jueves, noviembre 15

El Gran Capítulo General del GODF pone en marcha su sitio web


Un buen amigo me comentaba a finales de junio el empeño que tenía de poner en marcha, en breve, una página nueva para el Gran Capítulo General del Gran Oriente de Francia. Aquella intención es hoy una realidad y Mandiles Azules acaba de hacer pública la información. 
Me alegro mucho. Me alegro fundamentalmente por la herramienta que se pone a disposición de todos los que tenemos un interés por la cuestión. Sé que hablamos de una página francesa. Pero creo que a ninguno nos cabe duda de que el trabajo que se hace allí -y en el cual también colaboramos desde hace años- llegará aquí y dará su fruto.
Mientras redacto el apunte me resulta inevitable echar la vista atrás. Es un ejercicio que hago a menudo últimamente. Quizá sea porque voy cumpliendo años y me da por hacer un inventario exhaustivo de banalidades y acciones en las que he perdido el tiempo. El ejercicio de memoria ayuda a ver también dónde uno se equivocó; dónde le tomaron el pelo; y dónde encontró las manos amigas -presentes siempre- que le sostuvieron. La vista vuelta hacia el tiempo pasado me permite realizar un recorrido completo: cada hito en el camino desde aquella alergia inicial mía  a todo lo que tuviera que ver con "altas graduaciones", pasando por el afortunado encuentro con las dos personas que me permitieron superar mi prejuicio en Francia, y así hasta llegar al día de hoy.
No quiero extenderme en este apunte sobre algo que es una vivencia muy personal. No me gusta hacer profesión de mi participación en los Órdenes de Sabiduría y por lo general me resulta un tanto pueril la exhibición de graduaciones y títulos fuera de contexto. Además, no viene al caso. Pero al hablar de todo esto, al recordar aquel café del mes de junio al borde del mar en Gijón, me doy cuenta de que escribo sobre un paso más. Otro más. Me siento feliz porque lo aguardaba silenciosamente: Siempre he sido un paciente e inagotable corredor de fondo. Intuyo además lo que paulatinamente va a suponer para quienes compartimos una idea de las cosas, una experiencia y unos valores determinados. Sí, me alegro. Me alegro casi tanto como cuando se promulgó la Carta de Lisboa en 2011, aquel documento tan oportuno y acertado que marcó un antes y un después, dando el primer impulso a la apuesta por la universalidad hecha por las diferentes y legítimas jurisdicciones del Rito francés.