domingo, marzo 9

El Presidente del Centro de Estudios Históricos de la Masonería Española en la Logia Rosario Acuña (GODF)

El pasado jueves día 6 participé en una particular tenida celebrada por la Logia Rosario Acuña. Ya me había hecho eco en el blog de la celebración de la misma por tener ese especial carácter que le dan a estas reuniones los adjetivos blanca y cerrada. En esta ocasión pudimos escuchar a quien en este momento asume la presidencia del Centro de Estudios Históricos de la Masonería Española (CEHME), don José Miguel Delgado Idarreta.
El tema propuesto inicialmente -el antimasonismo durante la dictadura franquista- se vio en cierto modo desbordado por la exposición realizada por el ponente, que nos llevó hasta los albores del siglo XVIII para conocer las primeras medidas legales de caracter represivo aprobadas en otros países distintos del nuestro y, curiosamente, integrados en la órbita protestante, como fue el caso de Holanda. Pudimos conocer así la historia de una organización perseguida prácticamente desde el momento en que comenzó a dar sus primeros pasos, hecho que con mayor o meno intensidad se reprodujo sin excepción  en la Europa continental.
Inevitables fueron también las referencias al consabido complot judeo-masónico, al que en el tiempo se le fueron incorporando aditivos según las concretas circunstancias represoras del momento. Supimos, por ejemplo, del peso de la Inquisición o de las medidas adoptadas por un monarca con tan buena prensa sobre el papel como Carlos III. Así hasta alcanzar la figura del "deseado" Fernando VII, con respecto al cual comparto la opinión de nuestro conferenciante al tenerle sin dudas por el peor monarca que ha tenido nuestro país en toda su historia. Será bajo el reinado de Fernando VII donde, tras la "rehabilitación" de la Inquisición que los franceses habían suprimido -y otro tanto harán posteriormente los impulsores del trienio liberal- se legislará de forma virulenta, recogiendo en los textos legales esa amalgama de víctimas con la que nos encontramos siempre que se aborda el estudio de la represión de la entidad: masones y judíos, masones y malos españoles, masones y liberales, etc.
Tras el período democrático que supone la II República, cuando estalla la Guerra Civil, comenzamos a encontrar en el bando sublevado los primeros ensayos legislativos de carácter represor, pasos previos a la ley de represión de la masonería y el comunismo (otra novedosa amalgama) de marzo de 1940 con todas sus normas de desarrollo complementarias. Pudimos así saber con detalle de la obsesión del general golpista por la organización, tanto a través de la ilustración que se nos hizo de lo que podría ser la "macro represión", esto es, la persecución de la entidad concebida desde los textos normativos, como de lo que me atrevo a describir como "micro represión", esto es, la acción violenta y de acoso permanente que sufrieron algunas personas por el mero hecho de sospecharse que hubieran podido tener en algún momento contacto con la entidad francmasónica o, simplemente, porque se les colgó ese sambenito.
Amena la exposición y ameno el coloquio. Una intervención que dejó satisfechos y felices a los miembros de la logia y a la variada representación de la masonería liberal asturiana que también estuvo presente entre las columnas de nuestro taller.
Desde Memoria Masónica, además de hacerme eco  de esta jornada particular, no puedo sino agradecer esta visita que se inscribe además en la línea de trabajo de mi Logia y en la de la Obediencia a la que pertenece, caracterizada por no descuidar -y cultivar con celo- eso que se ha venido en llamar "proyección  exterior". Algo que además, especialmente en España, se sigue haciendo necesario día a daía para hacer frente a la sucesión de fantasmas que tanto dificultan el conocimiento real de esta ilustrada institución. Así pues, dejo patente aquí el sentimiento de gratitud compartido por quienes animamos el quehacer cotidiano de la Logia Rosario Acuña hacia don José Miguel Delgado Idarreta, y también hacia quien tanto nos está ayudando en toda esta labor y que compartió con nosotros un jueves memorable para la pequeña historia de nuestra pequeña Logia: Yván Pozuelo Andrés. No puedo ni quiero olvidar a quien, entre las bambalinas, hizo posible el buen ambiente final sentados a la mesa con el mantel puesto: Las cosas no se hacen solas.

2 comentarios:

Enrique Arbiol dijo...

Me hubiese gustado asistir, pero ademas de la distancia, esa noche tuve mi ceremonia de Iniciacion.

Ricardo Fernández dijo...

Bueno, para el mes de mayo tenemos prevista alguna que otra actividad. ¡Quién sabe en esa ocasión!
En cualquier caso lo primero siempre es lo primero, así que ¡bienvenido!