jueves, mayo 20

¿A media luz?


Desde hace ya mucho tiempo tengo claro que la "vía francesa" hacia el laicismo es irrealizable en España. Guardo esa noción, consagrada en la vecina República en 1905, como una brújula de uso personal, pero sabiendo que aquí, en lo que fue la católica España, resulta por lo pronto inaplicable.
Así pues, aunque no las comparta en absoluto, comprendo las razones que explican el nuevo reglamento de honores militares que el Consejo de Ministros tiene previsto aprobar dentro de unas horas. El hasta ahora monopolio católico-castrense va a enfrentar una ligera sombra al tener cabida, en el abanico de actos de culto que pueden desarrollarse en el seno de las fuerzas armadas, otros credos de otras tantas confesiones religiosas, todas ellas también verdaderas.
En consonancia con el espíritu de la nueva Ley de Libertad Religiosa que se prepara, se va viendo que se opta también en este terreno por una particular modalidad de "café para todos", en detrimento de la anhelada neutralidad del Estado ante manifestaciones particulares y características del dominio propio de cada individuo.
La ruidosa algarabía que ha rodeado las primeras discusiones en torno al velo islámico en los espacios públicos siguen confirmando, a mi modo de ver, que España dista mucho de ser laicia y, por el momento, se nos queda en aconfesional ¡Y de aquella manera!
Ya ni siquiera sé si me consuela que en adelante, llegado el siglo XXI al Ministerio de Defensa, al Santísimo Sacramento no se le vayan ya a presentar honores de arma. Y es que no consigo quitarme de encima la sensación de que, tras treinta años de régimen democrático, seguimos como en el célebre tango de Gardel: Todo a media luz.

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