viernes, septiembre 17

Guy Arcizet, de la bata blanca al mandil

Guy Arcizet, de la bata blanca al mandil

¿Cómo llega uno a ser francmasón? En el caso de Guy Arcizet, tras veinte años de ejercicio como médico generalista, fue un paciente el que vino a buscarlo: "Con el discurso social que tiene Ud., no entiendo como no es francmasón...". Y así fue como este veterano generalista de Bagnolet se puso el mandil, un día allá por el año 1986: "Entonces, las instituciones me inspiraban bien poco y, a priori, otro tanto me sucedía con el ritual masónico. Pero a pesar de todo me acerqué a ver... Y aquí sigo 25 años después..." explica, tranquilo y sonriente, el nuevo Gran Maestro del Gran Oriente de Francia, elegido el pasado 2 de septiembre en el convento de Vichy. La historia tiene un algo de anecdótica. Pero también algo más, pues este profesional sigue preguntándose a día de hoy "¿Habría sido francmasón si no hubiera sido médico generalista? No estoy muy seguro..."

Es necesario señalar que aunque confiese haber optado por esta disciplina un poco por azar, es a la medicina general a la que el Doctor Arcizet debe su fibra social, así como el interés por las cuestiones sociales, que ocupan para él el espacio central de su compromiso masónico. Con 71 años ¿no continúa siendo residente en un barrio (vive en una barriada, en Rosny sous Bois) y, en cierto modo, el médico generalista, aunque ya hayan pasado cinco años desde su jubilación? "Lo que más me ha impresionado a raíz de mi elección ha sido recibir mensajes de mis pacientes, que me han telefoneado para transmitirme su reconocimiento. Es un reconocimiento verdadero, quizá todavía más grande que el de mis hermanos."

Con desparpajo nos cuenta cómo el Bagnolet de los años 60 era un barrio como ya casi no se puede imaginar en este comienzo del siglo XXI: huertos y caminos de tierra, una fuerte densidad de población ambulante, y una condensación de problemas sociales entre los que destacaban los abortos clandestinos y un alcoholismo endémico. Hijo de un dentista, residente en Marruecos hasta los 18 años, Guy Arcizet no estaba preparado para encontrarse con este universo. Pero nos cuenta que la medicina de familia en el barrio provocó en él un efecto desencadenate: "Sí, fui "pervertido" por esta miseria. Fue una especie de contagio que me permitió construir mi propia identidad social gracias a mi profesión." Siguiendo la lógica de los hechos no será difícil encontrarnos al joven médico militando en el Sindicato de la Medicina General, una organización nacida después del 68 para agrupar a la izquierda de la profesión y que se plantea un sistema de salud alternativo.

Todavía hoy, cuando se le pregunta sobre la crisis de la medicina general, el nuevo capitán del Gran Oriente pone en marcha un discurso sobre el universo sanitario que surge del camino recorrido y de las ideas bien recibidas durante todo ese tiempo. Su hija Geneviève sigue con el trabajo en la que fue su clínica en Bagnolet. Y nos dice que ha tenido suerte al poder encontrar un sucesor -un amigo que continua su labor en Seine-Saint Denis-. Sin embargo, las discusiones de familia le llevan siempre a hablar de la crisis del sistema de saludo. No es una crisis de hoy: "Ya hace treinta años que se percibe una depreciación del médico generalista. En la actualidad hay que decir que su formación ha mejorado, pero sus condiciones de vida y de trabajo suelen ser espantosas, y su estatuto profesional sigue sin definirse. Así que comprendo su malestar", nos dice. El diagnóstico no es complaciente y el remedio es radical: "Habrá que reformar a fondo nuestro sistema de salud, poner encima de la mesa cuestiones muy difíciles, y reflexionar, por ejemplo, sobre el fundamento de la coexistencia de dos secotores, el público y el privado."

Al frente del Gran Oriente de Francia, el nuevo Gran Maestro tendrá la satisfacción de continuar y orientar el trabajo de reflexión de una institución que describe como un cuerpo intermediario de la República, entre el poder y la ciudadanía, y cuyas reflexiones se difunden, según nos dice, "por capilaridad". En esta importate función el generalista sucede a Pierre Lambicchi, un cardiólogo. Quizá sea un signo acreditativo de que las profesiones vinculadas al sector de la salud están muy representadas en el G.O.D.F. Entre sus 35 miembros, el Consejo de la Orden que elegió a Guy Arcizet tiene dos o tres médicos, dos quinesiólogos y un dentista. Y las batas blancas representaban el año pasado al menos un tercio de toda la estructura... En Vichy, tras su elección, el Doctor Arcizet manifestó querer impulsar la reflexión sobre las cuestiones sociales. "Tenemos una comisión de bioética reconocida por la Unesco, que expresa su parecer sobre cuestiones como la gestación en terceras personas, la homoparentalidad y, recientemente, sobre el régimen legal aplicable a enfermos con padecimientos de larga duración, trasplantados de corazón, enfermos de Sida o de cáncer, por ejemplo."

Sobre estas cuestiones que tocan de cerca al mundo de la salud, y sobre otras más alejadas del universo de las batas blancas, Guy Arcizet exhibe una verdadero espíritu aperturista y define la francmasonería como "un camino personal sin ninguna exclusiva". Le gusta recordar que "los caminos de la verdad son muchos" y subraya que en el Gran Oriente "no se rechaza sino a aquellos que excluyen." Intenciones que permiten entender que las puertas del Gran Oriente están más abiertas de lo que se podría imaginar. Y se abren además a la mujer. Y cuando se le plantea la objeción de quel mundo de los iniciados permanece sin embargo en un universo de lo secreto, Guy Arcizet corrige educadamente: "Digamos mejor discreto, porque la tranquilidad resulta necesaria para desarrollar nuestra reflexión fuera de la presión mediática..."


*Traducción realizada por el autor de este blog a partir de la entrevista publicada por el diario médico "Le Generaliste".

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