viernes, octubre 30

Amistad y dinero...


Hay un momento en que a uno de los Corleone alguien le relata su desventura: un problema de dinero prestado o pedido a un amiguete. El Padrino, haciendo exhibición de esa proverbial sabiduría y seguridad que dan las canas y las pistolas, sentencia: "Amistad y dinero: Aceite y agua".
Lo anterior viene a cuento por el tejemaneje de dimes y diretes que se traen estos días las organizaciones ultra católicas, "Hazte Oír" y "Foro de la Familia", a cuenta del reparto de los dividendos obtenidos en la concentración que el pasado día 17 de octubre organizaron en Madrid, para protestar contra la reforma de la ley que el Ministerio de Igualdad prepara en materia de salud sexual, reproductiva e interrupción del embarazo.
El corte del tráfico rodado, llevado a cabo según los cálculos más objetivos por algo menos de sesenta mil personas, tuvo muy escasa capacidad recaudatoria a tenor de las últimas declaraciones que emanan del Foro de la Familia.
Uno, que ha asistido a alguna que otra manifestación, no deja de sorprenderse ante el hecho de que en este "sarao confesional" se haya montado nada menos que un sistema de mensajería por móviles, un "bebé-Aído" -que no sé muy bien lo que es-, camisetas, gorras y "merchandising" variado. Yo estaba acostumbrado a aquello del Socorro Rojo de otros tiempos; y más recientemente a las cajas de resistencia. Pero este descomunal ejercicio mercantil me ha dejado "ojiplático".
Parece ser, según dice la prensa roja, que "Derecho a Vivir" -que es algo así como la máquina recaudadora de "Hazte Oír"-, tuvo tentaciones de quedarse con una gran parte del pastel económico, en detrimento de otros convocantes. La tensión llegó hasta tal punto que casi ni llega a celebrarse la algarada callejera. En este sentido ayer, Benigno Blanco, presidente del Foro de la Familia y que en otro tiempo fue la mano derecha de Francisco Álvarez Cascos en el Ministerio de Fomento, compareció ante los medios de prensa y confirmó una vez más que el dinero es muy malo y que el agua y el aceite no mezclan, por más que uno se esfuerce. Y dejó entrever además que, o bien los dos millones de personas que, según su versión, respaldaron el pacífico disturbio adolecían de una urticante tacañería; o bien no eran tantos y pusieron poco.
Tenía razón don Corleone. Aunque me viene a la cabeza una sentencia de mi abuela, que no siendo siciliana pero teniendo muy a gala el ser la Cuenca minera asturiana, dice de otra forma igual de concluyente: "¡Qué males son les perres, fía!

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