domingo, febrero 28

Espacios laicos

Sobre eso que se conoce como "política exterior" del Gran Oriente se escribe mucho en nuestro país. La mayor parte de las veces con desacierto, poco conocimiento y muy escasa fortuna. La ignorancia general, propiciada sólo en parte por la distancia idiomática, favorece la expansión de la desinformación en perjuicio de todos y, especialmente, del propio Gran Oriente de Francia. Esta razón me ha llevado a traducir diversos textos. Y en esta ocasión me ocuparé de la intervención que P. Lambicchi tuvo a primeros de febrero en la Asamblea Nacional. Nada mejor que beber en la fuente original: Resultará útil para comprender que, tanto el Gran Oriente como otras organizaciones masónicas sólidas, no encuentran ningún problema en el hecho conjugar las iniciativas de trabajo "regionales" con otros proyectos más universales, como puede ser el de la construcción europea. Y resultará útil para seguir comprendiendo la verdadera naturaleza de determinados espacios de trabajo y cooperación, acotados por un marco geográfico, ya sea éste el mar Mediterráno o nuestro propio país, puestos en marcha únicamente para propiciar las más de las veces un diálogo conjunto y colectivo.

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Pierre Lambicchi: "La laicidad puede posibilitar una evolución tranquila de las sociedades mediterráneas"

Publicado el día 13 de febrero en el JMED

París.- Invitado como orador al coloquio promovido por el CAMED que tuvo lugar en el Palacio Bourbon el pasado 2 de febrero, Pierre Lambicchi, Gran Maestro del Gran Oriente de Francia -que apoya la construcción de la Unión para el Mediterráneo- puso de manifiesto el interés que los masones -y las masonas- de muchos países de la cuenca mediterránea tienen sobre la laicidad, concebida como "una forma de progresar y vivir juntos" y también capaz "de permitir una evolución de las sociedades mediterráneas tranquila, armoniosa y más fraternal, pues conlleva en si misma los valores de respeto, libertad y tolerancia.

« Los espacios laicos francés y mediterráneo»

Intervencion de Pierre Lambicchi

Señor Ministro, excelencia, sra. presidente del CAMED, señoras y señores embajadores, representantes de delegaciones universitarias, señoras, señores, queridos amigos:

Debo en primer lugar, en nombre del Gran Oriente de Francia, agradecer al Sr. Presidente de la Asamblea Nacional, al profesor señor Bernard Debré y a la señora presidente Ijab Khoury, la amable invitación a participar en este coloquio organizado por el Círculo de Amigos del Mediterráneo (CAMED) en relación con una cuestión que gusta mucho a los Francmasones del Gran Oriente de Francia, y que se refiere al desarrollo del Mediterráneo en todos sus aspectos.

El Gran Oriente de Francia, la más antigua Obediencia masónica de la Europa continental, nace en 1728 y tiene en este momento 50.000 miembros en más de 1200 logias repartidas por la superficie del globo; matiene relaciones amistosas y fraternales con una centena de obediencias masónicas extranjeras. Dicho con otras palabras: cuanto atañe al universalimo nos atañe directamente. Y el objeto de este coloquio, además, nos resulta particularmente querido porque mantenemos unos sólidos lazos con esta región del mudno, este Mare Nostrum que nos lleva hasta nuestros orígenes culturales.

Quiero además aprovechar esta intervención para decirles que el Gran Oriente de Francia saluda y apoya desde el principio el proyecto Unión para el Mediterráneo, congratulándose por los esfuerzos que tanto Egipto como Francia realizan al más alto nivel para hacerlo realidad.

