domingo, enero 9

Jovellanos: El siglo de las luces en España (Parte III)


JOVELLANOS Y LA INQUISICIÓN

La figura de Gaspar Melchor de Jovellanos tiene un enorme peso en la historia de la España de los siglos XVIII y XIX. Su existencia se desarrolla en un período floreciente, el del reinado de Carlos III, y uno de completa decadencia y destrucción, el de Carlos IV y el conflicto bélico europeo de las guerras napoleónicas al que España no es ajena. Si Jovellanos formó parte de aquel grupo de privilegiados que tuvieron acceso a la obra Jean Jacques Rousseau, Voltaire y al enciclopedismo, no es menos cierto que ello también implicó que fuera considerado un enemigo por determinados poderes, entre ellos la Santa Inquisición.

La tormentosa relación de Jovellanos con la Inquisición tiene su punto de partida en la publicación por el pensador gijonés del Informe sobre la Ley Agraria en 1795, y que le había sido encargado por el Consejo de Castilla. Según rezan algunos escritos críticos del órgano eclesiástico que se conservan, Jovellanos apuntó “ideas de igualdad en la posesión de los bienes terrenos”. La Iglesia, una de las grandes propietarias de tierras en el país, no podía ver en el citado informe sino una gran amenaza, agigantada con los vientos revolucionarios que soplaban al otro lado de los Pirineos. Jovellanos además incidía en defender a los más oprimidos y humildes colonos, agobiados por unas rentas cada vez más altas y unos precios del producto obtenido cada vez más bajos.

Un año antes de publicar el Informe sobre la Ley Agraria en el que intentaba proponer una solución a las grandes desigualdades sociales del momento, Jovellanos funda el Real Instituto Asturiano de Mineralogía y Náutica, dotando al establecimiento de una biblioteca adquirida en su mayor parte en una subasta de libros confiscados a los jesuitas, expulsados del país en 1767. La citada biblioteca dará mucho que hablar, al estar plagada de títulos de autores extranjeros en los que el Santo Oficio ve también una gran amenaza. Jovellanos defiende entonces el derecho a la enseñanza libre en el pulso que mantiene con la autoridad eclesiástica, y ésta por su parte comienza a hacerle un seguimiento que se encarga al cura de Somió, entonces un pequeño pueblo cercano a Gijón y hoy un acomodado barrio residencial de la ciudad. El cura encuentra varias obras de Locke y Jovellanos será entonces acusado de “profesar ideas anticatólicas”.

Dueño de una honesta testarudez Jovellanos no se acobarda: presenta al Rey Carlos IV todo un informe sobre el Tribunal de la Inquisición siendo Ministro de Justicia, abogando por una reforma que pusiera fin a la arbitrariedad de tan siniestra institución. Su corta estancia al frente del Ministerio y la agitación política impedirán el fruto de su esfuerzo.


JOVELLANOS ET L’INQUISITION

La personne de G.M. Jovellanos pèse d’un poids énorme dans l’histoire espagnole du 18ème et 19ème siècle. Son existence se déroule à une période florissante, celle du règne de Charles III, à laquelle succèdera une période de complète décadence et de destruction, celle de Charles IV, aggravée par le belliqueux conflit européen des guerres napoléoniennes auxquelles l’Espagne n’est pas étrangère.

Si Jovellanos fit partie de privilégiés qui eurent accès aux œuvres de J.J. ROUSSEAU, Voltaire et à l’encyclopédisme, le corollaire impliqua qu’il fut considéré comme un ennemi par des forces résolues, entre autre la sainte inquisition.

La relation de Jovellanos avec l’inquisition a son point de départ au moment de la publication, par le penseur de Gijón, du rapport sur la loi agraire en 1795, qui avait été commandé par le Conseil de Castille. Comme le révèlent certains écrits critiques, émanant de l’organe ecclésiastique et qui mirent en avant que Jovellanos faisait ressortir « des idées d’égalité pour ce qui concerne les biens terrestres » l’église, un des plus grands propriétaires du pays, ne pouvait voir au travers de ce rapport qu’une grande menace amplifiée par les vents révolutionnaires qui soufflaient de l’autre côté des Pyrénées. Jovellanos en plus, argumentait pour défendre les plus opprimés et les plus humbles fermiers étouffés par les impôts chaque fois plus élevés et les prix de vente des produits chaque fois plus bas.

Un an avant la publication du rapport sur la loi agraire, dans lequel il tentait de proposer une solution aux grandes inégalités sociales du moment, Jovellanos fonde le « Real Instituto Asturiano de Mineralogia y Nautica », dotant l’établissement d’une bibliothèque acquise en grande partie dans une vente aux enchères de livres, confisqués aux Jésuites expulsés du pays en 1767.

La bibliothèque en question fera beaucoup parler d’elle étant rempli de livres d’auteurs étrangers au travers desquels le saint office voit également une grande menace. Jovellanos défend alors le droit à l’enseignement libre.

Dans cette lutte qu’il entretient avec l’autorité ecclésiastique, celle-ci entame des poursuites à son encontre dont est chargé le curé de Somio, petit village proche de Gijón et aujourd’hui inclus dans un quartier résidentiel de la ville. Le curé trouve plusieurs œuvres de Locke, Jovellanos sera alors accusé de « professer des idées anti catholiques ». Etant doté d’un fort entêtement Jovellanos ne se laisse pas intimider.

Il présente au roi Charles IV un rapport sur le tribunal de l’inquisition, tout en étant ministre de la justice. Plaidant pour une réforme qui mettrait fin à l’arbitraire de la si sinistre institution. Son court séjour à la tête de ce ministère et l’agitation politique du moment ne permettront pas l’aboutissement de ses efforts.

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