jueves, diciembre 15

La palabra de la masonería adogmática en la Unión europea

* 30 de noviembre de 2011. Fotografía institucional correspondiente al encuentro mantenido por las autoridades de la Unión europea y los representantes del colectivo de entidades filosófica y no confesionales. En primer plano, por la izquierda, Guy Arcizet, Gran Maestro del Gran Oriente de Francia. En el centro, segunda fila, Jean Michel Quillardet, Presidente del Observatorio Internacional de la Laicidad. También en la segunda fila, segunda por la derecha, Denise Oberlin, quien leyó la declaración conjunta que reproducimos en esta nota.

Son varios los blogs que le han dedicado unas líneas a la entrevista que recientemente (el pasado 30 de noviembre) mantuvieron los Presidentes de la Comisión, del Parlamento y del Consejo europeos, con los representantes de varias entidades filosóficas y no confesionales, entre las que se encontraban el Observatorio Internacional de la Laicidad, o el Gran Oriente de Francia además de otras obediencias masónicas adogmáticas del viejo continente. Las diversas organizaciones suscribieron un texto que fue redactado y leído por la Gran Maestra de la Gran Logia Femenina de Francia, Denise Oberlin. El texto en francés aparece recogido en "Le Blog Maçonnique". En Memoria Masónica publicamos la traducción al castellano con el ánimo de completar la información abundante existente, poniendo a disposición de los lectores hispanohablantes un documento interesante.

Intervención de Denise Oberlin

El preámbulo del tratado de Lisboa se refiere claramente a "los vínculos de la Unión europea y los principios de libertad, democracia, respeto de los Derechos del Hombre y de las libertades fundamentales así como del Estado de Derecho", pero del mismo modo también resalta "los vínculos con los derechos fundamentales definidos por la Carta social europea".

Señor Presidente de la Comisión europea, en su carta de invitación nos señala que no se ha alcanzado una pretendida superioridad moral o cultural. Por nuestra parte decimos que tampoco se ha logrado la superioridad democrática. Las democracias europeas distan de ser perfectas.

Diría, tomando la fórmula utilizada por un parlamentario, que en materia de democaracia somos simples "juniors": progresando adecuadamente pero pudiendo hacerlo mucho mejor. Sí, queda mucho por hacer en varios países europeos para la libertad de conciencia sea plena y completa:

* La separación entre el Estado y lo religioso en los términos recomendados por el Consejo de Europa está lejos de ser la regla general. Por nuestra parte seguimos defendiendo que ningún dogma espiritualista, religioso o de otro tipo, pueda imponerse en ningún Estado de Europa cualquiera que sea.

* No se respetan los derechos de las mujeres en todos lo países de la Unión, ni en el ámbito educativo, ni en el que afecta a la igualdad de hombres y mujeres, ni tampoco en cuestiones de salud reproducitiva.

* Las desigualdades sociales llegan a ser escandalosas. La cada vez más grave crisis financiera agudiza tales desigualdades. El incremento del paro, de la pobreza, de la precariedad y, a modo de colofón, de la inseguridad, hacen necesaria una verdadera Solidaridad Social europea, única capaz de garantizar la paz. La decisiones tomadas por tecnócratas con el fin de resolver la situación de crisis no son comprendidas por los pueblos. No hay comunicación.

* La primacía de lo económico impuesta por una mundialización desenfrenada está socavando los fundamentos económicos de la Unión europea. Europa tiene la obligación de hacer que surja un auténtico gobierno que dé primacía a lo Humano, preservando la dignidad de cada europeo, de cada europea.

Han de abordarse prioritariamente tres cuestiones capitales :


* La finanzas, para alcanzar el equilibrio social,

* La defensa, para la facultad de elegir corresponda a Europa y no a una potencia extranjera,

* La inmigración, porque Norte y Sur son interdependientes. En cuanto concierne a Europa hemos de ser capaces de encontrar, tanto dentro de la Comisión o en el Parlamento, los espacios necesarios para debatir, y hemos de lograr que las organizaciones de la sociedad civil sean escuchadas y tomadas en cuenta.