En cierto modo, las Obediencias masónicas que participan desde hace ya doce años en la "Unión Masónica Mediterránea", dentro del marco de una conferencia anual que las reúne para trabajar en cada ocasión sobre un tema concreto, son las predecesoras de esta otra andadura. Intervienen en este encuentro anual francmasonas y francmasones de España, Francia, Grecia, Israel, Líbano, Marruecos, Portugal y Turquía. Estamos convencidos por tanto -y desde hace mucho- de que el desarrollo del Mediterráneo y en particular el diálogo intercultural entre los pueblos de su cuenca, puede contribuir de manera positiva a la comprensión de nuestra difierente historia, y también de nuestros valores respectivos, valiéndonos de un espíritu de escucha y tolerancia mutuas. Apoyamos la Unión para el Mediterráneo porque tenemos la esperanza de que se materializará en proyectos concretos. Y el relanzamiento del proceso que se ha producido en torno a una serie de dominios diferentes constituye para nosotros un mensaje esperanzador de gran importancia.
Dicho lo anterior vamos a centrarnos sobre la cuestión concreta objeto de esta mesa redonda: "Identidad y laicidad".
En aquéllo que me concierne, me gustaría abordar brevemente la cuestión de la laicidad en el espacio público, en el contexto específico de la sociedad francesa, y teniendo en cuenta que creo que la concepción francesa acerca de la laicidad puede ser exportada, en especial a sociedades multiconfesionales y multiculturales.
Creo que todos conocemos la historia de la laicidad en Francia y las tres rupturas que ha supuesto:
En primer lugar, la Revolución francesa de 1789 y la aparición de la soberanía de la Nación y de una búsqueda de la democracia en tanto que régimen de gobierno del pueblo y para el pueblo.
Luego la legislación escolar de finales del siglo XIX y la laicización de la educación: en la medida en que la República tiene la obligación de respetar la conciencia de cada cual, el ejercicio del voto debe ser responsable y con conocimiento de causa (N.T.: en la traducción literal de la expresión "el voto de ser iluminado").
Ya lo decía Víctor Hugo: "El Estado en su casa y la Iglesia en la suya".
La escuela pasa a ser obligatoria. Y para que todos los niños puedan asistir, ricos o pobres, debe ser gratuíta. Y además, para no atentar aunque sea mínimamente contra la conciencia del niño, ya sea creyente o no, la escuela pública ha de ser laica. Porque no se trata nunca de formar creyentes, sino ciudadanos críticos provistos de herramientas intelectuales que les permitirán perfeccionar sin cesar la democracia en la que vivien.
Y finalmente, la ley de 9 de diciembre de 1905 para la separación de las iglesias y el Estado, a la cual el GODF permanece muy ligado en tanto que se concibe como un pilar fundamental del edificio laico y republicano en Francia.
En 1905, Jean Jaurès escribía que: "La ley de Separación, representa un caminar consciente del espíritu hacia la luz, la ciencia y la razón plenas".
En este marco histórico y jurídico, la laicidad supone de mano la creación de un espacio de libertad.
Desde un punto de vista político, su etimología -Laos significa "pueblo" en griego, el pueblo indivisible- hace de la República el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo. La laicidad implica claramente el triunfo del derecho común.
La laicidad garantiza por otra parte la libertad individual de conciencia y de expresión dentro de los límites que implica el orden público. Supone igualmente la imparcialidad de los poderes públicos.
Pero es necesario recordar que la laicidad no tiene nada de antirreligioso. Al contrario, permite a cada ciudadano, creyente o no, vivir su fe o su ausencia de fe en la intimidad de su conciencia, sin interferencia alguna del poder político.
Por contra, sin duda surgen divergencias a veces muy intensas en torno a diferentes concepciones de la laicidad misma: Pensamos que en la sociedad, en el espacio público común a toda la ciudadanía en torno al cual la neutralidad religiosa se haya garantizada por el Estado, las religiones deben abstenerse de inteferir.
El espacio público es, entiéndase bien, toda la estructura del Estado republicano: todas sus instituciones, sus derivaciones, sus representaciones.
Entendemos también que el espacio público comprende el perímetro en el cual se desarrolla la función de servicio público del Estado: Por supuesto nos referimos a la escuela, pero también a los hospitales, y también a los diversos servicios ofertados por el Estado y las administraciones periféricas.
En Francia esta neutralidad religiosa impuesta en el espacio público en nombre del principio constitucional de laicidad, asegura desde hace más de un siglo la paz religiosa, social y política en interés de la ciudadanía.
La laicidad es en consecuencia una camino hacia el progreso y hacia la concepción de "vivir juntos", que permite en suma plantear este debate: Saber si queremos vivir unos "al lado" de otros o por el contrario, los unos "con" los otros compartiendo el mismo destino.
Para el Gran Oriente de Francia, la segunda opción de la disyuntiva que acabo de plantear nos parece infitamente más prometedora, porque permite desarrollar un proyecto de sociedad volcado hacia el otro y no uno comunitarista, cerrado sobre uno mismo.
Esta laicidad, concebida en singular y sin adjetivo alguno, es la que nos parece capaz de favorecer el "vivir juntos" en estas sociedades que son ya multiculturales a causa de los flujos migratorios. Puede resultar interesante la proyección de la concepción francesa de laicidad en el debate existente en torno a la evolución de las sociedades mediterráneas. Entiéndaseme bien, no se trata de imponer un modelo concreto sino de introducir en esas sociedades una cuestión relativa a su desarrollo y a su futuro.
A raíz del intercambio que mantenemos con nuestras hermanas y hermanos del Mediterráneo, constatamos que la laicidad constituye un verdadero punto de referencia. Más allá de las discordancias que pueden surgir en torno a las definiciones, inevitables por cierto sobre una cuestión como ésta, y que tienen su raíz en la historia y cultura de cada país concernido, descubrimos un punto de encuentro que nos permite afirmar que la libertad absoluta de conciencia, garantizada jurídicamente por el Estado y reflejada en el propio espacio público, es la mejor garantía de que los derechos de cada individuo serán respetados. Y todo esto, por supuesto, sin negar la existencia de diferencias entre los propios individuos.
Henri Pena-Ruiz señala al tratar este tema que: « Muy a menudo los seres humanos tienen tendencia a resaltar aquello que les divide. Con la laicidad hay que aprender a convivir con las diferencias teniendo como horizonte lo universal, sin olvidar jamás que tenemos intereses comunes en tanto que Seres Humanos».
Tengo que resaltar algo que he observado; y es que las mujeres que intervienen para tratar de esta cuestione están especialmente comprometidas en la promoción de la laicidad en las sociedades mediterráneas, y ello es así porque consideran que la laicidad es la mejor garantía para el respeto de sus libertades fundamentales.
Comprobarán que la cuestión de la libertad nunca está separada de la laicidad.
Para concluir he de decir que la Francmasonería es portadora de una ética humanista particular que hay que reivindicar: colocar siempre al Ser Humano en el corazón de todos los proyectos políticos. Esto forma parte precisamente de la noción de "Fraternidad" que cultivamos de manera regular en nuestros Templos. Y la laicidad puede, sin duda alguna por ser portadora de valores intrínsecos de respeto, libertad y tolerancia, permitir una evolución de las sociedades mediteráneas más tranquila, más armoniosa y fraternal.
Muchas gracias por su atención.
Pierre LAMBICCHI


