viernes, noviembre 5

La cabeza donde estén los pies


Esta semana hemos sabido que, en medio de todo este desbarajuste provocado por los recortes socioeconómicos que azotan Europa, diputados de la derecha en la Asamblea Nacional francesa han propuesto, entiendo que a modo de nueva vuelta de tuerca, que las personas que no dispongan de documentación y quieran recibir atención médica del sistema público de salud, tengan que pagar una tasa anual de 30 €. La medida parece pensada ex profeso para aquellos que, literalmente, no tienen dónde caerse muertos.
Apenas ha comenzado el ruido provocado por esta noticia, el Gran Oriente de Francia ha puesto de manifiesto públicamente en el día de hoy su posición y estupor:

"El Gran Oriente de Francia obseva que en el proyecto presupuestario del ejercicio 2011, la Ayuda Médica del Estado sufre una nueva agresión consistente esta vez en la fijación de una cuota de entrada por importe de 30 euros. Esta prestación social está destinada a los "sin papeles" y a las personas más pobres, es decir, a la fracción más débil de nuestra sociedad. El proyecto no contraviene únicamente la obligación moral de garantizar una cobertura médica y social lo más amplia posible -un acceso a los cuidados médicos igual para todos- sino que además pone de manifiesto graves incoherencias, tanto en materia de salud pública como en el ámbito económico. Hombres, mujeres y niños afectados por esta situación, se ven de hecho conducidos al ostracismo y a la alienación, sospechosos de ser portadores de enfermedades contagiosas no tratadas y representar un peligro real para toda la población. El Gran Oriente de Francia, fiel a su concepción de una protección social capaz de asegurar la dignidad de todos, no puede hacer otra cosa que denunciar esta propuesta y exigir a los diputados que la promueven su abandono."

A título personal percibo en las últimas manifestaciones públicas de la Obediencia un giro social. No es que el Gran Oriente haya permanecido callado durante todo este tiempo. Ni mucho menos: Cuando Sarkozy formuló a finales de julio el que fue conocido como discurso de Grenoble, el Consejo de la Orden, con la firma de Pierre Lambicchi, lamentaba y se quejaba de aquella confusión populista manejada hábilmente, y que mezclaba con cierta malicia extranjería y delincuencia.
Posteriormente, cuando comenzaron a arreciar las expulsiones de ciudadanos europeos -rumanos sin residencia fija- basándose en una interpretación del régimen de permanencia de "no franceses" a todas luces confrontada con la normativa de la Unión Europea, también el Gran Oriente puso el grito en el cielo.
Pero con carácter previo a todo esto, en la primavera de 2010, bajo el título "Inmigración y Humanismo", se organizaba un coloquio público en Calais, el lugar en el que se había montado aquello que se conoció como "la jungla", y que no era otra cosa que una especie de campo de concentración levantado en un borde de la civilizada Francia, a costa de los desheredados de la tierra que ansiaban cruzar el Canal de la Mancha.
Decía que percibo un giro en la política de comunicación. Quizá sea una impresión sin más, con poco o ningún fundamento. Pero la sucesión de manifestaciones últimas tienen un denominador común que antes no resaltaba tanto y que me hace recordar algunas intervenciones de hace tres o cuatro años: el acento social. Da la impresión de que Guy Arcizet va cumpliendo su palabra y lleva a la Obediencia hacia un terreno en el que ha de estar presente de manera inequívoca.
En todo caso no bastan los comunicados: Acciones prácticas como las que se desarrollan en España favoreciendo desde la Fundación la integración de menores inmigrantes deberían multiplicarse. Y otro tanto debería suceder con el planteamiento intelectual, con el contenido ideológico de nuestro discurso, que hay que galvanizar de manera que sea capaz de hacer frente a un lenguaje y una realidad -la exclusión- que en estos tiempos de zozobra económica no van a encontrar excesivas dificultades para expandirse.

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