jueves, enero 6

Jovellanos año 2011: Comienza el bicentenario


Acaba de comenzar el año y en Gijón empieza también la celebración del segundo centenario del fallecimiento de Gaspar Melchor de Jovellanos, el hombre que encarnó con luz propia el espíritu de las luces en nuestra maltrecha casa.

Durante los próximos días, en este blog expondré, en varios fragmentos por su longitud, un artículo redactado en su día por mi buen amigo Erasmo y por el que suscribe. También se acompañará la traducción integral al francés (hecha por otro buen amigo, Manuel Baena), pues la idea primigenia ha sido la de hacer llegar a quienes nos siguen al otro lado de los Pirineos, una ligera noticia y noción de quién fue este ilustre gijonés. Buena lectura.


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Jovellanos: El siglo de las luces en España (Parte I)


Quién fue Jovellanos? Hacer una pregunta directa al comienzo de este apunte. es quizá la forma más elemental de abordar la inmensidad humana del que es considerado como la más importante representación de la Ilustración española.

En la infancia de algunas personas de mi generación todavía queda el recuerdo de un pesado libro con el que se despachaba todo el saber en las aulas y del que, algunos profesores de aquel agonizante franquismo, hacían todavía uso. Una biografía breve glosaba la figura de Gaspar Melchor de Jovellanos, definiéndole como un extraordinario “patriota”, borrando toda referencia a las aportaciones que había hecho para que el Siglo de las Luces viniera a esclarecer un país como España, cerrado por hábito y obligación a todo lo extranjero. Quizá esa biografía, impresa sobre un papel amarillo y viejo, constituye el primer encuentro de varias generaciones con el pensador gijonés, pero también revela una constante en torno a la figura del autor: El uso interesado hecho de su persona y obra incluso por quienes fueron sus detractores a lo largo del tiempo.

Gaspar Melchor de Jovellanos nació en Gijón un 5 de enero de 1744 en el seno de una familia acomodada. La casa señorial en la que vino al mundo se conserva hoy en perfecto estado convertida en un museo municipal. Y a pocos metros, su cuerpo descansa en una tumba ubicada en una pequeña capilla.

La infancia la pasó Jovellanos muy cerca de su hogar, donde recibió su primera educación. Luego continuó su formación en las universidades de Oviedo, Osma, Ávila y Alcalá, en donde, con poco más de veinte años, finaliza los estudios de derecho canónico. En esta época conocerá a otro asturiano, Campomanes, quien, además de ser otra de las figuras relevantes de la Ilustración española, le ayudará en determinados momentos de su vida convirtiéndose en una de sus grandes amistades.

Jovellanos obtiene una plaza de magistrado en la Real Audiencia de Sevilla en 1767, y allí adquirirá los conocimientos que van a sentar las bases del pensamiento del Ilustrado; será en la capital andaluza donde comenzará a participar en diversas tertulias, la más importante la de su gran amigo, Pablo de Olavide, y donde comenzará a tener acceso a autores extranjeros y a las nuevas teorías y fórmulas de pensamiento que surgen en Europa y que harán madurar el suyo propio. Será en Sevilla donde su enorme capacidad de trabajo empezará a ser puesta a prueba, y donde comienza a producir textos que anuncian la existencia de un gran literato y pensador.

Con 34 años llega a Madrid, capital del reino. Allí, de la mano de Campomanes, accede a diferentes responsabilidades administrativas y redacta uno de los textos por los que pasará a la historia: El informe sobre la Ley Agraria, encargado por el Consejo de Castilla, y donde abogará por la defensa de los más humildes propietarios y la liberalización del suelo en un país en el que la tierra es todavía y en su mayor parte propiedad del clero y la nobleza. Jovellanos en esta época forma parte de la pequeña élite de intelectuales y técnicos que la administración del Rey Carlos IV ha heredado de su padre, y que es literalmente eliminada en el momento en que se produce el estallido de la Revolución Francesa, al temer los estamentos sociales privilegiados que pudiera reproducirse en España un fenómeno político análogo al de Francia. De este modo Jovellanos conoce el que será su primer destierro, en 1790, y que le llevará de nuevo a Gijón, su lugar de nacimiento. Atrás ha quedado su participación en la fundación del Banco de San Carlos (hoy Banco de España), o su activa intervención en diversas academias...