Serenísimo Gran Maestro del GODF
Palacio Bourbon (sede de la Asamblea Nacional)
Paris, martes 2 de febrero de 2010


*La traducción al español de la intervención de Pierre Lambicchi ha sido realizada por el responsable de este blog.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Gracias por la apreciable traduccion. Unos mas que otros los pueblos parecen estar concentrados en deseos inefectivos para la civilizacion humana, referido especificamente a mi pais (el cual me preocupa por las conclusiones populares tan generalizadas y predispuestas sobre muchos conceptos importantes). Este articulo tiene la capacidad de iluminar hacia una direccion fresca hacia la evolucion desde conceptos muy claves como la educacion y el respeto autenticamente definidos; mas ayá de terminos diplomaticos o religiosos. Por ejemplo: la concepcion de que la educacion debe ser laica y gratuita. Llevado a la practica ya en algunos paises. No me compete aseverar, pero creo que los esfuerzos de muchos pueblos esta descincronizado con el desarrollo evolutivo de la humanidad; el centro de los esfuerzos parece, mas bien, estar en circunstancias meramente pasajeras y motivadas por intereses a corto plazo, que por lo mismo, no repercuten ni alimentan la evolucion y la union del ser humano.

Me parece valiosa tu aportación y te animo a que sigas en tu camino de la información con la traducción ya que es un aporte directo y valioso a la humanidad.

Ricardo Fernández dijo...

Muchas gracias por el comentario. Un cordial saludo.