viernes, septiembre 18

Una carta de Elisabeth Badinter

Acaba de llegarme de Francia un artículo publicado en prensa a modo de carta abierta. Lo firma Elisabeth Badinter, escritora y destacada pensadora feminista. Creo que merece la pena traducirlo, pues aborda una cuestión que más temprano que tarde llegará a nuestras puertas sino lo ha hecho ya.

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Carta abierta a quienes visten voluntariamente el burka

Una vez que las más altas autoridades religiosas musulmanas han declarado que la vestimenta que cubre la totalidad del cuerpo y de la cara no traen causa de un mandato religioso, sino de la tradición -ya sea la wahhabita para unas (el caso de Arabia Saudí), o la pastuna para otras (Pakistán/Afganistán) ¿vais a continuar cubriendo vuestro rostro?
Si continuais escondiéndoos así de la mirada de los demás, teneis que entender que suscitais desconfianza y miedo en niños y adultos ¿Hasta tal punto somos despreciables e impuros a vuestros ojos como para rechazar todo contacto, toda relación y hasta la complicidad de una sonrisa?
En una democracia moderna, en la que se intenta instaurar la transparencia y la igualdad de sexos, venís a decirnos con claridad que todo eso no es cosa vuestra, que las relaciones con los demás no os importan y que nuestra lucha no es la vuestra. Me pregunto ¿por qué no volveis sobre vuestros pasos, a las tierras sauditas o afganas, donde nadie os pedirá que descubrais vuestra cara, donde vuestras hijas, llegado el momento, también serán cubiertas con un velo, donde vuestro marido podrá ejercer la poligamia y repudiaros cuando le apetezca, cosas que hacen sufrir allí a tantísimas mujeres? Os lo digo muy en serio: Estais utilizando las libertades democráticas para volverlas en contra de la propia democracia. Subversión, provocación o ignorancia, resulta menos escandaloso vuestro rechazo que la bofetada que dais a vuestras propias y oprimidas hermanas, pues, ellas sí, arriesgan sus vidas para poder disfrutar de una libertad que vosotras despreciais. Hoy es vuestra elección, pero quién sabe si el día de mañana no sereis felices por poder cambiar de parecer. Ellas no pueden hacerlo. Pensadlo bien.