lunes, noviembre 16

Excomuniones y arrepentimientos


No le he dedicado mucho tiempo al señor Camino. Monseñor Camino. Estoy hasta los mismísimos bemoles de tantos monseñores. De los que llevan alzacuello y de los que llevan toga; de los calzan tacón alto y de los que se ponen alzas; de los que llevan corbata y de los que anudan pajarita. Sí, estoy harto de tanto monseñor que, urbi et orbe, no deja de dar por saco al personal y nos inunda de sabiduría, orden y buen hacer. Y no me he ocupado de Camino a pesar del hartazgo porque, entre otras cosas, creo que es muy consecuente con la disciplina aplicada y las instrucciones impartidas por su organización. Franco también era muy consecuente. Y Stalin. Y tanta gente canalla. Así que me importa bien poco lo que puedan hacer con quienes pequen o dejen de pecar; me importa bien poco que comulguen o dejen de comulgar los feligreses de domingo y fiesta de guardar. No le encuentro trascendencia a la historia: Es una cuestión eminentemente privada.
Otra cosa es que los caprichos se conviertan en ley. Otra cosa es que un diputado no pueda votar una norma. Yo no elijo a los diputados atendiendo a si son o no católicos. Si fuera así me exiliaría antes de alcanzar la edad de jubilación, que es lo que tengo previsto en este instante de mi evolución vital. Luego, más adelante, librado de tanto botarate, ya se verá qué hago con carácter definitivo.

2 comentarios:

Utopia, pero menos. dijo...

Visualiza tío visualiza que te va a dar algo. caso´n Soria

Ricardo Fernández dijo...

Tengo mucha violencia interior acumulada. Debe ser eso. Y que llevo una semana con mucha tensión. Debe ser eso también ¡Y que toy muy fartucu! ¡Cagonmimanto!