Me gustaría centrarme ahora en lo que sucede en la "otra orilla" y en eso que se ha convenido en llamar "primaveras árabes". El aleteo de una mariposa puede cambiar el rostro del mundo. En la era de internet, de los transportas ultra rápidos, de las migraciones, de los intercambios económicos globalizados, Europa no puede cerrarse sobre sí misma y mucho menos respecto a lo que sucede en las casas de los vecinos más próximos. Las rebeliones de Túnez, Egipto o Libia han venido a demostrar que estos pueblos se inspiran en los mismos valores universales de los Derechos del Ser Humano que se reivindican en los países occidentales. Cuando hay quien cuestiona la universalidad de estos derechos, estos pueblos han venido a aportar la prueba contradictoria. Estas rebeliones democráticas imponen un cambio radical en las relaciones euro-mediterráneas.

La situación en los tres países es muy diferente. En Túnez y Egipto existía una estructura estatal que sigue existiendo tras los estallidos, sin embargo en Libia todo está por hacer. El elemento común en los tres casos: una generación joven que ha impulsado los acontecimientos. En Túnez y Egipto la joven generación se ha visto beneficiada por la posibilidad de acceder a la educación y no admite la negación de sus derechos y libertades por los regímenes que tomarán el relevo. Es una generación que quiere ser corresponsable en el procecos de construcción democrática en cada país.

La ciudadanía se aprende ejercitándola. Sin embargo estos pueblos apenas han tenido la ocasión de hacerlo. Es la razón por la que hay que acompañar a las instituciones de transición de estas democracias jóvenes hacia la construcción del Estado de Derecho. Es un camino que no se hará en un día, pero tal construcción no podrá hacerse si no es sobre una confianza y un diálogo recíprocos, y no sobre modelos preestablecidos. En ello va la estabilidad de la región. También el futuro de la Unión europea que necesita que el proceso en marcha finalice bien, puesto que no puede avanzar sin que sus vecinos más cercanos se vean asociados a su propio desarrollo.

Hay que poner en práctica programas de educación para la ciudadanía que sean comunes a las dos partes.

Tal educación habrá de ser inclusiva, esto es, integrar al conjunto de la población.

Debe también ser democrática integrando a la totalidad de las corrientes políticas con la finalidad de establecer un diálogo interno y con otros países del Magreb.

Debe preparar a las conciencias para hacer que las religiones pasen de ser un valor identitario -así es como se perciben normalmente- a ser un valor ligado al compromiso individual.

Estos programas han de plantearse desde una doble perspectiva: a gran y pequeña escala. A gran escala deberían ser gestionados por Instituciones europeas semejantes al Centro Norte Sur del Consejo de Europa, en el que la Unión se halla representada (han de reforzarse las acciones conjuntas), y de otra parte, mediante acuerdos de cooperación entre tales países y la Unión.

Por otra parte la Unión europea ha de dar mayor relevancia al valor potencial representado por las organizaciones de la sociedad civil que tiene reconocidas, pues estas entidades pueden, a pequeña escala, ser muy útiles para desarrollar programas complementarios capaces de constituir una red de apoyo. Semejante acción debería venir acompañada por la utilización de los nuevos medios de comunicación, pues todos sabemos la importancia que han tenido las redes sociales en el desarrollo de las "primaveras árabes".

En estos países es necesario reforzar el papel de periodistas y medios de comunicación con el fin de consolidar una prensa democrática y crear así un espacio de información lo más amplio posible. Dentro de la propia Europa hemos de mejorar también la calidad de la información de nuestros medios que, con bastante frecuencia, transmiten estereotipos y prejucios percibidos de forma negativa por estas jovenes democracias.

Las mujeres han salido a la calle y han participado en la caída de las dictaduras. Hoy existe una tendencia a dejarlas a un lado, mandarlas de nuevo a casa, o hacerlas objeto de la poligamia. No es esto lo que esperan. Quieren conquistar un espacio político a nivel nacional y también a nivel local, importante para mantener vivo el cambio. Las mujeres, lo sabemos, son agentes de ese cambio.

