jueves, septiembre 8

Vichy 2011: Punto y seguido


Qué fotografía ésta para encabezar una particular y personal reflexión "asamblearia" tan diferente a la del año pasado. Recuerdo que en el último convento, cuando cruzaba el puente sobre el Allier, enfoqué el objetivo de mi cámara sobre el letrero que anunciaba el comienzo de Vichy. Lo hice pensando en que aquel puente ubicado en una geografía muy precisa era por sí solo toda una metáfora que muchos lectores comprenderían. Sin embargo la imagen de este año creo que es la plasmación de una felicidad inmensa, consolidada. Pienso que también se entenderá.
He ido a Vichy armado de paciencia y prudencia, sabiendo además que ¡por fin! iba a poder ver los toros desde la barrera. No me he llevado ninguna decepción: El tiro por la culata o la alborotada reyerta que algunos anhelaban airear por esquinas y verdulerías blogeras, no tuvieron lugar. Más bien sucedió todo lo contrario. Que dios conserve pues la vista de tanto "desgarramantas" agorero.
Llega el momento de pasar página. El orgulloso estandarte ha de ser metáfora no sólo de la culminación feliz de una acción. También ha encarnar la necesidad de dejar que los viejos asuntos perezcan por sí solos y que otras preocupaciones se instalen en las miradas de quienes lo seguimos. Tenemos dónde escoger. Superada con éxito la cuestión mixta, femenina y masculina que ha inquietado la vida del Gran Oriente, son muchos los retos que llegan acompañados por el ruido de la que se nos viene encima. Ver se verá qué somos capaces de hacer. Por lo pronto quien escribe ha de confesar cierta inquietud sobre los derroteros del devenir ibérico, donde quizá aun no somos conscientes de que nuestro modelo ha de ser nuevo y diferente, y que reproducir las maneras aprendidas en otras casas no hace -y no dejará de hacer- sino convertirnos en inútiles. No es en todo caso éste el lugar para tratar la cuestión: Pergeñar y forjar el ideal futuro, vivir la masonería, son tareas que han de tener lugar única y exclusivamente en el seno de las logias.
Comienzo el nuevo ejercicio masónico especialmente ilusionado. De Vichy vuelven dentro de la maleta un buen número de proyectos. Quizá queden en nada o vean reducida su envergadura con el paso de los días. Quién sabe si nos agotaremos hasta perder las ganas de trabajar y todo el acúmulo de ideas naufraga antes de abandonar el puerto. Soy consciente de que nunca se ha de jugar a la prestidigitación pues no todo depende de nosotros. Ya lo dice el refrán: "Hubo quien más madrugó y dios no le ayudó". Pero creo que lo importante es no perder la ilusión. Durante estos años transcurridos esa llama se ha mantenido ahí, encendida, esperando que poco a poco todo encontrara su acomodo; esperando que tanto trabajo resultara finalmente útil y que lo que un día fue un sueño terminara haciéndose una verdad modesta y rotunda. La ilusión sigue ahí, en el mismo sitio, encendida ¡y compartida! Porque tengo muy claro que, al menos en esta vivencia, nunca una mano sola podrá alcanzar absolutamente nada.

1 comentario:

Utopia, pero menos. dijo...

Plas, plas, plas, plas, plas, plas. Bravo