sábado, enero 9

Satisfacción moderada

Hace muy pocos días el poder local de la Ciudad de México daba un paso adelante y aprobaba lo que desafortunadamente se conoce como matrimonio homosexual, etiqueta con la que los medios de comunicación han venido bautizando la evolución experimentada por esta institución jurídica reguladora de una particular relación civil. La medida además venía acompañada por el reconiciento de la facultad de adopoción de menores por parte de los cónyuges.
Por otro lado, en el día de ayer, la Asamblea legislativa de Portugal daba otro "paso histórico " en palabras de su Primer Ministro, el socialista José Sócrates, permitiendo que las normativa del matrimonio civil pueda aplicarse en adelante tanto a personas de diferente como del mismo sexo, poniendo fin a la sempiterna discriminación sufrida por los homosexuales.
A pesar del regocijo general, y no dejando de reconocer importancia al avance, no puedo evitar observar que Portugal santifica con esta decisión la existencia de matrimonios civiles de primera y segunda categorías, pues las parejas del mismo sexo, al contrario de lo que sucede en España, no podrán adoptar. A lo mejor es porque "la sociedad no está preparada"; o es posible que se tema una reacción agresiva de los niños -que ya se sabe que son muy crueles- educados por la heterosexualidad de orden para apedrear llegado el caso al diferente. Pero a lo mejor no es nada de eso. Quizá simplemente topamos una vez más con ese posibilismo oportunista que define la política tantas veces en todas partes.
Siempre hay un empeño en resistirse a todo avance, a todo cambio. Y forma parte de la propia naturaleza humana rebelarse a pesar de los palos que se traban una y otra vez en las ruedas del carro: En Portugal una nada extraña coalición formada por la derecha política y la confesión católica intentó, in extremis y sin éxito, someter la reforma de la norma civil en materia de matrimonio a un referendum.
En la ciudad de México, ha sido el propio Presidente de la República el que no ha vacilado en colocarse al lado de la indignación episcopal y anunciar el consabido recurso impugnatorio.
En España, no lo olvidemos, pende sobre la nueva regulación del Código Civil en materia de familia aprobada en 2005, un recurso de inconstitucionalidad. Quienes lo han promovido argumentan ante los medios de comunicación en contra del nombre que se le ha dado a la "institución". Hasta la reina Sofía ha venido a meterse en camisa de once varas con esta cuestión. Intencionadamente se insiste en que la denominación de la unión de dos personas no reciba el mismo nombre dependiendo de quiénes sean los contrayentes, porque en el fondo se prentende que tales uniones nunca sean equiparables, y más en el fondo anida el prejucio contra el homosexual.
En Portugal, aunque la unión de dos mujeres, de dos hombres, o de una mujer y un hombre se cobijen bajo el mismo paraguas legal de la institución del matrimonio, lo cierto es que unos podrán ejercer el derecho legítimo de adoptar y otros no.
Forma parte de la naturaleza humana y de nuestra propia historia el trazar líneas para colocar a un lado de ellas a unos o a otros según interese. Unas veces el criterio diferenciador ha sido el color de la piel; otras la orientación sexual; otras el género; y así hasta llegar a un infinito etcétera. Y como decíamos antes, también forma parte de la naturaleza de las personas el esforzarse no para traspasar esas líneas, sino para borrarlas con el ánimo de que nunca más vuelvan a existir.
Nunca, en ningún lugar, existirán derechos y libertades ciudadanas conquistados con carácter perenne. En Portugal tan sólo se ha dado un pequeño paso: la línea que dibuja los perfiles de la desigualdad, algo más difuminada, sigue existiendo y mi satisfacción no puede ser más que moderada.

2 comentarios:

Miguel Bernardo dijo...

Es cierto lo que escribes Ricardo. Portugal ha dado un paso pero con categorías..matrimoniales . Me llamó la atención sin embargo la posición de la Iglesia en este país ( me refiero a la curia) que en un comunicado manifestó que no tenía nada que decir al respecto ya que estó eran temas de la Asamblea... Podrían aprender aquí en España no? .. Un abrazo
Miguel Bernardo.

Ricardo Fernández dijo...

Sí, es cierto: Esa es otra arista de la reflexión que dejo para otra nota. Pero es verdad que muchos podrían aprender ¡Y deberían hacerlo! Un fuerte abrazo.