viernes, junio 25

Solsticio


Se acabó el curso masónico. Pero no el trabajo. Parece que tendremos un verano lleno de labor a pesar de que la fecha señalada en rojo en el particular calendario de mi logia ha llegado.
Alcanzado este punto, ayer, día de hogueras, me sentí bien. Supongo que cuento con la ventaja de no vivir esto -desde hace ya muchos años- como una loca carrera hacia el mar. Y escribo sabiendo que aguarda un septiembre caliente, caliente, con la posibilidad no descartable de embarrancar una vez más en lo mismo, en lo que todo el mundo sabe. Creo que llevamos ya haciéndolo desde mil ochocientos sesenta y tantos, así que tampoco habría que asustarse ni extrañarse. En todo caso, seguiré fiel a la práctica del sereno silencio que, en este momento, es lo más prudente, sabiendo además que siempre amanece por el mismo sitio y que no faltará la luz.
Ayer se acabó el curso masónico. Siento en este año que se han hecho cosas buenas, que se han dado nuevos pasos: En mi casa y en las casas de otros que son como la mía. Y eso me produce un sentimiento de felicidad.
Ayer, en la Logia Rosario Acuña se cenó. Se cenó bien. Un ágape magnífico -menú asturiano-, celebrado en paz, serenidad y sosiego: tres cosas indispensables que cualquier grupo de seres humanos necesita para existir.
¡Feliz Solsticio!