viernes, noviembre 13

J.M. Quillardet en Le Nouvel Observateur

La revista Le Nouvel Observateur dedica en su último número un amplio espacio a Jean Michel Quillardet, quizá el mejor Gran Maestro que ha tenido el Gran Oriente de Francia en el último cuarto de siglo. Creo que siempre es bueno que lleguen sus palabras a España, entre otras cosas, porque pienso que la valentía siempre es una cualidad admirable.
Además aprovecho para hacerme eco de la existencia de su blog, al que ya le he colocado un enlace destacado en esta página.

----------------------

EN PORTADA

"El poder real de los francmasones"

Su papel en la vida pública sigue destatando pasiones y alimentando fantasmas. Los "negocios", sus relaciones con el poder, la transparencia, la situación de las mujeres... Jean Michel Quillardet, que ha sido gran maestro del Gran Oriente entre 2005 y 2008, responde a nuestras preguntas sin eludir ninguna.

Le Nouvel Observateur.-
¿Cómo entró Ud. en la francmasonería?
Jean Michel Quillardet.-
Tenía ya treinta años cuando me inicié en una logia, la Diógenes, de la que sigo siendo miembro hoy día. Mi padre también era francmasón - y lo sigue siendo hoy con 85 años-. Para él fue más difícil que para mí. Su familia era burguesa, católica, y en los años 1930, este tipo de derecha era dura, casi "maurrasienne" (N.T.: Charles Maurras, fallecido en 1952, es uno de los ideólogos de la Acción Francesa. Fue condenado por colaboracionsimo y permaneció recluído hasta su muerte). Un horror para él, que se orientaba más bien hacia la izquierda. Nunca le dijo a su madre que era francmasón. Yo, por contra, nunca me escondí. Ni de mi mujer, ni de mis dos hijas -y tampodo de sus amigos, que le hacen muchas preguntas-. Avancé, escalón tras escalón, hasta ser gran maestro en 2005, en medio de una crisis de nuestra obediencia. Tras finalizar mi mandato no ejerzo ninguna función oficial.

N.O.-
¿Cómo va la masonería? Las opiniones están divididas...
J.M.Quillardet.- Hay algo cierto: nos cuesta mucho respirar. Nos enfrentamos en este momento a una crisis que afecta a nuevas incorporaciones y que está ligada a una crisis del militantismo en general. La media de edad en el Gran Oriente se situan en torno a la cincuentena, y nos cuesta mucho atraer a gente más joven. La cotización es cara, entre 300 y 400 euros al año, y la juventud afronta grandes dificultades. A pesar de todo las cifras progresan discretamente, pero eso no es suficiente. Somos hoy unos 170000 miembros en Francia de los cuales 47000 pertenecen al Gran Oriente de Francia, primera obediencia en el país. La Gran Logia Nacional Francesa (GLNF), aumenta sus efectivos, pero fundamentalmente ¡recurriendo al mailing! Utiliza un marketing directo y demasiado agresivo para nuestro gusto.

N.O.-
La entrada de mujeres en logias masculinas sería un medio de ampliar la capacidad de crecimiento...
J.M.Quillardet.- En efecto, es una posibilidad. Pero hemos perdido el tren en septiembre: el convento del Gran Oriente (asamblea anual) ha cometido un error histórico al rechazar la libertad de las logias para iniciar mujeres. Esto implica una contradicción con nuestros propios principios, la igualdad, la fraternidad y la universalidad. Pero creo que los hermanos desean permanecer en una obediencia masculina principalmente por que no quieren hermanas en el consejo de la orden (el órgano ejecutivo del Gran Oriente, integrado por 35 miembros). Además, si hubiéramos tomado esta decisión habríamos sido mejor tratados por los medios de comunicación de lo que lo somos habitualmente: presentados como una banda de negociantes, un superpoder en la sobra que distribuye el poder entre los amigos.