Tres son las condiciones necesarias e indispensables:
a) La libre circulación de las mujeres y su seguridad.
b) Una educación igual a la que reciben los hombres.
c) Una independencia económica garantizada a través de la igualdad de ambos sexos para acceder al empleo, así como la igualdad salarial.

Las Instituciones euuropeas han de animar a las nuevas democracias:
a) A inscribir en sus constituciones el principio de igualdad entre hombres y mujeres.
b) A reconocer las necesidades específicas de las mujeres en materia de salud, así como a asegurarles y a garantizarles el acceso a todo tipo de cuidado y atención, incluida la salud reproductiva.
c) A ratificar la convención de las Naciones Unidas sobre la eliminación de toda forma de discriminación respecto a las mujeres.
d) La sociedad civil y sus organizaciones pueden jugar un rol indispensable poniendo en marcha proyectos que respondan a las necesidades identificadas por las mujeres sobre el terreno.
e) Creando redes integradas por mujeres que tengan por objeto reforzar sus capacidades (capacity building) y que hagan posible su acceso a la vida política (educación en el dominio de la oratoria, análisis de medios, etc...). Los medios de comunicación tienen un papel capital a jugar en la promoción de las mujeres.

Lo que ha comenzado en estos países es un amplio proceso de reforma y los cambios se dilatarán igualmente en el tiempo. Que las instituciones europeas se planteen las cosas a largo plazo es el factor capital. No se logrará el cambio democrático si no es mediante un desarrollo coordinado de la propia democracia, del dominio económico y del social. Es la razón por la que resulta importante que la Unión europea dé su apoyo al despegue económico de las nuevas democracias.

La cooperación debe realizarse:
  • apoyando la puesta en marcha de un sistema administrativo democrático.
  • mejorando las infraestructuras, vías de comunicación (carreteras, trenes, aeropuetos) para beneficiar tanto el tráfico interno como externo con la finalidad de facilitar los intercambios entre estos países del Magreb.
  • apoyando las fuentes de riqueza existentes, tales como el turismo en Egipto y Túnez.
  • desarrollando el sector terciario en el que miles de jóvenes diplomados podrían demostrar su capacidad para sustentar la economía de su país.
  • promoviendo la creación de industrias, mejorando la producción rural respetando al tiempo el medio ambiente y reforzando el sector salud.

Todos estos programas han de ser necesariamente transversales con independencia de quién sea el promotor, es decir, han de acompañarse obligatoriamente de programas de educación para la ciudadanía, incluir programas destinados a desarrollar las capacidades de las mujeres para asumir responsabilidades, y dar prioridad al empleo de los jóvenes que constituyen la mayoría de la población de estos países. Ya no es tiempo de contentarnos con palabras: la acción ha de ser nuestro objetivo.

Tarea enorme, difícil, que requiere del esfuerzo de todos. La cooperación ha de ser reforzada pero también racionalizada para evitar la pérdida de eficacia entre los gobiernos, la Unión europea, el Consejo de Europa, el Centro Norte Sur para el desarrollo democrático de la Unión para el Mediterráneo que, ya a día de hoy, mantiene una excelente cooperación con Argelia, y que a largo plazo debe ser la columna vertebral del desarrollo económico de esos países, sin olvidar el papel complementario vital que pueden jugar las organizaciones de la sociedad civil.

Señor Presidente de la Comisión europea, como Ud. ha dicho en su discurso de 2011 sobre el estado de la Unión: "... el mundo en transformación en el que vivimos necesita de una Europa que asuma sus responsabilidades... una Europa que ha de dirigir también su mirada hacia sus vecinos del Sur... para ayudarles asociándolos estrechamente a una visión política y a una mejor integración desde un punto de vista económico". Deseamos que la Asociación para la Democracia y la Prosperidad sea capaz de lograr sus objetivos.

Solos nada podemos, juntos podemos muchos. Estaremos presentes siempre porque trabajar por la mejora constante de la condición humana es un ideal de las Obediencias masónicas.

*Agradecemos desde Memoria Masónica el trabajo de Le Blog Maçonnique.

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