sábado, diciembre 1

El Mandil del Masón

Mandil de Maestro del Rito Francés

*Por Ludovic Marcos

El mandil, elemento constitutivo mayor de la militancia masónica, permite identificar el grado y rito de quien lo lleva, así como desplegar toda una amalgama de signos y símbolos de elevado significado.
Su existencia se nos revela al tiempo como una evidencia, algo que permanece y nos liga con las raíces operativas y con la universalidad de la Orden; sin embargo ninguna monografía se ocupa de perfilar y detallar su historia, tipología y utilización.
Se desconoce mucho acerca de las diferentes etapas que llevaron a los primeros Masones a conservar el ancho mandil de cuero que “cubría” a los canteros y, a partir de 1730, a reproducir sobre el mismo toda una imaginería y otros signos convencionales. La piel usada parece que fue la situada alrededor del cuello de las vacas. En concreto la pieza en punta situada bajo la boca, de donde deriva la denominación “bavette”1. Luego, los mandiles se harán cada vez más a menudo con telas bordadas o pintadas.
A partir del último tercio del siglo XVIII y durante casi otros cien años, la creatividad y la riqueza ornamental de estos mandiles será considerable. Los temas representados, que se multiplican merced a la aparición de nuevos ritos o grados, presentan abundantes variaciones y notas curiosas.
El Museo de la Francmasonería posee cientos de mandiles que permiten abordar todo el proceso evolutivo y al mismo tiempo apreciar semejante riqueza. El que reproducimos es un modelo pintado sobre cuero perteneciente al siglo XVIII o, lo más tarde, de principios del siglo XIX, ribeteado con una trenza de tela hoy desparecida, es característico del deseo –prolongado en el tiempo- de representar casi de manera exhaustiva los “emblemas” de la Francmasonería, incorporando algunos elementos quizá tomados prestados a las “sociedades gremiales”2 (cortadores y carboneros). Permite apreciar la existencia de un espacio “orientado”: Se trata de la obra, el lugar en el que se halla la logia madre de todas la logias. Cada componente, cada figura, cada herramienta tienen aquí un sitio y un significado.  Se inspiran en el tapiz de la logia o bien reproducen elementos decorativos del taller. Siete escalones nos llevan hasta esta representación del conjunto, estando el todo enmarcado en la parte inferior por la “borla dentada” (característica específica de la Masonería francesa), e integrado en una cosmogonía con sus luminarias y sus astros. La posición de las columnas y de los Vigilantes, el Segundo al norte con su plomada, el Primero al sur con el nivel, nos remite al Rito Moderno Francés, entonces de práctica mayoritaria en Europa.
Son muchos los detalles interesantes a resaltar por la originalidad de su colocación o por su simple presencia. La Luna y el Sol se hallan al norte y al sur, posición que será aún indiferente hasta alcanzarse la mitad del siglo. Llama la atención el pentagrama, que se colocaba indiferentemente en la parte alta o en la baja; o el número de nudos de Salomón (lazos de amor), que podría haber sido perfectamente único, triple, etc.; Puede apreciarse la ubicación de la piedra bruta, que normalmente aparece más bien al sur. El hacha, poco común en su colocación sobre la piedra cúbica, puede indicar que esta era originalmente una piedra de afilar…
Si la importancia del pavimento mosaico es una constante, y si la presencia de la acacia es frecuente aunque en este caso esté dispuesta de manera poco habitual en torno a la columna B, el que haya un mallete aislado y, sobre todo, una espiga de trigo junto a la columna J, resulta bastante raro. La composición en torno al cenotafio es rica e igualmente poco frecuente: con los planos del Templo colocados frente a frente del Libro; la escritura (imaginaria) del tetragrama que es la palabra secreta; la posición de cenotafio entre la escuadra y el compás; la disposición de las letras MBN, que más tarde se convirtieron en MB, especialmente sobre los mandiles. Y para acabar, tras haber apreciado la presencia de una paleta (que nos inclinaría a pensar que estamos ante una pieza del siglo XVIII), nos encontramos con la representación de unos bastones que son una curiosidad cuya interpretación resulta compleja: ¿hay una intención de establecer un paralelismo entre lo vegetal y lo mineral? ¿o de reflejar la evolución del material bruto a la pieza tallada? ¿O estamos ante una alusión al bastón utilizado en las “sociedades gremiales”… Un sinfín de hipótesis nos permitiría explicar lo que estamos viendo.
La “lectura”, esto es, el proceso de descifrado de un mandil masónico conlleva grandes enseñanzas.  En cada caso concreto ese proceso se transforma en una lección de humildad, de relativismo y tolerancia. La evidente continuidad cultural que representan nuestros signos identitarios y rituales, y las glosas “simbólicas” que acostumbramos a hacer (a riesgo de ultrajar el sentido común histórico –como ha podido verse alguna vez-), no pueden hacer que dejemos de lado lo esencial: la búsqueda de la verdad que reivindicamos.  En ese ámbito todo o casi todo está por hacer.

1.- N.T.: La traducción que correspondería al término “bavette” sería “babero” en castellano. Sin embargo es bastante habitual en nuestro país referirse a una concreta parte del mandil como “babeta”, palabra inexistente con arreglo a lo que especifica el diccionario de la R.A.E.
2.- N.T.: “Sociedades gremiales”, término con el que hacemos referencia a la institución conocida en Francia como “le compagnonnage”.

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