viernes, diciembre 4

Ornamentos


El responsable de la gestión en España de los asuntos concernientes a la confesión religiosa católica, Sr. Rouco Varela, ha manifestado hallarse muy molesto ante la resolución del órgano en el que reside la soberanía de la ciudadanía de nuestro país, por la que se interesa del Gobierno de la Nación -supongo que pensando en la redacción de la nueva Ley de Libertad Religiosa- la aplicación de la reciente doctrina jurisprudencial del Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo. Para quienes lo hayan olvidado ya, el citado órgano emitía no hace mucho una sentencia en la que se protegía el derecho a la libertad religiosa de una ciudadana italiana a la que, no siendo creyente, se le imponía soportar la presencia de un ornamento confesional en el aula del colegio público al que asistía su hija.
El Sr. Rouco dice que la supresión del ornamento en cuestión (un crucifijo) en las aulas públicas, auspiciada por el Parlamento, es una muestra más del belicoso e intolerante avance del laicismo radical en España. Igualmente, el representante de la que dice ser confesión religiosa mayoritaria del país, señala que el voto de los diputados españoles refleja un comportamiento antidemocrático. Ahí queda éso.
A estas alturas, tras siglos de dominación y dictadura de conciencia en España, a nadie puede extrañarle semejante barritar ante lo que no es sino un pequeño estornudo en nuestro sinvivir aconfesional. Digo lo de estornudo con toda la significación de vendaval minúsculo y ahogado que conlleva la palabra, pues el pronunciamiento del Parlamento no es sino otro de esos pequeños avances en el laico caminar hispánico. Queda muy lejos todavía alcanzar el anhelado punto de destino que pasa por proclamar en nuestro texto constitucional la absoluta neutralidad del Estado ante las confesiones religiosas; o por que la hacienda pública deje de ser una máquina recaudatoria al servicio de uno de esos credos en particular; o , citando un último ejemplo, por que los colegios dejen de ser el lugar en el que se imparta una doctrina no científica que correspondería hacer efectiva en los establecimientos religiosos especializados, destinados a tal fin.
¿Por qué este empecinamiento en que en las aulas aparezcan crucifijos? ¿Por qué las escuelas son el lugar idóneo para la exhibición de un símbolo religioso? El nuevo arzobispo aparecía hoy en la prensa liberal e independiente de Oviedo denunciando con grandes titulares el robo que algunos quieren perpetrar sobre "nuestra historia" ¿Quiere decirse entonces que para que no nos roben "nuestra historia", es necesario que los crucifijos permanezcan clavados en las paredes de las aulas cuyo sustento económico asumimos todos los ciudadanos, creyentes o no, con nuestros impuestos? ¿Cree alguien realmente que los crucifijos que vigilan el aprendizaje de las matemáticas, de las lenguas de la nación, de las artes, lo hacen con el único ánimo de preservar nuestra historia? ¿Qué historia, por cierto? ¿La de la Iglesia que oficia misas en honor y a la gloria de la última dictadura sufrida por los españoles? ¿La de la Iglesia que anatemizó y sembró, a sangre y fuego, la ceguera por Europa entera?
No espero mucho del nuevo texto legal que sobre libertad religiosa prepara el legislador. La voluntad política es más bien escasa y temerosa (no hay más que leer las últimas declaraciones de Álvaro Cuesta para darse cuenta de esto); y la modorra social -con algunas excepciones- evidentemente palpable. Me conformo con bien poco. Tal vez con que el nuevo articulado sea al menos capaz de cambiar la ornamentación de las aulas públicas, garantizando una neutralidad absoluta de este espacio ¿Llegaremos a ello? ¿O se asustarán finalmente los diputados y los técnicos del laicismo "incluyente" ante tanto frufrú de sotanas?

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Usted, señor abogadoestudiadoenfrancia, tiene el pre-juicio de que la Iglesia es un mal social y hace el silogismo elemental para decidir su aniquilamiento.
Por ejemplo, ¿sabe cuanto ahorran al Estado los colegios religiosos? ¿sabe cuanto ahorra al Estado instituciones de la Iglesia como Caritas? ¿sabe porqué hay universidades en España? Pues entérese.

Ricardo Fernández dijo...

¿Quién habla aquí de aniquilar a nadie? ¿De qué me tengo que enterar?
¿Quién ha criticado aquí a Cáritas? ¿Qué me importa a mí lo que se ahorre al Estado o se deje de ahorrar si de lo que estoy hablando es de la ocupación de un espacio público por una confesión religiosa? De los supuestos ahorros hablamos otro día, si quiere.
Yo no me tengo que enterar de nada, señor anónimovenidodenosesabedonde, es Ud. el que tiene que centrarse sobre el objeto de discusión.

La llave de Sefarad dijo...

Un artículo valiente.Ya es hora que en España se respete lo que dice la constitución, que es un estado aconfesional y dejemos de atemorizar a la gente con ese catolicismo guerrero que se olvida de todos los que no creen o creen de otra forma: judíos, mulsumanes, evangelicos, masones, etc..Basta ya de imposiciones de este catolicismo carca y retrogado. Un saludo

gilber o la banda que disparaba torcido dijo...

Estimado anónimo.

Una vez mas parece necesario recordar una verdad de perogrullo.

Su reino no es de este mundo y aunque lo fuese, le recuerdo que su reino no es el mio.

Por favor no me lo imponga ya que como bien puede ver a diario yo a mi vez me abstengo de hacerle participe de mis creencias, las cuales, con toda seguridad no merecen su aprobación.

La gran diferencia es que en mi barbarie atea, yo concibo con absoluta normalidad que usted tenga sus creencias siempre que las tenga donde debe tenerlas, en los espacios donde usted y sus comunes se encuentren en comunion con su Dios (fijese que utilizo la mayuscula para nombrar al centro de su fe, y todo ello por el profundo respeto que me merecen usted y su creencia. Sin embargo, por alguna razon inexplicable usted y los que son como usted se empecinan en hacerme participe de su experiencia sin tener en cuenta mi negativa).

Me impone sus ritos y habitos. Me recuerda la hora nona con sus campanas y me ofende con su empecinamiento a la hora de mostrar a mis hijos una imagen martirizada.

Crea usted en lo que deba o tenga que creer pero permitame segir con mi negativa y en todo caso condenarme, si es menester.

Recuerde aquello que su Dios dice que nos dió y respetó: El libre albedrío.

Y yo, todos los dias, ejercitandolo me niego a compartir sus señas de identidad religiosa.
Si El consiguio aceptar mi margen de error, si permitió que Eva se metiera en una pumarada o aceptó que Caín descerrajara un mortal golpe de quijada a su hermano, siendo todos ellos prohombres de su particular historia sagrada, quien es usted para intentar corregir a un insignificante ateo que deambula por la calle sin meterse con nadie?.

Con todo el respeto que usted me merece pero con la firmeza que otorga el tener la razon de mi parte, le pido humildemente que se olvide de mi y de los que como yo deseamos seguir nuestro rumbo.

Recoja usted sus señas de identidad y siga gozosamente con sus ritos.

Le garantizo que los que son como yo y yo mismo, le aplaudiremos y le animaremos a seguir con su fé.

Que usted lo pase bien.