domingo, julio 25

Una viñeta


Hace unos días, en el diario El País, encontré esta viñeta que guardé en la carpeta de imágenes con la intención de publicarla algún día lejano. El caso es que tampoco me ha hecho falta esperar demasiado tiempo: Esta semana el periódico Levante, bajo un terrible titular que rezaba "la masturbación es un vicio y la homosexualidad, una disfunción", publicaba una noticia que comenzaba así:
"El programa de educación sexual que impartirá la Iglesia en colegios religiosos y parroquias valencianas recogerá los fundamentos más conservadores de la jerarquía católica en materia sexual. La masturbación es un "vicio" o "defecto" que puede trocar en "adicción" y que "hay que evitar". La homosexualidad es una "disfunción". La finalidad del sexo es la "procreación" y "hay que esperar al matrimonio" para practicarlo por primera vez. "Ningún método anticonceptivo evita del todo la posibilidad de embarazo", por lo que hay que rechazarlos. "El celibato o la vocación sexual de permanecer virgen es una opción que permite la felicidad y que puede ser muy enriquecedora".
La autora del "programa educativo" en cuestión es Concepción Medialdea, supernumeraria del Opus Dei. No sé exactamente qué poderes tiene un supernumerario, pero a tenor del párrafo precedente deben parecerse bastante a los de aquel Doctor Infierno que le hacía la puñeta a Mazinger cuando éramos pequeños. Con poderes o sin ellos, la señora Medialdea también se ha despachado con otro disparate semejante: "Los homosexuales se dañan a sí mismos".
Y lo peor de todo es que, lo que en principio se ha ideado para los colegios religiosos y parroquias, se prepara también para el alumnado de los colegios públicos "que lo deseen". La administración educativa de la Comunidad Valenciana no ha puesto mala cara; tampoco ha manifestado la intención de que estos contenidos, si se llega a firmar el correspondiente convenio con la privada entidad paraeclesial que los ha ideado, se impartan en inglés.
La guinda al pastel la ha terminado poniéndo la Iglesia católica chilena, que a través del Presidente de su Conferencia Episcopal, Alejandro Goic, ha planteado a la más elevada instancia de aquella República, don Sebastián Piñera, una propuesta de indulto que incluye a los torturadores al servicio de Pinochet que han sido condenados (y que no deben ser tantos, dicho sea de paso). Pude oir al señor en cuestión en un telediario, intentando explicar el alcance de su propuesta y las razones; algunas me sonaron mucho: no reabrir heridas, cerrar heridas... Las historias siempre se repiten y, por lo que se ve, últimamente son los mismos los que nos las cuentan a uno y otro lado del charco.

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