sábado, septiembre 10

El Gran Oriente de Francia retoma las cuestiones sociales


Guy Arcizet (aquí en septiembre de 2010) ha precisado que el Gran Oriente de Francia "seguramente no dirá por quién votar" en las elecciones presidenciales. Fotografía de: THIERRY ZOCCOLAN/AFP

El pasado día 2 de septiembre "Le Figaro" publicaba la entrevista que transcribo a continuación y cuya traducción me ha resultado un poco liosa. Su interés radica en que en un breve párrafo se recogen los cinco ejes sobre los que se centrará en los próximos años el trabajo del Gran Oriente de Francia. No es un enunciado novedoso. Pero sí permite confirmar que se ha pasado una determinada página de nuestro particular libro de historia, y que ello hace posible que los ojos vuelvan a posarse sobre la recta línea que dibuja el horizonte de nuestros días.

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Guy Arcizet fue reelegido el viernes pasado gran maestro de la primera obediencia masónica francesa.

La que ha resultado una cómoda reelección de Guy Arcizet, 68 años, como gran maestro del Gran Oriente de Francia en la noche del jueves al viernes, en Vichy, implica que la que es la primera obediencia masónica de origen francés recupera la calma, pero también que sus filas se aprietan ante la proximidad de los debates de la campaña presidencial.
"No vamos a perder nuestra posición y seguramente no diremos a quién votar", confirma a Figaro el gran maestro de esta obediencia considerada mayoritariamente de izquierdas. Pero "sí vamos a hacer un llamamiento a los republicanos, tanto de izquierda como de derecha, en pro de una verdadera filosofia política, sin transacciones".
Esta orientación ha permitido en cualquier caso el retorno de la tranquilidad a la obediencia. Sufrió serias turbulencias durante los últimos años a raíz del debate sobre la iniciación de las mujeres en las logias; pero también, de forma callada, a causa de la actitud a observar ante el actual gobierno de Francia.
Una relativa benevolencia hacia Nicolás Sarkozy costó el año pasado la reelección al gran maestro Pierre Lambicchi*, cuyo informe de gestión fue rechazado sin más. Por contra, el presentado por Guy Arcizet acaba de ser aprobado con un respaldo del 88% de los delegados. Este médico de familia ya jubiliado ha sido reelegido para un segundo mandato de un año de duración por 30 votos de los 35 posibles, emitidos por los miembros del consejo de la orden. Su "filosofía política" se desgrana en torno a las "cuestiones sociales", que además percibe vuelven a ocupar el corazón de las preocupaciones del Gran Oriente.
En una posición central se haya la defensa del laicismo. Una constante de la francmasonería. La cuestión provocó en mayo pasado un enfrentamiento con el cardenal André Vingt-Trois, presidente de la conferencia episcopal. El Gran Oriente atacó entonces y de manera pública la intervención de la Iglesia católica hecha en el momento en que el Parlamento revisaba la legislación existente en materia de bioética. "Hubo un cierto malentendido, precisa hoy Guy Arcizet, pues el laicismo promueve tanto la libertad de pensamiento como la de culto, las cuales hay que conservar y proteger". En este ámbito, el islam también se ve afectado. Se trató la cuestión el pasado viernes, en el convento de Vichy pues, explica el gran maestro, "no se puede encerrar esta religión dentro de una caricatura y convertirla en causa de todos los males de la sociedad. Por contra, hemos observarla de manera pacífica".
No obstante lo anterior, en junio, Guy Arcizet hizo adoptar una "Carta de valores" del Gran Oriente que "condena toda ingerencia religiosa en la gestión de los asuntos de Estado".
Junto a esta clásica vigilacia del laicismo, destacan otras cuatro prioridades. La pobreza: "Asistimos a un deterioro del clima social, remarca Guy Arcizet, pero nos cuentan que lo económico ha quitado todo protagonismo a lo político. Y entre tanto no se toman convenientemente en cuenta las dificultades que afrontan hombres y mujeres".
Otro tema, "la exclusión". Este médico de barriada ve como "vuelve a instalarse en el seno de la sociedad un clima de gran fragilidad para el ser humano". Invocando la "solidaridad", encuentra cuando menos sorprendente el reciente caso de los gitanos rumanos deportados en trenes, teniendo mucho miedo a los "efectos que pueda producir tanto la difusión como la exhibición de la situación, peligrosos para todos".
Tercera preocupación, "la juventud". Estarían en este momento, en su opinión, "excluidos del debate" o serían "únicamente escuchados cuando son violentos". La obediencia lanza la idea de crear "una renta de existencia joven", no para garantizar su "subsistencia, sino para darles medios que les permitan elegir, tomar sus propias decisiones".
Finalmente, "Europa". Guy Arcizet confirma que se han mantenido contactos con el Gran Oriente belga "para crear un grupo influyente al nivel de la comunidad europea y respecto a los valores democráticos". No se pierde de vista lo que hay de fondo: el espectro del "auge de los nacionalismos". En mayo pasado, el Gran Oriente hizo un llamamiento formal en contra del populismo. "Antes de que sea demasiado tarde."

*N.T.: La referencia del artículo en este punto es errónea. Siendo cierto que a Pierre Lambicchi se le reprochó cierto trato benevolente hacia la figura de N. Sarkozy y sus políticas, y siendo cierto igualmente que su informe de gestión fue rechazado, lo es igualmente que había agotado ya su mandato como miembro del Consejo de la Orde y que, en consecuencia, no podía presentarse a ninguna reelección.