viernes, marzo 16

Joaquin Ortiz: El llanisco de escuadra y compás

Reproducimos a continuación el artículo que publica hoy el diario La Voz de Asturias, dedicado al arquitecto Joaquín Ortiz y del que me ha llamado la atención el título dado al artículo por su autor, Javier G. Caso: "El llanisco de escuadra y compás". La figura de Joaquín Ortiz aparece retratada en la obra del estudioso Higinio del Río Pérez, director de la Casa de Cultura de la localidad de Llanes y autor, entre otras publicaciones del libro recién aparecido "Joaquín Ortiz, un arquitecto racionalista", de Ediciones Hércules Astur, Gijón 2012.

El Llanisco de escuadra y compás

Su modestia le hubiera impedido aceptar el homenaje que le acaba de brindar Higinio del Río, autor de Joaquín Ortiz, un arquitecto racionalista.
El libro, editado por Hércules Astur y que rescata del olvido a uno de los principales referentes de la arquitectura racionalista en Asturias, fue presentado ayer al mediodía en el salón de actos del Colegio de Arquitectos de Asturias en un acto al que asistieron más de 70 personas.
Joaquín Ortiz fue un llanisco de escuadra y compás. Tanto por su profesión de arquitecto como por su condición de masón. Además representó a esa España ilustrada, tolerante y liberal que se encarnó en la II República. “Era una persona que nunca quiso figurar, muy modesta y coherente con sus ideas”, afirmó Higinio del Río, quien no ocultó su devoción por Ortiz. “He tenido la suerte de hacer la biografía de un personaje extraordinario”, resaltó el autor la biografía. El libro ve la luz después de quince años de investigación, una labor que Higinio del Río calificó de “casi detectivesca”.
El Hotel Victoria A su llegada a Llanes Joaquín Ortiz se instaló en el Hotel Victoria, un establecimiento muy próximo al consistorio llanisco y en el que iba a conocer al gran amor de su vida, Regina Tamés, esposa y madre de su única hija, Vicentina. Ortiz instaló su estudio en el ático de un edificio situado casi frente por frente de su alojamiento.
“Allí acomodó Joaquín sus mesas, sus reglas y cartabones, en medio de una atmósfera de gran luminosidad y amplitud”, recoge Higinio del Río mientras alude a las revistas de arquitectura alemanas que por entonces leía Joaquín Ortiz, llenas de referencias a la Bauhaus y que iban a inspirar sus proyectos arquitectónicos.
Su primer trabajo como arquitecto municipal, en 1929, fue el abastecimiento de aguas a la localidad de Lledías, proyecto que desarrollaría también en otros pueblos como Meré, Celorio o La Borbolla. De 1930, año en el que Ortiz elabora sus primeros proyectos encargadados por varios indianos, data el proyecto del ensanche de la villa de Llanes. Incluía una calle perpendicular a la playa del Sablón y pese a ser aprobado por la corporación, finalmente no se llevó a cabo tras el advenimiento de la II República.
Con el cambio de régimen llega uno de sus proyectos más emblemáticos: la reforma de la casa consistorial, a la que dotará de una altura más, además de distribuir sus interiores. Tras no pocas vicisitudes, el proyecto no se ejecutó hasta después de la Guerra Civil.
Cambio de régimen
La proclamación de la II República viene acompañada de una mayor actividad política y sindical por parte del alto funcionario municipal. Además de afiliarse a la UGT, Joaquín Ortiz se convierte en 1932 en uno de los fundadores de la Agrupación Socialista de Llanes junto a personajes como la maestra Veneranda Manzano. El también masón Ortiz será a su vez presidente del Círculo Republicano local en el que impartió “de forma gratuita” clases de dibujo, geometría y matemáticas a un grupo de 50 alumnos, la mayoría niños y jóvenes desfavorecidos.
En su condición de dirigente socialista local, su apoyo a la revolución de octubre asturiana de 1934, año en el que diseñó el templete del parque de Porrúa, iba a pasarle factura. Juzgado por un tribunal militar, el arquitecto municipal de Llanes iba a quedar apartado de su cargo durante 18 meses.
De la etapa republicana quedan proyectos como el edificio Borinquen, un bloque de viviendas sito en plena travesía de Llanes, así como varias escuelas rurales o uno de los edificios más conocidos de Joaquín Ortiz: la rula de Llanes, que responde a los cánones de la arquitectura racionalista y que se inauguró en abril de 1936.
Dotado de dos plantas y azotea, que a muchos llaniscos de la época les recordaba la cabina de un buque mercante, el edificio tiene influencias del denominado estilo barco “que había impulsado Le Corbusier”, tal y como destaca Higinio del Río en su libro, haciéndose eco de anteriores interpretaciones de la profesora de Historia del Arte de la Universidad de Oviedo, Mari Cruz Morales Saro.Y con los llaniscos en plena celebración de la fiesta de Santa Marina en Parres, llega el golpe de estado del 18 de julio que dio lugar a la Guerra Civil.
Campanas de guerra Durante el conflicto armado, Joaquín Ortiz volvió a dejar patente su compromiso político con los ideales republicanos. Y su humanismo. Como ayer recordó su biógrafo, “fue de los que quiso frenar el oleaje fratricida del 36”, hasta el punto de que salvó la vida de personajes de la derecha local, además de evitar la destrucción de uno de los retablos de la iglesia parroquial de la villa de Llanes.
En el plano profesional, durante la Guerra Civil Ortiz recibió el encargo de “seleccionar y preparar instalaciones de protección” ante los ataques de la aviación del bando rebelde, entre ellos el refugio que se levantó en el mismo pórtico de la basílica llanisca. Pero de esa época su proyecto “más notable” fue el hangar que se construyó en el aeródromo de Cue.
La derrota del bando republicano llevó a Joaquín Ortiz al exilio. Como muchos otros que huyeron desde Cataluña, el arquitecto pasó por los campos de concentración del Sur de Francia. En 1940 llegó a Santo Domingo, donde construyó edificios “esenciales” para la historia de la arquitectura de ese país, como ayer subrayó Alfonso Toribio, decano del colegio de arquitectos.
En 1945 se traslada a Venezuela donde continuó con su profesión a lo largo de tres décadas. Además de trabajar en el Ministerio de Obras Públicas, Ortiz fundó en el país caribeño una empresa de construcción junto a otros dos socios y fue socio fundador del Centro Asturiano de Caracas. No retornaría a España hasta 1977. Al año siguiente se acerca a las ruinas de su aeródromo llanisco, una visita que lo emocionó hasta el desfallecimiento. Fue en ese momento cuando rechazó ser homenajeado por el Ayuntamiento de Llanes. “No puedo aceptarlo. Sólo hice lo que tenía que hacer”, afirmó Ortiz, aquel arquitecto que, además de contribuir a configurar la imagen del Llanes del siglo XX, seguía fiel a su tradicional modestia.

1 comentario:

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