viernes, julio 22

La mixtidad en Marianne2


Una publicación francesa, Marianne2, ha sacado recientemente a la luz un artículo cuya traducción he
considerado interesante. No tanto porque esté de acuerdo con el contenido como por la información que puede facilitar y las ideas que aporta. A raíz de este texto, alguien que merece todo mi aprecio afirmaba hace apenas nada que él estaba a favor de la mixtidad "en" el Gran Oriente, y no "del" Gran Oriente, opinión que comprendo habida cuenta de cuál es la historia y cuál la realidad. Otra cosa es que se analice el texto "legal" que nos sostiene y los pasos dados hasta la fecha: No hay lugar a dudas. El artículo contracto se impone sin remisión y, al menos sobre el papel, no cabe libertad de opción alguna: el género no puede ser tenido en cuenta por una Logia, al igual que otros factores diferenciales humanos, para atribuir o denegar la cualidad de miembro. Otra cosa diferente es la gestión de lo cotidiano en el seno de los Talleres y que se opte por el lento e ineluctable asentamiento de "lo mixto". Como siempre, ver veremos.
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Por la mixtidad del Gran Oriente

En 2010, el Gran Oriente de Francia optó por dejar a cada Logia la libertad de decidir si admitía o no mujeres. Sin embargo, según Elie Arié - francmasón -, no hay ningú motivo para que un movimiento que se dice universalista continúe excluyendo a la mitad de la humanidad.

