jueves, marzo 18

Pareil!

Un buen amigo me ha hecho llegar esta viñeta publicada por la prensa francesa.
Fiel a esa sentencia que atribuye un peso específico a la imagen frente a la verborrea, me ahorro todo comentario. Buen día.

4 comentarios:

Al Kaffir dijo...

Queremos achacar frases a personas que por antipatía hacia ellas no nos importa caer en la falsedad. Hay que darle a cada uno lo que es suyo y lo de la frase de Milán Astray tiene su miga:
Pongámonos en situación: 12 de octubre de 1936. Día de la raza. Se conmemora la llegada de Colón a las Américas. En el paraninfo de la universidad de Salamanca se celebra un acto con la presencia de Carmen Polo, señora de caudillo, el obispo de Salamanca Enrique Plá y Deniel y el aun no lider del movimiento el poeta José Maria Pemán, que le llevaba a Franco el tema cultural, junto con el consabido General Millán Astray, fundador de la legión y ahora responsable de propaganda. Tras varios ponentes que le daban vueltas al mismo tema con retóricas fascio-imperiales llega el turno de Don Miguel de Unamuno, rector de la universidad y colocado allí por Franco tras haber sido depuesto del mismo cargo por Azaña por conservador y empieza:
“Se ha hablado aquí de la guerra internacional en defensa de la civilización cristiana, yo mismo lo he hecho otras veces. Pero no, la nuestra es solo una guerra incivil que no deja lugar para la compasión. Se ha hablado también de catalanes y vascos llamándoles antiespañoles; pues bien, ellos pueden decir otro tanto. Y aquí está el señor obispo, que es catalán, para enseñaros doctrina cristiana, que no queréis conocer, y yo, que soy vasco, llevo toda mi vida enseñándoos lengua española que no conocéis”.
Como se puede uno imaginar la reacción, pasados unos segundos de sorpresa, fue para grabarla. El obispo santiguándose, Carmen y José María mirándose el uno al otro con incredulidad, los legionarios y falangistas del publico buscando algo con que matar al viejo,¿Y Millan Astray? Pues estaba tan en shock que no podía ni hablar. Fue uno de sus subordinados el que gritó airado el lema de la legión: “¡Viva la muerte!”.
¿Es importante esta frase? Es un lema legionario, propio para medios castrenses donde se puede decir sin causar revuelo, pero para una reunión civil con civiles de por medio suena como una barbaridad. Yo la comparo a lo que el sindicalista José Ricardo Martínez dijo sobre el director del Banco de España, que: “se fuera a su puta casa”. Cuando se le preguntó, alegó que es lo que se dice en reuniones así.
Pero volvamos donde habíamos dejado a Don Miguel, pendiente de un hilo. No contento con la primera reacción, el maestro de la prosa ataca de nuevo:
“He oído el grito necrófilo de “viva la muerte”. Es lo mismo que si se dijera “muera la vida” , ridícula paradoja que me resulta repelente”. Y luego se viene contra el general Astray “El general es un invalido. No es preciso decirlo en tono mas bajo. Un invalido de guerra, como también lo fue Cervantes. Pero son dos extremos que no sirven como norma. Desgraciadamente hay hoy demasiados inválidos. Y pronto habrá más si Dios no nos ayuda. Me duele pensar que el general pueda dictar las normas de psicología de las masas, un invalido que carezca de la grandeza espiritual de Cervantes suele sentirse aliviado al ver aumentar el numero de mutilados a su alrededor. El general quiere crear una España nueva, una creación negativa sin duda, según su imagen. Y, por ello, desearía una España mutilada”.
Es entonces cuando Millán Astray grita incontenido “¡Muera la inteligencia!”. En medio de la algarabía Pemán toma la palabra intentando templar los ánimos: “¡No, viva la inteligencia, mueran los malos intelectuales!”. Pero Don Miguel no se arredra: “¡Este es el templo de la inteligencia donde yo soy el sumo sacerdote! Vosotros estáis profanando su sagrado recinto. Venceréis, pero no convenceréis, porque convencer significa persuadir. Y para persuadir necesitáis algo que os falta: razón y derecho en la lucha”.
Carmen Polo lo agarra del brazo cuando las bestias uniformadas sacaron sus pistolas y con ayuda de José María lo conducen a sitio seguro.
Esa es la historia, Astray solo dijo la mitad de lo que se le achaca (que no es mucho)supongo que apabullado por la superioridad intelectual de Unamuno.

Ricardo Fernández dijo...

Muy bien por la precisión. Yo conozco la historia desde hace tiempo gracias a un buen amigo de tiempos de la facultad que ahora me anda por Zaragoza; y hace pocos días la periodista Nieves Concostrina se despachó a gusto contando los detalles del "incidente".
Creo que después de aquello a Don Miguel lo sometieron a un arresto domiciliario. Y se murió en su casa a los tres meses, el 31 de diciembre del fatídico año 36... Falangistas uniformados llevaron a hombros su ataúd por las calles de Salamanca la blanca. Pobre hombre. No lo merecía.

Julia Rosa Álvarez Fernández dijo...

Este blog empieza a ser, al menos para mí, una ciber-clase.

Gracias a ambos.

gilber o la banda que disparaba torcido dijo...

Regio, doctor Al Kaffir.