jueves, diciembre 10

Derechos, votos y atascos


El pasado domingo un periódico francés, L´Est Républicain, publicaba un artículo firmado por Patrick Perotto con un título de ésos que hablan por sí sólos. Me ha sido fácil contactar con el autor y solicitarle permiso tanto para traducir como para publicar su texto en este blog. Hay que decir que lo hago encantado, sabiendo, además, que contribuyo a mantener al tanto de esta singular evolución de las cosas a una buena cantidad de lectores que se hayan a este lado de los Pirineos y, un poco más lejos, al otro lado del Océano.
El artículo tiene un final que resulta un tanto amargo para quienes desde hace mucho tiempo venimos defendiendo con claridad una posición. Me refiero a la cuestión del derecho al voto de las mujeres, que en Francia no vio la luz, como bien dice el articulista, hasta el año 1946, una vez derrotado el nazismo. En España, el sufragio verdaderamente universal fue reconocido en el año 1934, gracias, entre otras cosas, al empeño de una mujer que también era francmasona: Clara Campoamor. Curiosamente, una de sus oponentes fue Victoria Kent, pensadora feminista que veía en el voto femenino un obstáculo "en aquel momento", pues siendo las mujeres cautivas entonces del confesionario, preveía una victoria de la derecha de entonces que, en efecto, se produjo en la primera convocatoria electoral.
Me quedo con la línea de pensamiento de Clara Campoamor aunque comprenda muchas cosas: lo que es exigible nunca es negociable.
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El Gran Oriente se atasca con historias de mujeres


La decisión de prohibir la iniciación de mujeres en su seno ha sido anulada por la justicia interna. Dos logias de la Lorena tienen su protagonismo en la tramitación de este expediente.

Votarán otra vez. Una vez más y como casi todos los años desde hace ya cinco. Los delegados del convento (asamblea general) del Gran Oriente de Francia, que cuenta nada menos que con 47.000 miembros, se pronunciarán en septiembre próximo sobre la admisión y la iniciación de las mujeres en el seno de la obediencia.
El debate es muy tenso desde hace varios años entre los partidarios de la ortodoxia -una obediencia estrictamente masculina- y los partidarios del aperturismo. En el último convento, celebrado a principios de septiembre, el 56% de los hermanos votaron contra la iniciación de las mujeres, y el 58,7% en contra de la afiliación de hermanas ya iniciadas en otras logias. Pero a la vez, también rechazaron inscribir el carácter masculino del GODF en el reglamento general.
Tras la celebración de este convento, tres logias partidarias de la iniciación de mujeres -Condorcet 89, de Créteil, Saint-Jean de Jérusalem, de Nancy, y Saint-Jean le Parfait Désintéressement de Mirecourt (en los Vosgos) recurrieron a la Cámara Suprema de Justicia Masónica, una especie de Tribunal Supremo interno.
"Un auténtico combate"
Y han ganado. No por una cuestión de fondo sino por "un vicio de forma". El procedimiento utilizado para la votación se encuentra "en contradición con las disposiciones del reglamento general", según indica la justicia masónica en su pronunciamiento del día 20 de noviembre. "Este reglamento no señala ninguna característica de género, hombre o mujer", argumento un ciudadano de la Lorena muy comprometido a favor de la iniciación de las mujeres. "Ni lo prohíbe ni lo autoriza, y estamos llevando a cabo un auténtico combate", insiste.
El consejo de la orden del GODF, el poder ejecutivo, se reunió una semana más tarde, remitiéndose en un comunicado a las decisiones adoptadas en 2008 que rechazaban entonces otorgar a las logias "la libertad de iniciar y afiliar mujeres", amenazando de paso con sanciones a las logias que actúen en sentido contrario.
Cinco de esas logias sin embargo ya iniciaron "hermanas", firmándose un protocolo de conciliación con el consejo de la orden. A la espera de una decisión final en septiembre próximo con ocasión del convento de 2010, "de aquí a entonces -escribe Pierre Lambicchi, gran maestro del Gran Oriente-, el consejo de la orden desea que esta cuestión no se convierta en una obsesión o en una manzana de la discordia".
Históricamente el GODF ha tenido siempre problemas con las mujeres. Los francmasones se opusieron siempre a que se les reconociera el derecho de voto a finales del siglo XIX y a principios del XX. Para ellos, las mujeres estaban en manos de los curas. Este derecho, el de voto, fue reconocido por De Gaulle en 1946. Las tres principales obediencias masónicas -GODF, Gran Logia de Francia y Gran Logia Nacional de Francia- rechazan la mixtidad. A menudo muy críticos con respecto a la Iglesia católica, los francmasones del GODF comparten al menos un punto en común con ella: el rechazo a las mujeres.

Artículo publicado por Patrick Perotto en L´Est Républicain el domingo día 6 de diciembre de 2009