Una vez más, el Convento del Gran Oriente de Francia que se celebrará en septiembre, verá enfrentarse a los partidarios y adversarios de la mixtidad, dilema que ya creíamos resuelto; me parece útil exponer aquí mi posición (que sólo me obliga a mí) respecto a este debate, habida cuenta de que perteneciendo el "secreto masónico" a una época ya pasada y no teniendo otro efecto que mantener vivos los rumores y delirios sobre todo eso que se "intentaría esconcer" (y sobre los que los medios informativos se explayarán ampliamente...), esperando que otros Francmasones vendrán, a este mismo espacio, a contradecirme -y eso a pesar de que a día de hoy todavía no he escuchado un sólo argumento válido contra esta mixtidad a la que algunos se oponen sin embargo tan enérgicamente.
El Convento 2010 del Gran Oriente de Francia consideró, en buena lógica, que ningún texto, ni en su Constitución ni en su Reglamento General, había indicado que se trataba de una obediencia exclusivamente masculina; si no había mujeres en Masonería más que en las "logias de adopción" colocadas bajo la autoridad de los hombres, esto era porque se trataba de una época en la que no había mujeres en ningún sitio: ni en política (ni siquiera tenían derecho a voto), ni en el mundo de los negocios, ni en el de la guerra, ni entre los grandes pensadores y filósofos de la Ilustración; la Francmasonería era, de forma espontánea, el reflejo de la sociedad de la época; exactamente sucedió lo mismo con los judíos, que tampoco había en Masonería, porque éstos, al igual que las mujeres, carecían de derechos ciudadanos con anterioridad a la Revolución francesa, lo cual no les podía impedir participar en un movimiento que quería cambiar la sociedad, sin necesidad de que ningún reglamento masónico tuviera que precisar algo que "caía de cajón".
Por la misma razón la Francmasonería debe, en la sociedad actual, ser mixta con toda naturalidad, sin necesidad de que haya que precisar tal cosa; una logia que pertenece a un movimiento que se dice universalista y que decidiera, en pleno siglo XXI, excluir a la mitad de la humanidad, tendría un serio problema de credibilidad (el mismo que el de aquel sufragio que se decía "universal") y contribuiría con semejante actitud a acentuar la imagen de antigualla que la propia Francmasonería da a menudo de sí misma.
Sin embargo, curiosamente, tras haber superado este tabú de la mixtidad sobre el que nunca nada figuró en sus textos, el Gran Oriente ha optado en la actualidad por dejar a cada Logia libre de decidir si acepta mujeres o no. Volveremos sobre este punto.
Es muy probable que la llegada de mujeres a una Logia masónica pueda comportar "cambios"; y si esa logia desea ser exclusivamente masculina, se hace igualmente necesario en qué medida tales cambios podrían serle nefastos, algo que sería muy fácil de hacer por simple obsrvación de lo que sucede en otras obediencias ya desde hace tiempo mixtas (véase Derecho Humano, Gran Logia Mixta de Francia): No nos estamos enfrentando a lo desconocido.
Es muy probable que también la decisión bastante tardía de admitir judíos en el Gran Oriente (algo que ningún reglamento prohibía explícitamente), haya podido comportar cambios, aunque éstos nunca hayan sido objeto de análisis; felizmente para la Masonería, los Hermanos que en aquel momento (numerosos, por cierto) defendieron la idea de "que todo se quede como estaba" terminaron, tras varios y movidos debates, por quedar en minoría. Hubo una época en la que la Masonería no tenía miedo, por principio, a todo cambio -época que resulta ser como por azar aquella en la que la Masonería ejerció una influencia sobre la evolución de la sociedad francesa que perdió ya hace tiempo-.
Queda preguntarse si la perturbación que implica todo cambio debe ser el criterio determinante de toda decisión en Masonería; si el confort personal deber ser preservado de manera prioritaria, o si se puede aceptar ponerlo en solfa durante el tiempo necesario para que llegue a adaptarse al progreso social y filosófico; si la Masonería es ante todo un club británico de "gentlemen" que adoran encontrarse para dormitar juntos, o si por el contrario tiene ambiciones más elevadas por las que hay que consentir soportar esas perturbaciones personales temporales (ha habido épocas en las que se arriesgaba la vida y libertad propias por ser Francmasón, y hay países en los que éste sigue siendo el caso).
La Francmasonería aspira a mejorar y cambiar la sociedad, esta es su razón de ser; pero, al contrario que los partidos políticos, a las religiones, o a las distintas asociaciones que tienen el miso fin (sindicatos, etc.), considera que no cabe mejora (vale decir cambio) social si previamente no hay una mejora de uno mismo. Ahí es donde precisamente radica su originalidad y su especificidad. Por esta razón acepta personas de todo origen, pertenecientes a todo partido democrático, a toda religión, a todo sindicato, o no pertenecientes a nada de esto, con la única condición de que compartan la idea de realizar ese trabajo de transformación sobre sí mismas.
Este trabajo que implica cuestionarse de forma permanente no tiene nada de evidente ni de natural, y se va haciendo más y más difícil a medida que uno envejece, a medida que uno se va haciendo más rígido, más "esclerótico", y cuando se halla en la permanencia de las costumbres propias un mecanismo de defensa ante la angustia de la muerte. Sin embargo es precisamente la "permanencia de las costumbres" la que se convierte en una primera etapa hacia la muerte cuando la tomamos como un fin en sí misma. ¡Felices (y siempre vivos) los Francmasones de los primeros tiempos! pues no tenían todavía costumbres que preservar.
Nada hay más radicalmente opuesto a la vivencia masónica que sostener eso de "todo tiene que quedar como estaba, es una razón necesaria y suficiente para no cambiar nada". Porque qué diríamos si el Gran Oriente dejara, aun hoy, a cada Logia libre de admitir, o no, judíos, negros, etc., bajo el pobre pretexto de decir "hay otros que los aceptan, ¿por qué tienen que venir a nuestra casa?" Sin embargo, curiosamente, esta fragmentación de la humanidad en dos categorías, hombres o mujeres, que el Gran Oriente ha ignorado siempre tanto en su Constitución como en su Reglamento General, se deja en nuestros días a la libertad de apreciación de cada Logia, algo que está en franca contradicción con la concepción francesa y anticomunitarista de la laicidad, que rechaza separar a los seres humanos en función de categorías y a la que, además, el Gran Oriente de Francia pretende "otorgar una importancia fundamental"; llega el tiempo de poner fin a esta anomalía que no se justifica para algunos sino a título provisional, para dejar a los Francmasones más conservadores el tiempo de habituarse progresivamente a los cambios que surgen en nuestra sociedad desde hace ya más de medio siglo: ¿Y si les damos un poco de confianza y nos ahorramos algunas etapas? ¿Y si partimos del principio de que todos pueden comprender que en la frase del Francmasón Antoine de Saint-Exupéry que leen cada vez que entran en la sede del Gran Oriente, en París ("Si difieres de mí, Hermano, muy lejos de herirme, me enriqueces"), la palabra "Hermano" también hace referencia a las "Hermanas", de la misma forma que la expresión "Derechos del Hombre" concierne también a las mujeres? Los Francmasones han de apostar siempre por la inteligencia... Inclusive por la propia.