N.O.- Es cierto, la francmasonería tiene una mala reputación...
J.M.Quillardet.- Lo que escribe Sophie Coignard en su libro ("Un Estado dentro del Estado", Albin Michel) no es falso, si bien lo que ella cuestiona es la "nomenclatura" francesa, esa élite que se reparte los puestos, las prebendas, el poder y que funciona como una telaraña. Pero no es la francmasonería la que estructura a todos estos "happy few" (N.T.: "elegidos"). En mi logia hay menos políticos y altos funcionarios que policías, maestros u otros directivos. Además hemos hecho una limpieza en nuestras filas tras los asuntos político-financieros de los años 80 -he de precisar que la mayor parte de los francmasones incriminados pertenecían a la GLNF-. Por otra parte creo que hay que terminar con esta cultura del secreto que alimenta la fábrica de fantasmas en torno a nuestra pretendida fuerza oculta, a pesar de que para algunos sea precisamente esta opacidad lo que les atrae. Hay que abrir las puertas de los talleres, hay que ser más transparente.

N.O.- La transparencia ¿ha de llegar hasta tal punto que implique un "comming out"?
J.M.Quillardet.- Estoy convencido, los personajes públicos y los políticos deben dejar de esconderse. Todavía hay numerosas personalidades políticas de primer orden que no quieren aparecer. Cuando yo fui gran maestro, algunos alcaldes masones me recibían casi en la clandestinidad. Tenían miedo de espantar a su electorado por culpa de nuestra reputación de maquinadores o por la cuestión religiosa. No debemos ser francmasones avergonzados. Todo lo contrario, debemos estar orgullosos de ser francmasones. Somos republicanos, somos humanistas. Será precisamente gracias a esta transparencia que podremos tener un poco de influencia en las cuestiones públicas.

N.O.- ¿Ha desaparecido entonces esta influencia?
J.M.Quillardet.- Bien, habría que empezar por dejar de decir que los francmasones están en el origen de todas las leyes progresistas. Desde luego hemos jugado un papel imporante en 1905 para lograr el voto de la ley de separación de las iglesias y el Estado, pero ni Jaurès, ni Aristide Briand, ni Maurice Allard eran francmasones. El derecho al aborto se logró ante todo gracias a las feministas, aunque uno de los nuestros, Pierre Simon, ginecólogo y cofundador del sistema de planificacion familiar, haya luchado como nadie. Algo parecido ha sucedido con la pena de muerte: Robert Badinter no pertenecía a ninguna obediencia.
Nuestra influencia ha sido real entre los años 1900 y 1930, nuestra edad de oro. Muchos ministros, presidentes del Consejo de Estado y parlamentarios eran francmasones. Los réimenes paralmentarios de la III y de la IV República favorecieron nuestro poder porque las mayorías y las coaliciones se apoyaban sobre las ideas. La fraternal parlamentaria, que reunía a francmasones de todas las obediencias, tenía un gran peso en los debates concernientes al laicismo, la igualdad, los valores democráticos (N.T.: "republicanos" en la traducción literal). La bipolarizacion instituida por la V República redujo considerablemente nuestro peso. Hoy los parlamentarios son de izquierda o derecha antes que francmasones. Le daré un ejemplo: Las enmiendas presentadas en relación con los tests de ADN. Hemos tenido una posición radicalmente contraria. El presidente de la fraternal parlamentaria, Pierre Bourguignon, del Gran Oriente, reunió a todos los francmasones para pedirles el voto en contra ¡Nada que hacer! Cada cual siguió la disciplina de voto marcada por su grupo.

N.O.- Así que el trabajo de reflexión en las logias no sirve de mucho...
J.M.Quillardet.- Pues sí, es un verdadero problema porque nuestra riqueza intelectual es desaprovechada ¿Qué podemos hacer con los trabajos hechos en las logias? Hay una aterradora ausencia de antenas emisoras a pesar de la presencia en nuestras filas de cargos electos, funcionarios o periodistas.

