domingo, mayo 29

Metáfora

Cuando Mao proclamó en octubre de 1949 el nacimiento de la República Popular, lo hizo con la determinación de dar rienda suelta a una de sus obsesiones: Hacer que la nueva China fuera respetada en el mundo ¿Cómo? Dotándola de armamento nuclear. Para ello Mao no vaciló en entregar la cosecha de cereal de varios años al amigo soviético, que extenuado y en pleno proceso de reconstrucción tras vencer en la Guerra Mundial, devolvió el favor creando el tejido industrial y militar que hizo posible que los chinos tuvieran "la bomba". Todo esto, combinado con los experimentos de colectivización de la tierra, provocó las grandes hambrunas de los años cincuenta que se llevaron por delante a más de sesenta millones de habitantes. Pura estadística para el pensamiento estalinista de la época.
Paradójicamente la hambruna pasó relativamente desapercibida. Podría decirse que fue hábilmente disfrazada valiéndose de un aparato de propaganda de enormes dimensiones. Sobre las paredes de las grandes poblaciones gigantescos carteles anunciaban cosechas imposibles. Los ilustradores al servicio del Partido dibujaban y daban color a rollizos niños recostados sobre una comida inexistente. Uno de esos célebres dibujos es el del "niño de la sandía": Un imposible bebé sonrosado y feliz abraza una sandía verde casi tan grande como él.
El tiempo ha querido hacer un nuevo dibujo sesenta años después. Hacer un nuevo dibujo y escribir una metáfora que bien puede aplicarse a los tiempos que vivimos en Occidente; o al milagro económico chino, que ha combinado lo peor de los dos "sistemas"; o a las pesadillas domésticas que arropan nuestro sueño desde hace unos cuantos años: En la China popular engordan las sandías recurriendo masivamente al uso de fertilizantes. Avanzando en el conocimiento de los mecanismos del mundo capitalista los chinos han descubierto eso de la "aceleración" en la producción alimentaria. Tintan los fideos y la bollería, y le dan de comer a los pollos sales para que engorden rápido y así poder ajusticiarlos antes. A las sandías les inyectan una sustancia milagrosa y consiguen por arte de magia una esfera perfecta, verde y gigantesca, de ignorado sabor. Imagino que alguien debió acordarse del niño del cartel y pensar que a más fertilizante... Sin embargo el efecto ha sido catastrófico: A nuestros medios de comunicación llegan noticias sobre la existencia de sandías explosivas, que revientan en pedazos probablemente a causa de la manipulación a que han sido sometidas. Es la versión china de nuestra gallina de los huevos de oro. Y es ya una vieja cantinela que se repite desde que supimos que la avaricia rompe siempre todos los sacos en los que se la embute. Lo malo es que seguimos -todos- creyendo que hay sacos sin fondo, ignorando por el contrario que tanto paciencia como recipientes tienen un límite.