sábado, septiembre 17

1728

Con frecuencia hemos escrito o leído eso de que el Gran Oriente de Francia es la obediencia masónica más antigua de la Europa continental. Creo que este es un hecho indiscutido por el momento y en el que, es verdad, algunos ponemos cierto énfasis, al entender que en la perpetuación temporal puede hallarse una combinación interesante formada por la mera sucesión de acontecimientos vividos, la solidez probada a lo largo de los siglos, y la seriedad y solvencia de generaciones de masones que han hecho posible la continuidad de esta institución con su identidad específica. Debería entenderse a mi juicio y no obstante, que el mero transcurso del tiempo atribuye una nota característica del mismo modo que otras organizaciones, más modernas en lo que a su creación se refiere, tienen otros elementos distintivos que las definen; esto es, no creo que nadie haya pretendido nunca menospreciar o atribuirse un timbre de nobleza a costa de la mayor ancianidad de esta organización extendida ya por diversos países, pero que como todo el mundo sabe tiene sus raíces en Francia. Otra cosa muy distinta es que, frente a experiencias de origen y orientación inciertos, marcadas hasta el tuétano por el capricho y el personalismo, la proyección y permanencia en el tiempo puedan ayudar a discernir a quien tenga una puntual duda, entre lo que es un proyecto serio y lo que, sencillamente, es otra cosa.
Una de las dificultades de echar la vista atrás para encontrar el comienzo de algo en ese océano que es la "antigüedad", es que en ocasiones la información no es tan exacta como uno quisiera. Y no resulta extraño incluso encontrarse con catálogos de hipótesis formuladas por historiadores de reconocido prestigio unas veces, o aprendices de brujo otras. La cosa no es como para echarse las manos a la cabeza: Cada cual es muy libre de interpretar los textos como mejor le parezca y -qué se le va a hacer-, también lo es para ganarse la vida o halagar la propia vanidad como mejor entienda.
La aparición de la masonería en Francia es y ha sido objeto de estudio y discusión. Parece claro que no se trata de una creación autóctona sino más bien efecto de una importación que dataría de mediados del siglo XVII. Hay autores (1) que defienden una presencia más temprana, pero una de las tesis que se ha asentado con más fuerza hace referencia al séquito de Enriqueta de Francia, la viuda del Rey Carlos I decapitado por Oliver Cromwell, en el que había algún que otro noble estuardista, esto es, partidarios de la escocesa casa de los Estuardo y de la reimplantación de la monarquía en Inglaterra. Esta nobleza exiliada utilizaría el amparo de las logias masónicas para actuar con mayor seguridad en defensa de su causa, protegidos por el secreto de las miradas indiscretas de los ingleses, también afincados en Francia pero de partido contrario al escocista.
El Gran Oriente sí buscó ya en el siglo XVIII alguna raíz perdida en el tiempo, un primer germen que apuntara hacia su futura existencia. Gustave Bord (La francmasonería en Francia, páginas 489 a 491), y Pierre Chevalier (Los duques bajo la acacia, páginas 32 y 33) se hacen eco de un detalle que reproduce otro conocido autor, Paul Naudon, y que se refiere al reconocimiento por el Gran Oriente de Francia, el 13 de marzo de 1777, de una datación o fecha de creación de una primera logia "estuardista" en suelo francés el 25 de marzo de 1688 ¿Cómo surgió esta logia? Apareció, parece ser, en medio de los vaivenes provocados por los acontecimientos políticos que se sucedían en Inglaterra: el hijo del decapitado Rey, el futuro Carlos II de Inglaterra, creó en Saint Germain en Laye un regimiento que acabaría sus días incorporándose al ejército francés, tras batallar hasta la derrota definitiva del los Estuardo. Este regimiento, el Royal Irlandais o Brigada Irlandesa, sirvió de ecosistema ideal para la creación en su seno de una logia másonica sobre la que se conserva alguna información, inclusive la identidad de una buena parte de sus componentes; y aunque en principio careció de título distintivo parece que puede ser reconocida bajo el nombre de "Perfecta Igualdad".
El albor del siglo XVIII nos permite encontrarnos ya con una Gran Logia de Londres (constituida a modo de autoridad unificadora y "federación" de varias logias en 1717) y un supuesto primer taller de "inspiración" inglesa en Dunkerque, si bien este es un hecho sobre el que pesan muchos interrogantes(2). Lo que sí se constata es que en Francia convivirán finalmente esas dos corrientes, la estuardista o escocista, caracterizada por una expansión libre de las logias que inicialmente no tiene una estructura obediencial ni una cabeza visible; y la inglesa, sujeta a la recién nacida autoridad de Londres.


Charles Radclyffe, fundador de la primera logia parisina, Saint Thomas, en 1726. Gran maestro de la masonería francesa de 1736 a 1738 bajo las denominaciónes Gran Logia Provincial/Gran Logia de Francia (Primera). Composición de J.M.H. Reproducción autorizada por el autor.

Hay una fecha clave repetida por muchos historiadores franceses: el 12 de junio de 1726. Se trata del momento en que se produce la instalación en París de una logia "escocista" que toma el nombre de Saint Thomas, en honor a Thomas Becket, venerado por los partidarios de los Estuardo. En este taller tendrá un peso importante una figura histórica, Charles Radclyffe, futuro conde de Derwentwater y que tendrá un trágico final en Inglaterra, adonde intentará regresar a mediados del siglo XVIII defendiendo el católico partido de la casa de los Estuardo.
La logia fundada por Radclyffe, al igual que las de nuestros días, se verá sometida en poco tiempo a fuertes tensiones que provocarán una escisión. Parte del taller se escorará hacia la línea inglesa en 1729, pasando a ser conocido como "Au Louis d´Argent" (también Saint Thomas au Louis d´Argent), tomando el nombre del establecimiento hostelero de la "rue des Boucheries", en París, donde celebraban sus reuniones(3) . Éste será uno de los pocos talleres que antes de alcanzar la mitad del siglo XVIII reciba una Carta Patente de la Gran Logia de Londres, si bien, datos de este tipo no deben llevarnos a confusión: Coincide la opinión de un buen número de autores en entender que la existencia de una supuesta oposición ideológica entre ambas corrientes debe ser matizada; esta circunstancia es la que explica el desarrollo futuro de la masonería en Francia, donde surgirán talleres a partir de lo que conocemos como "enjambrado" (formación de una logia a partir del crecimiento natural de otra preexistente), o de nueva creación, como por ejemplo el de Burdeos (La Logia "Anglaise", que data de 1732), fundado por oficiales de la marina inglesa.
Numéricamente la expansión será rápida, asumiendo en este sentido la iniciativa las logias escocistas o estuardistas. El clima es propicio para ello: P. Naudon cita la necesidad de reaccionar frente a la atmósfera despótica del momento, las ansias de libertad y la curiosidad que despiertan Inglaterra y sus instituciones. Es este el caldo de cultivo que permitirá la aparición de lo que se conoce como Primera Gran Logia de Francia que dicho sea de paso es una estructura diferente a la Gran Logia de Francia actual, con una génesis muy distinta (creada en 1894), aunque haya quien remonte sus orígenes también a esta época.


Philippe, Duque de Whartoon, primer Gran Maestro de la masonería francesa, de 1728 a 1735

