lunes, febrero 18

Diplomas masónicos en el Museo de la Francmasonería



Bajo la denominación "diploma masónico" se categoriza la totalidad de los documentos que acreditan una adscripción masónica. No obstante es importante diferenciar la "patente", acta entregada por una potencia masónica de la que depende la logia, del "diploma" otorgado a un francmasón hasta el grado de Maestro que se verá así titular de un reconocimiento aparte del propio grado. De gran formato, a menudo en pergamino, en ocasiones ilustradas profusamente, las patentes que certifican la regularidad de una logia y los diplomas que acreditan los grados acordados a un hermano, están entre los más bellos documentos que guardan las colecciones masónicas. El Museo de la Francmasonería expone entre los centenares de "diplomas masónicos" que obran en su poder, los más curiosos.
En este dominio las logias no han hecho más que seguir los usos y costumbres de la sociedad del Antiguo Régimen, ávida de cartas, títulos y certificados de todo tipo.
En un principio estos documentos se caligrafiaban con pluma sobre pergamino, con una letra de grandes dimensiones autenticada mediante sellos. Luego, sobre todo a partir de 1750, la filigrana sobre el papel fue ganando terreno para dar paso a un modelo de ilustración más rico y detallado. Por lo general, en la parta más alta, aparecen las armas del Gran Maestro, el conde de Clermont hasta 1771, luego el duque de Oleans  hasta la Revolución. El contorno se adorna con símbolos relativos a los grados y otro tipo de ornamentos dibujados a pluma e incluso acuarelas.
La primera plancha "pre-impresa" siguiendo los usos de la autoridad masónica parece que fue la realizada por el grabador Claude Nicole para la "Muy Respetable Gran Logia de Francia", con ocasión de la reorganización que experimentó en 1761. La más famosa sin duda es la grabada por Choffard en 1765 para la logia "La Amistad", de Burdeos, a partir de un dibujo especialmente encargado a Boucher. La utilización de la plancha grabada no se difunde verdaderamente sino a partir de 1770 y 1780, momento en el que las logias actúan con gran dinamismo y experimentan una fuerte expansión. El recurso a la plancha grabada se generaliza ya en el siglo XIX, cuando los comerciantes especializados en suministros masónicos ofrecen variados modelos distintos. El Gran Oriente establecerá en 1776 un patrón que se utilizará, con pocas variaciones, nada menos que hasta 1939.
Pero algunas logias, con sus propios medios, encargan la confección de certificados para su uso interno. Estos títulos resultaban esenciales para los francmasones que por razón de su profesión (comerciante, militar, marino...) debían viajar, pudiendo así justificar su afiliación y ser recibidos en otros talleres. Es bastante normal que todavía podamos apreciar en estos documentos las marcas dejadas por las dobleces impuestas por los desplazamientos; y algunos han llegado a nuestros días conservando hasta el estuche en que se guardaban.
Además de su iconografía, de las hermosas estampaciones y de la sensibilidad y los sueños de los francmasones, estos documentos únicos son muy valiosos para el historiador que descubrirá en ellos la firma de personalidades, o en su reverso, los indicios de alguna vida masónica de lo más interesante.

Traducción realizada con el permiso de los autores

Artículo de Pierre Mollier y de Dominique Morillon, publicado en el número correspondiente al tercer trimestre de 2011, de la circular informativa de la Asociación de Amigos del Museo de la Francmasonería.

* Ilustración y texto: Derechos reservados © Musée de la Franc-Maçonnerie
Diploma de adopción librado por la logia Los Amigos Triunfantes, Paris, a la hermana Victoire Daudé, 1820.

No hay comentarios: