sábado, febrero 5

La Francmasonería en Túnez (I)


Ahora que las cosas andan un poco revueltas por el norte de África y que uno asiste con cierto escepticismo a esta especial edición de la primavera de los pueblos, me ha parecido oportuno traer a Memoria Masónica un poco de historia. Hace ya algunos días, en el blog Gadlu.Info, me encontré con un extensísimo artículo firmado por CHATER Khalifa ("Les Cahiers de la Méditerranée, Vol 72"), dedicado a la evolución histórica de la masonería en Túnez.
Dando un repaso al texto, del que hoy publico la traducción de una primera parte, uno termina por intuir que determinados procesos en determinados lugares no son posibles por casualidad. Habrá quien entienda que en la moderna sociedad, la facilidad para que la información circule, ha hecho posible que en poco más de treinta días se estremezca una área geográfica tan amplia como el norte de África. Sin embargo, a partir de la lectura del texto que sigue, no dejo de apreciar que determinados valores ligados a la Ilustración (con todo lo que conllevaron en eso que se conoce como "occidente") debieron prender en algún resquicio. Del mismo modo, tampoco dejo de apreciar que no existen las revoluciones si no hay tras el movimiento ciudadano que las impulsa, un corpus intelectual y orgánico; y me temo que en este caso el único corpus que uno puede apreciar es el que han estructurado algunas oligarquías o los totalitarismos religiosos. Ver, veremos. De momento aquí dejo la primera parte de "La Francmasonería en Túnez" traducida al castellano.

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La Francmasonería en Túnez (I)

I -Predominio francés

Es la constatación de una evidencia, "la aventura de la francmasonería ha ido detrás de la de la Francia colonial". La génesis de la francmasonería, durante la Regencia de Túnez, se remonta sin lugar a dudas a la era precolonial. No obstante, la implantación puede considerarse modesta en el período anterior al establecimiento del Protectorado, en 1881. A partir de ese momento puede apreciarse un desarrollo lento pero progresivo de una francmasonería local, que agrupa básicamente a funcionarios y colonos franceses. La situación evoluciona notablemente en 1930, fecha que puede guardarse como de referencia, pues es en ese momento cuando se produce el apogeo del sistema colonial y, a modo de contragolpe, cuando aparece también el fenómeno del rechazo nacional que suscita. Las logias se multiplican, implantando el pensamiento masónico en "las redes coloniales" que han podido beneficiarse de un cierto apoyo por parte de las autoridades del Protectorado, y cuya población está integrada principalmente por franceses.

Distinta documentación nos permite conocer cuáles son los origenes de los francmasones de Túnez. Coexistiendo desde su creación en 1885, con dos logias italianas y una logia inglesa, la logia La Nueva Cartago, incardinada en la obediencia del Gran Oriente de Francia, estaba compuesta fundamentalmente por masones franceses. Se aprecia en la época una dicotomía entre el discursso y los actos; así el francmasón Nunez denuncia, en 1907, la actuación de la logia La Nueva Cartago que "no rechaza de forma oficial las peticiones de profanos no franceses, pero que en la práctica les cierra la puerta". Una situación similar puede apreciarse en la logia frances "La Voluntad", bajo la obediencia de la Gran Logia de Francia, que prohíbe, en aplicación de su reglamento interno, "la entrada a quienes no sean franceses". Todo esto es lo que explica la implicacion de sus dirigentes en la defensa de los privilegios de la colonia francesa. Reuniendo los estatutos de venerable de la logia La Nueva Cartago, el de empresario y también el de representante de la comunidad francesa en la Conferencia Consultiva de Túnez, Duclos reclama en 1911 "la instauración de un Consejo Colonial, elegido por sufragio universal, a cuyos miembros -exclusivamente franceses- debería otorgárseles una función deliberatoria". Tengamos en cuenta, no obstante, el interés de Duclos por "atraer a miembros de la comunidad israelita e indígenas inteligentes, poseedores de un elevado y tolerante espíritu". Sin embargo, esta voluntad aperturista enmarcada en un paternalismo colonial será cuestionada entre los francmasones que la reducirán "al ostracismo a partir de los prejuicios raciales", algo que el propio Duclos denunciará. Tal situación va a perdurar. la logia "Nueva Cartago y Salambo Unidas" considerará en 1935 que "representa los elementos democráticos de la colonia francesa", esto es, "el colono y el funcionario... Los hacedores del prestigio francés".

¿Representó la logia "Nueva Cartago y Salambo Unidas" un caso único"? Sabemos que los fundadores de la logia Veritas, dependiente de la Gran Logia, en 1926, eran en su mayor parte y habida cuenta de sus patronímicos, de origen italiano. Había entre ellos una gran mayoría de judíos procedentes de la ciudad de Livorno. Nada se dice de su nacionalidad. Otro elemento importante es el hecho de que más de la mitad de todos ellos había nacido en el interior del país. Los fundadores de la logia Veritas pertenecen a la esfera de los negocios. Ninguno de ellos es funcionario del sector de enseñanza ni tiene cargos administrativos. Parecen nuevos ricos, deseosos de exhibir su notoriedad con el fin de integrarse en "establishment" francés. Tampoco forma parte de los miembros fundadores de la logia ningún tunecino musulmán.

Un censo del taller Volonté y Veritas una vez unidos permite estudiar el desarrollo de la logia: Había en 1945 76 francmasones afilidos. Podemos encontrar entre ellos una mayoría de judíos -y esto gracias a sus patronímicos, pues las nacionalidades no viene reflejadas-, en su mayor parte de Livorno, un puñado de franceses de pura cepa y tres musulmanes. El examen de las actas de la logia pureba que sus miembros no se hallaban plenamente integrados en la sociedad colonial francesa, ya que algunos se quejaban de los inconvenientes que entorpecían los pasos para su naturalización, revelando que "muchos intelectuales (tunecinos) dignos y honestos, veían sus peticiones rechazadas o suspendidas eternamente". Al denunciar las medidas tomadas por la ley Dommange (el 19 de julio de 1934) manifestaban su preocupación por las disposiciones propuestas a la cámara legislativa, relativas al régimen legal de los naturalizados, y que tendían a crear "una categoría particular de franceses de segunda". La demanda de naturalización provenía mayormente de las élites judías de Túnez, que querían participar también del régimen de favor de los franceses en Túnez y culminar así su promoción en el seno de la sociedad colonial. Así las cosas, la campaña nacionalista tunecina contra las naturalizaciones, que tuvo su apogeo entre los años 1933 y 1934, contribuyó a sobredimensionar los efectos de la campaña e naturalización de los tunecinos que, por otra parte, era objeto de un rechazo categórico por parte de los musulmanes. Las naturalizaciones eran, además, bloqueadas por quienes ocupaban ya los puestos relevantes, que no querían que se produjera semejante extensión de los privilegios. Es decir, se puede constatar sin lugar a dudas que la logia Veritas, sino la totalidad de los masones tunecinos, actuaban contracorriente tanto del movimiento nacionalista como de quienes se hallaban en la cúspide del régimen colonial.
Hemos de llamar la atención sobre el hecho de que la participación genuinamente tunecina parece haber sido muy reducida. Hay algún que otro nombre en los listados y documentación del Gran Oriente de Francia y de la Gran Logia: Lo encontramos entre los miembros del makhzen (el sector más influyente por su posición cercana al poder político) tunecino, que son los que han podido asegurarse el monopolio del gobierno local. Es el caso del administrador Mohamed Salha Mzali, que aparece en los listados masónicos desde 1931, en el seno de la loiga la Estrella de Cartago, y que habría de tener una promoción muy rápida en el ámbito de la masonería y también del cuerpo administrativo. Precisamente fue privado de su cargo de "caíd" de Bizerte bajo el régimen de Vichy, a causa de su pertenencia a la Francmasonería. Su primo,
Mohamed Aziz Sakka, califa en Sfax, hijo de un "caíd" y perteneciente a una gran familia ligada al poder de Monastir, formará parte de la logia de Thina, adscrita al Gran Oriente de Francia, durante el tiempo que ejerció funciones administrativas en esa localidad. Otro miembro de las familias ligadas al gobierno local, Salah Eddine Baccouche, formaba parte de la logia Veritas. Cuando llegaron a ser Primeros ministros, gracias al esfuerzo de lucha nacionalista, Salah Eddine Baccouche y Mohamed Mzali, tuvieron que tomar cierta distancia con el movimiento Neo-Destour (partido político de corte nacionalista fundado durante el Protectorado francés), y ello habida cuenta de su voluntad de colaboración con las autoridades del Protectorado. Su actuación se basó más bien en una elección ante una situación concreta y también en la desconfianza hacia el movimiento popular. Otros funcionarios de menor nivel se unieron a ellos. Este fue el caso de Chadli Ben Habib Cabani, encargado de registro y que formó parte de la logia masónica Trabajo y Libertad, donde ingresó el 23 de junio de 1932.

Sin embargo, el peso de la Francmasonería adquirió toda su dimensión en el ámbito de la enseñanza: Inspector de escuelas coránicas, Basly Taïb, que entró el 9 de agosto de 1928 en la nueva logia Hadrumet y Sousse, no tardó en franquear las sucesivas etapas. Promovido a compañero en la misma logia el día 2 de marzo de 1930, alcanzó el grado de maestro en 1932. Inspector de enseñanza, Sadok Sebei fue iniciado el 15 de mayo de 1934 en la logia la Estrella de Cartago. Profesor en Bèjà, Mohamed Salah Gmati, pasó a formar parte de la Logia Nueva Cartago y Salambo Unidas el 22 de febrero de 1932. La Francmasonería también acogió al agricultor de Slimane, Mohsen Slim y al notable Mokaddem Béchir. Por su parte, un censo del taller Voluntad y Veritas Unidos, revela la presencia de 76 francmasones y permite atestiguar la presencia de tres tunecinos, a saber, Mohamed Ben Taïb, Yahia Dali y Mohamed Maztoul.

Podemos apreciar una transformación progresiva en el seno de la Francmasonería. Cuando se instauró el protectorado reclutó a sus adeptos entre "los colones y los nuevos funcionarios, especialmente aquellos ligados a la instrucción pública". Sin embargo, puede apreciarse cierta apertura llegados los años 30, respecto a la cual el autor Miche Khayat afirma: "En las logias de Túnez podemos encontrarnos con miembros de muy diverso origen, expatriados de todas las nacionalidades, refugiados o funcionarios en ejercicio. Los judíos de Livorno en un primer momento, y luego los judíos tunecinos fueron un componente numeroso, y con independencia de la obediencia de que se trate, suponían habitualmente una parte importante de los efectivos, y en algún caso la mayoría de los miembros".


II - Ideal masónico y práctica colonial (1930-1940)
Sin lugar a dudas, la Francmasonería no es ni "un foro, ni una iglesia". Sin embargo esta orden iniciática hace valer su visión del mundo, su filosofía humanista y su ideal tanto político como moral:
"Pensar bien, decir bien, hacer bien; seguir tras la búsqueda de la verdad; aprender en los templos la práctica de las ideas de libertad, igualdad y franternidad para llevarlas a la práctica en la vida profana; ayudar al desarrollo progresivo de la humanidad mediante el estudio teórico de todos los grandes problemas sociales y morales, valiéndose de e
scritos y libros. Tales son las obligaciones que la Francmasonería prescribe a todos sus miembros."
Definido de este modo el ideal de la Francmasonería es fácil entender que se ve atrapada por la custión colonial, más teniendo en cuenta la incompatibilidad entre los discursos fundadores, la práctica que sobre el terreno resulta discriminatoria, y el estatuto formal y o efectivo de los "indígenas" y la legitimación de los privilegios de los franceses. La cuestión colonial no puede ocultarse ni a las élites metropolitanas afectadas por las vicisitudes del imperio, ni a los francmasones de Túnez, territorio "solidario" de facto con el régimen de Protectorado, que además les confiere un estatuto distintivo entre la población que les acoge. La elaboración por el Convento de la Gran Logia, allá por el año 1927, de un informe titulado "colonias en una democracia" evoca precisamente este dilema. Para colmo, la mayor parte de las logias ponen en evidencia esta antinomia entre el ideal democrático y la empresa colonial.
Hay que hacer una observación preliminar: Es difícil deducir la existencia de un consenso de las obediencias masónicas en relación con la cuestión colonial, habida cuenta del "estado fragmentario en que se halla el espacio social masónico". Distinguiremo
s en primer lugar a los francmasones metropolitanos, que desconocen el hecho colonial y que reaccionan en función de su militancia política. No llegan a conciliar "el discurso civilizador de la colonización" y "las exacciones ligadas a la conquista y a la explotación colonial". Es precisamente lo que explica su incapacidad a la hora de abordar la cuestión, sus posiciones equívocas y su alienación de hecho frente a los francmasones de las colonias. Los miembros de las logias de Túnez están sin lugar a dudas más implicados en la gestión colonial. Aunque también en este terreno se impone la prudencia, porque hay que contar con la composición social (franceses de origen y nuevos naturalizados) y profesional (colonos, funcionarios de la administración, profesores), así como con la demarcación ideológica y las afinidades personales. Cualquier visión reductora sería equívoca al referirse a la escena tunecina presa del deseo de aquellos que ocupan los mejores puestos, y que ansían el fracaso de unas emergentes reivindicaciones nacionales. En esta coyuntura de enfrentamiento, también hay alguna que otra vía aislada y minoritaria que intenta moralizar la gestión colonial cuando no frenar la expansión colonial misma. Algunos de sus componentes pertenecerán a la Francmasonería. Pero no son sino excepciones.