JOVELLANOS ET LE SIECLE DES LUMIERES EN ESPAGNE (I)


Qui était JOVELLANOS ? Poser une question directe au début de ces annotations, est peut être la façon la plus élémentaire d’aborder la grandeur humaine de celui qui est considéré comme le plus grand représentant de l’esprit philosophique espagnol. Depuis l’enfance de certaines personnes de ma génération, demeure toujours le souvenir d’un livre ennuyeux qu’utilisaient encore dans les salles de classe quelques professeurs dans cette période du franquisme agonisant.

Une brève biographie racontait le personnage de Gaspar Melchior de Jovellanos le définissant comme un extraordinaire « patriote », gommant toute référence aux apports qu’il avait fait, pour que le « siècle des lumières » vienne éclairer un pays comme l’Espagne, fermé par habitude et par contraintes sociales, à tout ce qui vient de l’étranger.

Peut être que cette biographie, imprimée sur un vieux papier jaunâtre, constitue la première rencontre de plusieurs générations avec le libre penseur de Gijón.

Mais elle révèle également une constance par rapport à la personnalité de l’auteur. Constance de l’intérêt pour sa personne et son œuvre, même par ceux qui furent ses détracteurs au cours des âges.

G.M de Jovellanos naquit à Gijón le 5 janvier 1744 au sein d’une famille aisée.

La maison aristocratique dans laquelle il vint au monde est en parfait état de conservation, étant de nos jours transformée en musée municipal.

A peu de distance de ce lieu son corps repose dans une tombe sise dans une petite chapelle. Il passa son enfance, à proximité dans la maison familiale où il reçut sa première éducation.

Plus tard il poursuivit ses études dans les universités d’Osma, Avila et Alcalá où, à un peu plus de vingt ans il termina ses études de droit canon.

A cette époque il connaitra un autre asturien, Campomanes, qui en plus d’être une figure marquante de l’esprit philosophique espagnol, l’aidera à certaines périodes de sa vie, devenant un de ses grands amis.

Jovellanos obtient un poste de magistrat au tribunal royal de Séville en 1767. Il y acquerra les connaissances qui vont assoir les bases de sa pensée philosophique. Ce sera dans la grande cité andalouse ou il commencera à participer à la vie de différents cercles. Le plus important étant celui de son ami Pablo de Olavide, où il aura ses premières lectures d’auteurs étrangers et où il accédera aux nouvelles théories et formulations de la pensée, qui surgissaient en Espagne et qui feront mûrir sa propre pensée.

A Séville son énorme capacité de travail sera mise à l’épreuve, et ses premiers textes y feront apparaitre l’existence d’un grand homme de lettres et d’un grand penseur.

A 34 ans il arrive à Madrid, capitale du royaume. Par l’entremise de Campomanes il accède à différentes responsabilités administratives. Il y rédige un des textes qui restera dans l’histoire : le rapport sur la loi agraire commandé par le Conseil de Castille, et par lequel il plaidera la défense des propriétaires les plus humbles, ainsi que la libéralisation du sol, dans un pays, où la terre est encore dans sa majeure partie, propriété du clergé et de la noblesse.

A cette époque Jovellanos fait partie d’une petite élite d’intellectuels et techniciens dont l’administration du roi Charles IV a hérité du défunt, père du roi, et qui sera littéralement éliminée dès qu’éclate la révolution française, craignant que ne se reproduise en Espagne un phénomène politique analogue au modèle français.

Par voie de conséquence Jovellanos connait son premier exil, en 1790 vers Gijón sa ville natale .Il laisse derrière lui sa participation à la fondation du « Banco de San Carlos » (aujourd’hui Banco de España) et son active intervention dans de grandes écoles...