Es en este punto donde incorporamos a nuestro texto el año que le da el título: 1728
Hecho asumido por la generalidad de autores y obediencias masónicas francesas es que se considere 1728 como el año en que, por primera vez, las logias existentes en el país designen a su propio Gran Maestro. No será un francés, sino un noble estuardista temporalmente exiliado que previamente había estado a la cabeza de la Gran Logia de Londres: Philippe, el Duque de Wharton. A la referencia temporal se le atribuye en Francia una cierta importancia, hasta el punto de que, a título de ejemplo, el Gran Oriente de Francia la ha incorporado a su sello distintivo como punto de arranque de una masonería con cierta identidad propia, diferenciada de la inglesa; o que la actual Gran Logia de Francia, creada con su configuración actual en 1894, se considere heredera de las logias parisinas que dieron lugar a aquella Primera Gran Logia de la que ya hemos hablado.
Pero la historia de los orígenes sigue y se complica hasta el punto de que, casi paralelamente a la aparición de una cabeza visible y propia entre las logias estuardistas, los talleres vinculados a la línea inglesa solicitan a la Gran Logia de Londres autorización para la constitución formal de una estructura autónoma. Del otro lado del Canal de la Mancha nunca llega una respuesta, instalándose un relativo sentimiento de decepción entre los peticionarios. La consecuencia de esto será la lógica: "ingleses" y "escocistas", que habían convivido sin mayores problemas, terminarán entendiéndose plenamente y promoviendo un acercamiento que desembocará primero en la creación de la Gran Logia Provincial en 1736 (otra fecha fundamental en la configuración del panorama masónico francés), embrión de la primera Obediencia que existirá en Francia y a cuyo frente seguimos sin encontrar a un francés. Será Charles Radclyffe, el fundador de la primera logia estuardista parisina, quien asumirá la función de gran maestro en un año en el que además se produce otro acontecimiento trascendental del que no nos ocuparemos aquí: André-Michel de Ramsay comienza a redactar el famoso cuerpo doctrinal del escocismo, que aparecerá publicado en 1738. Será también en este año cuando una asamblea de masones integrados en la Gran Logia Provincial designe, por fin, a un gran maestro francés: el nombramiento recaerá sobre un Par de Francia, el Duque de Antin (Louis Pardaillan de Gondrin).
Un dato curioso a tomar en consideración es que, si bien las logias francesas cuentan con una cabeza visible en 1728, y una incipiente estructura obediencial en 1736, no será hasta 1756 que veamos utilizada de manera regular la denominación "Gran Logia de Francia". Hasta ese momento, para poner de relieve que no existía un voluntad de ruptura con la Gran Logia de Londres, la masonería francesa utilizará para referirse a su entramado organizativo expresiones tales como "Gran Logia de París", "Logias regulares de Francia", y una denominación tan curiosa como la de "Gran Logia inglesa de Francia". En Inglaterra, a pesar de todo, quedará cierto resquemor(4), porque la evolución posterior confirmará que ya nunca más volverán a ser ingleses o escoceses quienes dirijan la masonería francesa.
El Duque de Antin muere muy joven, en 1743. Otro noble le reemplazará. Nada menos que un nieto del Rey Luis XIV, Louis de Bourbon-Condé, Conde de Clermont. Su gestión será desastrosa, pues, a pesar de ser eclesiástico (era el responsable de alguna abadía tan conocida como la de Saint Germain des Prés), tiene intereses más mundanos y delega sus facultades de gestión en un administrador. En el listado de Grandes Maestros que utiliza el Gran Oriente de Francia aparece Chaillon de Jonville desempeñando ese puesto, pero antes que él algunos autores (5) apuntan a otros dos administradores, el banquero Baur, cesado en 1758 acusado de "tráfico de grados", y el profesor de danza Jacques Lacorne, que ejercerá como gerente hasta su muerte en 1762. El mal rumbo que toma la organización con una una dirección que apenas sí se ocupa de ella y una administración discutida, acabará apuntando a una escisión. El enfrentamiento esta vez se gestará entre los partidarios de Lacorne (que seguirán tras su desaparición a Chaillon de Jonville) y los de un venerable que se rebela, Martin Pény. Tras diversos avatares que incluyen la creación de una nueva y efímera Gran Logia y la complicación en el enfrentamiento de los organismos encargados de dispensar los "altos grados", los partidarios de Martin Pény son excluidos de los puestos de responsabilidad de la obediencia. Hay duda sobre el momento en que suceden los hechos (1765/1766), pero no sobre lo que sucede: la interrupción de unos trabajos masónicos por parte de los agraviados, con intervención de la policía incluida para garantizar la preservación del orden público, y la paralizacion de toda actividad masónica hasta el año 1771.


Luis Felipe de Orleans, llamado durante el período revolucionario Philippe Égalité. Primer Gran Maestro de la masonería francesa bajo la denominación Gran Oriente de Francia de 1771 a 1773. Composición de J.M.H. Reproducción autorizada por el autor.

