viernes, julio 23

Prohibir para qué

En la tarde del miércoles, el Congreso de los Diputados instaba al Gobierno de la Nación a legislar la prohibición del uso del burka, supongo que a imagen del modelo francés. Por su parte el domingo, el diario El País publicaba una interesante entrevista con una persona especialmente mal tratada por los voceros de la caverna, Bibiana Aído, Ministra de Igualdad. Pregundada sobre la cuestión manifestaba lo siguiente:

"P. ¿Prohibiría el burka?

R. Me parece que es un error prohibirlo. El caso de Francia, donde se penaliza por ejemplo con cárcel y sanciones económicas, puede significar condenar doblemente a las mujeres. No me gusta el burka, ni el burka ni ningún velo. He sido muy criticada por eso, pero hay que buscar fórmulas para avanzar en la erradicación que pasan por un trabajo con las comunidades musulmanas que vamos a intensificar; y desde luego la prohibición general, en la calle, con la sanción correspondiente a la mujer, como es el caso de Francia, significa penalizar y victimizar doblemente a las mujeres. Estoy más en línea con el informe del Consejo de Europa, porque puede darse el caso que se sustituya el velo por las paredes. En España hoy por hoy no hay un problema real, porque no hay una cifra significativa. Pero eso no significa que podamos debatirlo con sosiego.

P. ¿No se ha debatido con sosiego?

R. No, se ha estado debatiendo desde el oportunismo absoluto y la demagogia."

He de decir que, a priori, me inclino por la prohibición no obstante la observación hecha por la Ministra. A mi modo de ver la cuestión tiene más relación con los derechos del ser humano que con cualquier otra cosa, aunque haya mujeres que, educadas bajo un condicionamiento pleno, asuman como algo normal verse envueltas en una tela que puede constituir de facto una cárcel ambulante.

Pero dicho lo anterior, tiene toda la razón Bibiana Aído cuando señala que en torno a esta cuestión no se ha hecho más que ejercer un vergonzante oportunismo e hilar un discurso demagógico. Reciente está todavía la polémica generada en la Comunidad madrileña a cuenta del velo de una alumna, que acabó sometida a un absurdo peregrinaje por diversos centros educativos. Y es que en este momento se confunde absolutamente todo evitando poner el acento en lo verdaderamente importante. Así cabe que nos preguntemos si se quiere prohibir el velo integral porque genera dificultades en la identificación de las personas. Si eso es así ¿nos atreveremos entonces con el hábito de las monjas del Lumen Dei? Cabe igualmente interrogarse si cuado se prohibe el hiyab en algunas escuelas, tal cosa obedece en realidad y únicamente a la voluntad de no admitir alumnos con la cabeza cubierta, o si por el contrario existe algún otro deseo encubierto. Es posible formular más cuestiones: ¿Se prohibe el uso de esta o aquella prenda porque supone la entrada de símbolos religiosos en las escuelas, mientras mantenemos contra viento y marea la colgada continuidad de los crucifijos? ¿Prohibimos porque quien viene "de fuera" tiene que aceptar "lo nuestro"?

Comprendo que con lo que argumenta, la ministra no esté por la labor de prohibir; y lo entiendo más aun teniendo en cuenta cómo algunos aprovechan el nacimiento del ratón que parirá esa montaña conocida como nueva Ley de Libertad Religiosa, texto en el que se cree cabe una interdicción sobre la que cada ciudadano de a pie se ha hecho una idea, aunque sin embargo tal cosa no haya servido para tener claras dos cuestiones fundamentales: la perfecta neutralidad que debería observarse en las aulas públicas en relación con las creencias religiosas de los individuos -y que debería ir un poco más allá de la decoración de las paredes o del vestuario de las personas-; y el riesgo que supone para la convivencia ciudadana dar el placet a la proliferación de comunitarismos que -así sucede en otras sociedades vecinas- se asientan al amparo del régimen de libertades existente y gracias al imperio de lo políticamente correcto.

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