viernes, agosto 30

Daniel Keller: El nuevo Gran Maestro del Gran Oriente de Francia

Acaba de saberse hace poco más de una hora y ya circula la noticia  por  diferentes blogs masónicos : Daniel Keller ha sido elegido en la ciudad de Niza Gran Maestro del Gran Oriente de Francia, en el transcurso de la reunión celebrada celebrada a puerta cerrada por el Consejo de la Orden al finalizar la sesión de tarde del Convento de la Obediencia.
Algunos espacios anunciaban a otro candidato como favorito, Alain Simon, sin embargo ha sido Daniel Keller el que ha obtenido el respaldo mayoritario de los consejeros, 22 votos frente a 13.
Se abre ahora un período interesante, pues si no me falla la memoria, desde que Jean Michel Quillardet finalizara su mandato, de nuevo estamos ante una figura que dispondrá de tres años para desarrollar un proyecto completo: tanto Pierre Lambicchi, como Guy Arcizet o, el más cercano en el timpo, José Gulino, ya formaban parte del Consejo de la Orden cuando fueron elegidos, habiendo agotado parte de su mandato al desempeñar funciones en el órgano ejecutivo. Daniel Keller por el contrario, acaba de acceder a esta responsabilidad, al ser elegido Consejero por su región administrativa: París IV.
He leído algo acerca de una visión diferente por parte del nuevo Gran Maestro con respecto a sus predecesores, referida a la necesidad de un enfoque menos "profano" en la acción y actividad de la Obediencia. En principio parece que se alude a algo especialmente perceptible en suelo francés, pues es innegable la existencia de una ligazón política determinada por parte de dos últimos máximos representantes de la Obediencia, militantes declarados del Partido Socialista. No tengo tan claro que tal militancia haya tenido el peso o importancia que en algunos medios franceses se indica, quizá con cierta recurrencia, pero sí comparto a priori el hecho de que quizá estemos ante el final de cierta sensación de "provisionalidad"; quizá asistamos a un cambio que opte por acciones y estrategias enfocadas a medio y largo plazo, y no tanto por las respuestas inmediatas tan del gusto de la mediatización. Ver, veremos.
Interesa también en algunos medios especializados galos comprobar cómo reaccionará el nuevo Gran Maestro ante el proceso de descomposición del paisaje dogmático francés y el giro deísta dado por algunas obediencias. Se le atribuye a José Gulino el haber desenterrado el hacha de guerra, aunque uno tenga la impresión de que lo único que ha hecho es reiterar lo que desde el Gran Oriente se lleva diciendo desde hace décadas. También veremos en qué para este proceso, aunque creo que se hace necesaria una figura con carácter suficiente, capaz tanto de mantener las posiciones que siempre se han defendido, como de dar los giros de muñeca necesarios para que las cosas queden como estaban antes del embrollo desatado con la famosa declaración de Basilea.
Daniel Keller tiene además otra particularidad: Es joven. 54 años, de los cuales 17 han sido de una activa militancia masónica que se inició en la Logia "Verdad, ni dios ni amo". Es algo que sin duda se notará.
En el ámbito profano atesora una sólida formación académica e intelectual; y está vinculado, en el dominio profesional, a la alta dirección en el seno de una multinacional francesa de la rama del automóvil.
Proveniente como antes decía de la Región París IV, conoce una parte de la dimensión internacional del Gran Oriente de Francia. Y digo una parte porque a su región se hallan adscritas las logias que la Obediencia tiene en los países del Este. Tengo un especial interés por saber cómo concibe esa dimensión extrafronteriza de la Obediencia. Aquí también diremos eso de ver, veremos.
Creo que los 53.000 miembros del Gran Oriente de Francia tenemos hoy el mismo deseo: Que Daniel Keller tenga el pulso firme al tomar las riendas de la Obediencia masónica más antigua de la Europa continental, en un momento especialmente delicado. Él ya ha hecho valer, con un verbo hábil y lúcido, su compromiso con la defensa dignidad humana y de la laicidad como eje vertebrador de la convivencia en las sociedades democráticas, dos de las herramientas fundamentales para hacer frente a los estragos que han causado y siguen causando los totalitarismos ideológicos, económicos y financieros.