativas, inmóviles, rígidas, tercas, siempre erguidas en medio de la corriente de las otras almas, frías, duras, no saben DAR, no pueden existir sino a condición de resistir al andar, de apoyase en algo cuanto más duro, inflexible y deformado mejor, son almas necesitadas de la horma, del molde que las oprima, las aplaste, las inmovilice,  necesitan saber que tienen trazada una ruta antes de nacer, almas que lo quieren todo hecho, sabido, dominado, a las cuales horroriza el pensar, el dudar, el sentir, para las que el mayor peligro es el horizonte, lo desconocido, lo imprevisto…

Doña Rosario de Acuña se tropezó en su vida con muchas almas vegetativas que le hicieron muy difícil el camino. Murió doña Rosario en Gijón, el 5 de mayo de 1923 ya al final de su vida escribe:

“…hoy me veo, cuando ya los achaques de la vejez llaman a las puertas del cuerpo, con todas las angustias y penalidades de una economía rayana en la miseria, que me obliga a fatigosos y rudos trabajos domésticos para no deber nada a nadie y comer lo preciso; no en mi soledad, porque afortunadamente no estoy sola, sino en compañía de quien hace 28 años, sacrificando su carrera, sus naturales talentos, su porvenir y hasta su fama, ha sabido, con paciencia generosa, atenuar el vía crucis de quien siendo mujer, se atrevió en España, a vivir como persona y por su cuenta”.

¡Honor, memoria y reconocimiento!