Es en este año que se producirá el fallecimiento del Conde de Clermont; y será también en el mismo año que, valiéndose de la influencia de otro noble, el Duque de Luxemburgo (que repitiendo un esquema ya conocido asumirá el papel de administrador), quienes antiguamente se habían visto apartados de toda responsabilidad al frente de la Primera Gran Logia de Francia, logran que Louis Philippe, primo del Luis el Último, Duque de Chartres, futuro Duque de Orleans y Philippe Égalité, asuma la responsabilidad de la gran maestría a pesar de ignorarlo prácticamente todo sobre masonería. Será bajo su autoridad y la dirección efectiva asegurada por el Duque de Luxemburgo que se dé un impulso notable a la necesidad de reorganización de la Obediencia, anhelada por las logias de provincias frente a las parisinas. Así, los "excluidos" -una vez reintegrados- impulsarán la constitución de una comisión encargada de la reforma de la Orden, de la reorganización de los altos grados y de redactar un nuevo reglamento. El 24 de diciembre de 1772, siguiendo el cauce trazado, una asamblea declara disuelta la Gran Logia de Francia. Dentro del mismo proceso, el 5 de marzo de 1773 da comienzo una serie de asambleas, 19 en total, que se prolongarán hasta el 1 de septiembre de ese mismo año. Durante lo que podríamos definir como un acto de refundación se crea una nueva Obediencia, la Gran Logia Nacional de Francia (que no tiene nada que ver con la existente en la actualidad), pero finalmente, con la solemnidad que otorga reunir a los venerables de las logias del Reino de Francia, se adopta en el curso de una última asamblea celebrada el 22 de octubre de 1773, la decisión de darle a esta Obediencia el nombre de Gran Oriente de Francia, siendo su primer gran maestro el Duque de Orleans, que permanecerá en el cargo hasta el 6 de noviembre de 1793, fecha en la que lámina de la guillotina pondrá fin a su vida. Tras él, superado el Terror, llegará Alesandre Louis Roettiers de Montaleau (gran venerable), luego José Bonaparte, pero esa es ya otra historia muy distinta a la de la fundación.
En el proceso que conduce a la existencia del Gran Oriente de Francia se pueden constatar muchas fechas singulares. Resalta el año 1728. También la data de 1736. Y cómo no, 1773. Quien albergue mala fe o ignore la evolución de la Obediencia, puede interpretar mal o superficialmente la importancia de los detalles: 1728 es el año en el que la masonería francesa se dota de una cabeza visible, independiente de la estructura creada en Inglaterra en 1717: un estuardista refugiado en Francia que había dirigido la Gran Logia de Londres. 1736 es por otro lado, el año en el que las Logias francesas consiguen sentar las bases de una primera estructura obediencial que cristalizará dos años después, los que median entre la formación de la Gran Logia Provincial y la Primera Gran Logia de Francia. 1773 es el año de la refundación de la masonería francesa, donde culmina el proceso de transformación de la Primera Gran Logia de Francia ¿Por qué el Gran Oriente hace referencia a estas fechas? En primer lugar porque puede. En segundo lugar porque forman parte de su historia. Una historia que es la de una Obediencia que, en los años a los que nos venimos refiriendo, está en Francia plenamente identificada con "la masonería", pues las disensiones puntuales que puede haber se resuelven siempre con la aglutinación de fuerzas (por ejemplo en 1799). Es decir, nos referimos a un período de tiempo en el que masonería y Gran Oriente de Francia son expresiones sinónimas, razón por la que los diferentes hitos que se han sucedido en el tiempo hasta ese momento integran con carácter exclusivo su identidad.

* Los francmasones ante la historia. Berteloot
** La Cadena de Unión, junio de 1961, página 569, artículo de Bègue Clavel
*** Ver en el enlace el interesante artículo de Olivia Chaumont dedicado al patrimonio arquitectural masónico, y en el que recrea una de las reuniones de este establecimiento.
**** La edición de las Constituciones de Anderson de 1738, página 195, recoge la siguiente expresión referida a los masones franceses: "...ésos ingratos que olvidan que todo el esplendor del que disfrutan no viene de otro sitio sino de Inglaterra..."

***** Paul Naudon, página 39, "La francmasonería", Impresiones Universitarias de Francia.