domingo, enero 8

Olivia, de un sexo a otro. Artículo en "Le Sud Ouest"

Olivia Chaumont, aprende a pilotar: Quiero hacer aquello que siempre he querido hacer (Foto D.Bardou)

El diario francés Le Sud Ouest publicaba esta mañana el artículo que traduzco a continuación, dedicado a una personalidad de la que ya nos hemos ocupado en este blog muchas veces y a la que además me unen muchas cosas buenas. Me refiero a Olivia Chaumont.

Diario Le Sud Ouest

Olivia, de un sexo a otro

Empezó dejando crecer las uñas y el pelo. Esto fue hace diez años. Fue el comienzo de su "transición". Tenía ya cincuenta años, se había casado dos veces y conocía el éxito profesional como arquitecto. Pero Olivia era todavía un hombre. Un hombre seductor, de rasgos finos, cómodo en el ejercicio de una profesión de hombre entre hombres. Pero no era su sitio.
La última de los cinco hijos de una familia muy tradicional de Lèches, cerca de Mussidan, Olivia Chaumont percibió ya de muy joven que "algo no encajaba". Sí, pero qué. "Cuando era niño estaba muy pendiente de lo que hacían mis hermanas. Y cuando jugaba al rugby me interesaban muy poco las celebraciones que seguían al partido", nos cuenta.
El sexo y el género
Fue necesario mucho tiempo de dolor y soledad para entenderlo. El sexo no tenía nada que ver con la cuestión. Se trataba de otra cosa. De hecho, una vez que se convirtió en "mujer transgénero", Olivia reconoce que conserva la atracción por las mujeres. No se deshace una de su más profunda personalidad cambiando de género. Se es una misma. Olivia es por tanto lesbiana.
"El género no está entre las piernas sino entre las orejas", nos explica. "Y el colectivo de "trans" está ahí. Una población no muy numerosa y hasta borrosa, pero que merece tener su sitio en la sociedad. Si, siendo niño, hubiera podido comprender, poner nombre a las cosas, habría sido muy importante. No deseo a nadie que pase por lo que he vivido."
Un viaje. Con sus adioses desgarradores, su tempestades, claros de sol, descubrimientos, lo desconocido. Así es como Olivia Chaumont evoca su paso de una orilla a otra, de la de los hombres a las mujeres. "Mi vida era cuadriculada. Me protegía tras un humor en ocasiones ácido. Era capaz de soportar la carga de los grilletes de mi género masculino. De vez en cuando alguna ola me asaltaba. A veces muy fuerte. No era yo misma sino cuando, a escondidas, me maquillaba, o cuando en el completo anonimato salía por París vestida de mujer. Iba a un restaurante, a un espectáculo, paseaba noches enteras. Lo importante para mí era "pasar". Que mi personaje de mujer "pasara". No hablaba con nadie. Porque la voz podía traicionarme. Estos instantes robados era muy intensos. El regreso a la realidad, muy triste. Volvía al territorio de lo falso."
Hoy, con sesenta años, Olivia Chaumont ha llegado al final del viaje. Aparece en el restaurante caminando sobre sus largas y delgadas piernas. Pantalón ceñido, blusa oscura, una chaquetilla de piel en la que el gris y el blanco se confunden con el color de un cabello cuidado pero también rebelde. Su cara sonríe, transmite paz, plenitud. Una mujer ágil y madura a un tiempo. Coqueta, feliz por ser mujer: "Cada vez que escucho "buenos días, señora", me siento completamente realizada."
La primera "hermana",
Hace diez años llegó una ola más fuerte que las otras y que derribó sus defensas. "Sentí que me arrastraba. Ya no me resistía. Decía "Llévame". Sabía que esto iba a ser un hito. Asumía el riesgo de perder mucho. Y así fue como empecé a dejarme crecer las uñas y el pelo.
Lo más duro fue "decirlo". A sus amigos, su familia, a los colegas del trabajo, en las obras que dirigía... Ha seguido ejerciendo su profesión pero no ha podido hacerlo de la misma forma. De quince personas el personal de su estudio de arquitectura se ha reducido a ellas sola.
"Al convertirte en una mujer se pierde de golpe la autoridad, la competencia. Se gana por contra la capacidad de seducción. A mi edad ya no me interesaba "hacer de hombre". Lo había hecho ya mucho tiempo."
Piloto de línea
Sus amigos francmasones del Gran Oriente, de los que era un "hermano" desde 1992, cayeron de la silla. Finalmente llegó a ser su primera "hermana". Y una militante acérrima del derecho de las personas "trans". Sólamente la diputada de la Gironde, Michèle Delaunay, se ha tomado el tiempo de escuchar a Olivia cuando ésta le explicó la barbarie a la que se somete a las personas transexuales en Francia. "Olivia ha cambiado mi punto de vista. Es una mujer extraordinaria", dice la diputada, que acaba de presentar una proposición de ley antes de navidad a raíz de su encuentro.
"Cuando descubrí mi nuevo cuerpo en la clínica de Tahilandia, mi cuerpo rectificado, me sentí por fin yo misma", afirma Olivia. Cambio de estado civil en 2010. De número de Seguridad Social en 2011. En la actualidad da los últimos retoques a un libro sobre su "transición". Y aprende a pilotar. Niño, soñaba con ser piloto de línea, no azafata. "Quiero hacer lo que siempre he querido hacer", afirma quien se ha atrevido y logrado lo más difícil: Asumir el ser ella misma. Sin maquillajes. A no se por un poco de rímel en los ojos.