1 - Toma de distancia a partir de la celebración de la colonización (1930)

La celebración del centenario de la ocupación de Argel (1830) y la organización del Congreso Eucarístico en Tunez, en 1930, pondrán a prueba las logias de Túnez. El IV Congreso de logias del Gran Oriente de Africa del Norte (Argel, 1927) exigirá la supresión de las fiestas del centenario. Representadno la Logia Voluntad, Durel pondrá énfasis en esta decisión que suscitó "una inmensa alegría de los francmasones del mundo árabe". Pero el mismo tema volvió a estar de actualidad a raíz del congreso de Bône, en 1928. La logia Voluntad sometió al congreso la siguiente mención, sabedora, sin duda alguna, de que ponía en solfa la decisión en cuestión:


"
Considerando que la solemne fiesta que el gobierno de la República quiere dar en Argel, para celebrar el aniversario del centenario de la ocupación de Arbgelia por el ejército, no hará sino herir el amor propio y reanimar el oido y sembrar la discorida, la R.L. Veritas de Túnez hace la siguiente proposición:

-Supresión de esta manifestación antidemocrática y levatamiento, en una de las plazas de la capital argelina, de la estatua de Abdelkader, héroe primero de la independencia argelina y luego amigo fiel y devoto de Francia;

-Para el supuesto de que el levantamiento de una estatua resultara incompatible con las leyes de la religión musulmana, la elevación de un monumento en el que figurara una estela conmemorativa en honor al emir Abdelkader".


Esta propuesta supone para la logia marcar con claridad distancia y poner a la par en cuestión el discurso fundador sobre el que se basó la colonización. La voluntad de conciliar al "héroe de la independencia" y la amistad con Francia superan el anhelo de recuperación de cualquier jefe de la resistencia. No sabríamos por otra parte explicar cómo se puede realizar esta evocación de "independencia" en una situación colonial. Suponemos que una mayoría pro-colonial debió preferir alinearse con las posiciones oficiales. Hay una última concesión en la proclama: acepta reducir los gastos suntuarios y quitarle a la ceremonia su carácter militar. Durrel volvió a la carga. Y para ello dejó bien claro que "no hace falta celebrar el centenario de una ocupación militar y tampoco hace falta recordarle al pueblo arabe que fue derrotado", en lo que hay que trabajar es en "el acercamiento de las distintas razas". Ante la oposición de la mayor parte de las logias de Argelia, el congreso decidió "rechazar todo sobrecoste" y "atenerse a la prouesta votada en el útlimo congreso". La Francmasonería no podía transgredir un compromiso alcanzado con tanto esfuerzo, so pena de correr el riesgo de entrar en un conflicto abierto con el "establishment" colonial, rompiendo los equilibrios en los que se basaba la fundación de las logias de África del Norte.

La oposición al congreso eucarístico de Cartago (1930) fue mucho más clara en la medida en la que se inscribió en la política anticlerical de la Francmasoenría. Reunido el 26 de noviembre de 1929, el Consejo Filosófico tomó una posición, por unanimidad, contra las peticiones del comité del Congreso, que pretendía que se acordara una excedencia escolar para liberar las escuelas y poder así alojar a los peregrinos. El Consejo pone de manifiesto, entre otros argumentos, la périda de tiempo que esto supone para el alumnado, "el desafío hecho a la población musulmana, que va a ver locales públicos ocupados por cristianos". A partir de esta demanda "las escuelas de Túnez no abrirán sus puertas a los miembros del Congreso eucarístico". Y como posición consensuada, el congreso de logias de Africa del Norte y el Taller "Luz y Progreso", piden que la Gran Logia intervenga ante sus parlamentarios para la supresión de toda subvención, tanto a los arzobispados coomo al congreso eucarístico. Ya se trate de un compromiso activo con el laicismo, o de una voluntad de dirigir la opinión pública tunecina, hemos de poner de manifiesto que la Francmasonería de Túnez se distanció de esta política abiertamente hostil que fue además objeto de una campaña de denuncia por parte de los nacionalistas tunecinos.