domingo, enero 13

Laurent Kupferman: Francmasonería, complot y Estado

Recientemente aparecía en la sección digital Le Plus, del diario Le Nouvel Observateur, un artículo firmado por Laurent Kupferman, miembro del Gran Oriente de Francia, que gustó a algún compañero de viaje. Desde aquí también le habíamos echado el ojo, así que pedí a Laurent autorización para traducirlo y, mal que bien, aquí dejo el resultado.
Laurent Kupferman es ensayista, crítico literario y ha publicado algunos libros dedicados a la Francmasonería. El último de estos trabajos goza de bastante éxito: "Lo que Francia debe a los francmasones y lo que no les debe".
El artículo que publicamos no deja de ser una reacción necesaria y apreciada, creo, por todos los que participamos en la vida de esta organización, compartiendo una determinada concepción de lo que es la Francmasonería. Y digo que es una reacción porque quienes venimos siguiendo lo que se publica a veces en algunos medios -en Francia es el caso de l´Express-, percibimos la gran cantidad de información inexacta o abiertamente tergiversada que únicamente pretende socavar una imagen pública, o aumentar las ventas a partir de la excitación morbosa inducida a los lectores.
No voy a extenderme más, pues no nos faltará ocasión de reflexionar sobre esto, y os dejo con el que, al menos en su versión original, es un excelente artículo firmado por Laurent Kupferman.

No, la Francmasonería nunca ha maniobrado en la sombra contra el Estado

Pasada la época de fiestas y felicitaciones, regresa de nuevo esta historia recurrente sobre la Francmasonería que genera un sentimiento ambivalente entre las Hermanas y Hermanos. Por una parte, ser el objeto recurrente de "una" de las revistas serias y respetables tiene un algo de peloteo. Uno no puede evitar pensar que detrás de todo esto hay más una preocupación por aumentar las tiradas y ventas que por rendir un sentido homenaje. Pero además, resulta que las Hermanas y Hermanos pueden sentirse molestos ante esta lluvia de informaciones que, por lo general dan pábulo a todo tipo de clichés en vez de permitir conocer la realidad de la práctica masónica.

Unas cuantas puntualizaciones

En primer lugar se abusa del leguaje al hablar de la Francmasonería si se quiere ser fiel a la realidad. Sería mucho mejor referirse a las Francmasonerías. No me gustaría que se viera aquí una intención de abrir brechas. Por el contrario creo que así nos ajustamos a las dos opciones mayoritarias seguidas por los masones. Hay una opción primitiva y una opción liberal.
A modo de comparación, los protestantes y los católicos son todos cristianos. Pero, aunque tengan muchas cosas en común son muy diferentes. Algo parecido sucede con los masones.
Siendo muy esquemático, quienes han optado por la vía primitiva -la que respeta íntegramente los "Landmarks" o principios originales, viven una práctica que resalta los aspectos esotéricos, simbólicos y espirituales. Y no inician mujeres.
La opción liberal aplica el método de reflexión y construcción masónicas a fines más sociales. E inician mujeres.
Pero que nadie se equivoque, pues los masones tradicionales no viven de espaldas al mundo. Y los del GODF (Gran Oriente de Francia) pueden trabajar -si así lo desean- bajo los auspicios del GADU (Gran Arquitecto del Universo), o lo que es lo mismo, de forma bastante tradicional.

Posiciones sociales

La introducción anterior tiene por objeto decir que los masones viven la masonería como una aventura individual y colectiva. Las distintas vías pueden favorecer en ocasiones algún encontronzao, pero por supuesto ¡en total fraternidad!
Estas confrontaciones resultan estériles, pues ambas opciones tienen la misma finalidad: liberar al ser humano de sus cadenas y pasiones.
Tanto las vías como los medios que utilizan responden en realidad a diversas sensibilidades de la naturaleza humana. Y desde esa diferencia se construye su compromiso con la sociedad.
La vía liberal no tiene muchos reparos a la hora de hablar sobre cuestiones sociales desde el momento en que considera que pueden estar en juego algunos principios fundamentales (es el caso del comunidado del Gran Oriente de Francia sobre el "matrimonio para todos"). En alguna ocasión estas tomas de posición generan disgusto a algunos Hermanos y Hermanas. Olvidan que las Obediencias no toman sino posiciones de principio y que éstas no les generan ninguna atadura, pues en todas las masonerías, la libertad de conciencia es absoluta.
En nuestro último trabajo ("Lo que Francia debe a los Francmasones y lo que no les debe", Edicion First, 2012), enumeré y expliqué concretamente todas las aportaciones hechas por los Francmasones a Francia.
Esquemáticamente, su trabajo consistió en introducir las ideas desarrolladas por los filósofos de la Ilustración. Es fácil olvidar a día de hoy que apenas hace un siglo las escuelas estaban en manos de las congregaciones, y que los obispos tenían la facultad de revocar a aquellos maestros que se desviaban de la línea del saber aceptada por las Iglesias.

Divorcio, cremación...

¿Quién se acuerda de que el divorcio mutuamente consentido era imposible o estaba reservado a una élite? También se ha olvidado que la cremación, en nombre del principio de la resurrección de los cuerpos, estaba prohibida por la Iglesia. ¿Quién sabe que fueron principalmente las Logias las que pusieron en práctica el mutualismo para hacer frente a los accidentes de la vida cotidiana? Y todo esto sin olvidar la acción real, pero ahogada por el conservadurismo de la Iglesia, de pensadores católicos como el Conde de Villeneuve-Bargemon, partidario y creador de un catolicismo social progresista.
Aun a riesgo de decepcionar a los amantes de los complots, la Francmasonería nunca ha permanecido agazapada en la oscuridad para proyectar su sombra sobre el Estado, y mucho menos para chuparle la sangre. Incluso durante la Tercera República, el período en el que las relaciones entre las Obediencias y la acción política fueron de lo más intenso, la Francmasonería no actuó sino para mejorar material y moralmente a la Humanidad.
Evidentemente resulta más tentador, sobre todo en un período de crisis, ver la mano negra del complot en lugar de afrontar determinadas realidades sociales así como ciertas agresiones a la ética, donde se podrían encontrar, de forma más pertinente, respuestas más acertadas.

Traducción realizada con el consentimiento del autor por el titular de este blog.
© Laurent Kupferman



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