martes, julio 27

Santiago for president!


Su excelencia el Jefe del Estado se prodigó en Galicia, el pasado día 25 de Julio, en plantear pedimentos a un busto de madera policromada, orlado por una colorida pedrería que se renueva cada año reponiendo los cristales que los turistas arrancan parallevárselos de recuerdo.
La escena, representativa de esta sociedad nuestra, moderna, racionalista y soñadora de futuros mejores y luminiscentes, se repite año tras año como una manifestación más de la aconfesionalidad del Estado. No sé si antes del discurso o después, el máximo responsable de la cosa pública y su cónyuge (véase la conmovedora instantánea) ascienden por una estrecha escalinata, abrazando a la figura por la espalda y besándola discretamente en un hombro.
Arropado por una muestra representativa de la Iglesia católica, su Excelencia el Jefe del Estado dirige un discurso a los presentes y especialmente a Don Santiago, que le escucha atentamente, sin parpadear. A él se dirigen las demandas, habida cuenta de que, como mensajero que según se dice fue de la religión única y verdadera, tiene capacidad de obrar suficiente para moldear los designios de la Nación. Iluminación se le pidió para nuestros políticos. Iluminación demandó su Excelencia para los gestores de la cosa pública en la certeza de que Don Santiago puede proporcionarla:
Es todo lo mejor que se puede esperar de un país del que se dice no tiene religión oficial, y que se prodiga en tirar de la caja pública para pagar el continuo dispendio al que nos someten sus sacerdotes. Sólo falta que encima, por perversos y ateos, Don Santiago nos castigue negándose a dirigir el divino foco sobre nuestro porvenir, así que mejor callaremos aquí para dejar que se obre el milagro. Santiago for president! Por inquebrantables adhesiones que no sea.