domingo, abril 4

Semana Santa

Han sido unos días tranquilos. Digamos que he hecho lo que he querido. He comido carne en Viernes Santo sin pagar bula, aunque era "roxa", de primera calidad y necesaria para recuperarme de una gastroenteritis. He descansado y he visto también las primeras golondrinas que, tímidamente, empiezan a acercarse al paraíso natural desafiando las últimas nevadas.
El domingo de Ramos anunció días hilarantes. Quizá no ha sido para tanto pero me he reído bastante. Ver al alcalde de Oviedo llevando tras el Arzoobispo una hoja de palmera seca, vestido todo de negro con raya diplomática, y acompañado por un igualmente oscuro séquito de concejales, me hizo pensar en eso de la España laica que algún malinformado ha creído leer en la Constitución. España, digámoslo una vez más, no es laica, es aconfesional. Por eso pagamos con dinero público profesores de religión, perdonamos a "alguna" confesión el Impuesto de Bienes Inmuebles, Gabino de Lorenzo va de palmero a los saraos que marca el calendario del Sr. Arzobispo, y Pepa Fernández interrumpe su programa de los domingos en Radio Nacional para retransmitir, como en los viejos tiempos, la bendición Urbi et Orbe, a la ciudad y al mundo, al niño y a la niña, al monaguillo... Dejémoslo. Contentémonos con seguir viviendo aconfesionalmente y que no aparezca el hombre de la mitra en un pleno municipal para dictar las nuevas disposiciones de ordenación urbana.
Pero, volviendo al riego en el que sembraba, durante estos días no he podido evitar estar al tanto de la "innoble persecución" de la que está siendo objeto la Iglesia católica, y en especial su gerente o director general, el Sr. Ratzinger. Víctimas de la aversión de unos pocos, toda la alta jerarquía ha salido como una sola voz a defenderse de las acusaciones que, sin duda alguna, se difuminarán con el paso del tiempo, gran aliado de lo supuestamente eterno. Abusos en los colegios. Abusos en los campamentos. Abusos en Alemania. Abusos en Italia. Abusos en Irlanda. Abusos en Estados Unidos. Abusos en Austria... ¿Y en España? ¿Cuántas fiscalías, cuántos jueces están interviniendo? No seamos perversos. No hagamos leña de este árbol, plantado firme en el suelo del miedo a la muerte. No nos alborotemos más, pues han pedido perdón. Sí, han pedido perdón y hasta han hecho alguna celebración eucarística que pretende ser meritoria, como la de hace pocos días en Viena en la que tuvo lugar un acto de contricción pública; pero, me pregunto, después de eso, cuántos obispos, arzobispos, clérigos de base y de escala intermedia han ido corriendo a la fuerza pública a denunciar los hechos ¿Uno? ¿Dos? ¿Ninguno?
La guinda la puso ayer un buen hombre del que el Vaticano ha dicho ya que hablaba a título personal, y que no tuvo mejor ocurrencia que comparar el acoso que supuestamente sufre su director general con la persecución que sufrió el pueblo judío. Seguramente el subconsciente jugó una mala pasada a Ranerio Cantalamessa, predicador del Vaticano -que también ha pedido disculpas ¡cómo no!-, al coincidir en esta ocasión el regocijo por la llegada de la primavera en el orbe católico con la celebración de la Pascua judía, pero no pude evitar el sonrojo: Sin duda el fingimiento como víctima es una práctica habitual empleada por estas gentes que, en cuanto les sacan los colores, claman por lo maltratados que son y gritan a los cuatro vientos la desgracia de su persecución... Y todo eso lo hacen mientras cierran los ojos, entreabriendo uno disimuladamente para ver cuándo escampa. Pero a veces les pasa lo que al pastor y el lobo, que ha sido el caso.
Sí, ha sido una semana con calvario incluído como hacía años que no se veía. Queda mañana, lunes de Pascua. Según el sitio toca reparto de la mona de chocolate o de la tarta, que es lo que a mí me daban con un billete verde cuando era pequeño (inocentes incentivos con los que regalaban mi infancia). Así que a lo mejor todavía podemos escuchar algún sonoro disparate o sonrojarnos con una nueva y silenciada fechoría. Pero tengan fe, llegará el día en que además de los golpes de pecho comparecerán ante la autoridad civil competente. Mientras tanto, esperemos.