N.O.- ¿Sobre qué cuestiones querrían ser escuchados?
J.M.Quillardet.- El debate sobre la identidad nacional lanzado por Eric Besson es para mí inaceptable y de una gravedad extrema. "Estemos orgullosos de ser franceses", ¡es el regreso de Vichy! Yo, por ejemplo, estoy por la prohibición del burqa, pero no en nombre de la identidad nacional sino en nombre de la universalidad. Éste es un tema sobre el cual el Gran Oriente tiene que intervenir, y no es el único. Cierto número de nuestros principios democráticos (N.T.: "republicanos" según la traducción literal) están siendo adulterados, como es el caso del fichero Edvige (N.T.: El fichero Edvige es una pretensión inicial del actual gobierno de la República Francesa para controlar la militancia y pertenencia de determinados cargos de la administración a determinadas asociaciones, entre ellas la masonería), que vuelve a plantearse en una versión más suave.

N.O.- ¿Qué relaciones mantiene el Gran Oriente con Nicolás Sarkozy?
J.M.Quillardet.- En el año 2007 su discurso de Letrán sobre "el laicismo que no tiene el poder de cortar las raíces cristianas de Francia" marcó para nosotros una peligrosa ruptura con el principio de neutralidad religiosa del Estado. Quisimos reunirnos urgentemente con él valiéndonos de la intermediación del antiguo gran maestro Alain Bauer, uno de sus asesores más cercanos. De inmediato Nicolás Sarkozy corrigió su posición, que impactó hondamente a muchos republicanos. Pero no ha dejado de criticar el laicismo. El 29 de enero de 2009, se reunió con las principales obediencias masónicas. Pero considera que formamos parte de los "cuerpos intermediarios" de la misma forma que el movimiento asociativo. Por contra le da un trato mucho más favorable a los representantes de las comunidades religiosas.

N.O.- Parece que con ocasión de ese encuentro, el Gran Oriente y la Gran Logia nacional francesa hicieron patente su rivalidad...
J.M.Quillardet.- Las relaciones no son buenas entre las dos principales obediencias. Cuando fui gran maestro del Gran Oriente nunca me reuní con mi homólogo en la GLNF. Las diferencias provienen del hecho de que la GLNF no quiere para nada complicarse con el debate público, mientras que los hermanos del Gran Oriente consideran que hay que tener peso en el debate público. En 2002, cuando hicimos un llamamiento público a votar en contra de Jean Marie Le Pen en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales, la GLNF se negó a reunirse con nosotros.

N.O.- Uds. han conbatido también el hecho de la iniciación de algunos jefes de Estado africanos por la GLNF...
J.M.Quillardet.- El gran maestre de la GLNF está muy orgulloso de contar entre sus hermanos a déspotas como los gaboneses Omar y luego Alí Bongo, o el congoleño Denis Sassou-Nguesso. Es innegable que estos presidentes nada democráticos utilizan la francmasonería para reforzar su poder y hacer negocios. Creo que es un honor para el Gran Oriente negarse a pactar nada con quienes son el sustento de la "Françafrique" (N.T.: "Françafrique", expresión francesa que combina las ideas de Francia y África para explicar la idea del neocolonialismo).

N.O.- En la larga historia de la masonería ¿qué personajes le han aportado más?
J.M.Quillardet.- Sin dudarlo, Montesquieu, que era un francmasón convencido y que desarrolló la teoría de la separación de poderes, de lo teológico y de lo profano, de lo absoluto y lo relativo. A continuación, Voltaire, cuya obra está impregnada de valores masónicos y que acabó siendo iniciado al final de su vida. Más cercano a nosotros, Pierre Mendès France, francmasón cuya acción política nunca traicionó a los ideales, y Jean Zay, ministro de Educación con el Frente Popular, aborrecido por la extrema derecha, asesinado por la Milicia en junio de 1944.

N.O.- No cita Ud. a ninguno de su contemporáneos...
J.M.Quillardet.- No me gustaría enfadarme con mis hermanos citando a unos y no a otros.


2 comentarios:

Actualidad Masónica dijo...

Interesante información. Nos haremos eco de ella en nuestro blog. Saludos fraternales

Ricardo Fernández dijo...

Muy agradecido por la difusión. Un fuerte abrazo.