martes, septiembre 8

Lyon


Sobre el Convento de Lyon ya he dicho bastante con la caricatura publicada en el día de ayer. Enredar y unirme al coro de lamentos que, por un lado se quejan ante la derrota y por otro gimen ante las lógicas descalificaciones y críticas dirigidas contra el Gran Oriente de Francia, no aportaría nada relevante.
El Gran Oriente de Francia se ha quedado una vez más como estaba. No es ningún misterio. Su asamblea no reconoce una libertad no proscrita en sus reglamentos internos, y al tiempo no alcanza la mayoría necesaria para introducir la exigencia de nacer hombre como requisito indispensable para ser miembro de pleno derecho. La rebelión interna sigue siendo un ascua encendida; los tiempos de zozobra y tormenta no se despejan; el "recul" es incontestable; y en la corte y villa de París se preparan para "reorientar" convenientemente a las seis mujeres y un transexual a las que se les permitió hacer eso que se llama el "parcours maçonnique" en el seno de la obediencia.
No estoy contando nada que no se sepa. Todo esto viene en los periódicos.
Poco ha cambiado: El Gran Maestre recién reelegido para su segundo y último mandato sigue mareando la perdiz con los periodistas, contestando cosas que no son o que son a medias. Nada hay que criticarle en este punto que no se nos pueda criticar a otros, pues, con honrosas excepciones, siempre se ha salido por peteneras a la hora de responder a las embarazosas preguntas de los medios; y quien escribe, por aquello de la disciplina de partido que tan bien me fuera inculcada en familia, no ha sido una excepción a la hora de soltar tinta de calamar usando el "derecho de visitas". Suerte tenemos de enfrentarnos a periodistas que saben tan poco y que tan poco quieren saber.
Pero algo ha cambiado: En Lyon se ha recogido el 44% de los votos a favor de una evolución notable en el Gran Oriente. Ya no podemos seguir viviendo exclusivamente del fruto de la apuesta de Fréderic Desmonds, que tras quince años de pelea, logró la abolición del deismo normativo y obligatorio en los textos constitucionales de la Obediencia. No podemos seguir contando lo mismo tras el paso de más de un siglo. Ese 44% de los votos, logrados sin la existencia de un debate previo en el Convento, ha de ser tenido en cuenta y consideración por respeto a la totalidad de los talleres que hay detrás, y que son quienes empujan esta nave hacia un cambio que, por cualquiera de las vías admitidas en derecho, se presenta como inevitable.
Sea como fuere, dejando al margen la luctuosa decisión sobre la iniciación y el farragoso procedimiento de votación tan mal gestionado, hay algo digno de remarcar: por primera vez en la historia del Gran Oriente de Francia, un español, miembro de la Respetable Logia W.A.Mozart, al oriente de Madrid, presentó una propuesta y convenció a un auditorio: El camino queda abierto para que nuestra lengua sea también utilizada de forma oficial en una obediencia que, ya lo he dicho muchas veces, sólo tiene ya origen francés, pues su vocación es universal.
Hay que seguir. Nunca nadie dijo que fuera fácil. El Gran Oriente representa para muchos la esencia de la masonería laica y de progreso. Tiene un gran defecto -o cien-, sí, pero también ofrece el marco adecuado para debatir, proponer e intentar convencer. Desde las pequeñas logias podemos hacer un trabajo determinado; pero es la Obediencia la que nos aglutina y da entidad, la que nos entrega los medios para poder desarrollar nuestro cometido en los espacios locales que nos corresponden. No hagamos dramas; busquemos soluciones a corto plazo para que, sino las siglas, nuestros ideales, nuestra práctica, nuestros principios específicos e identitarios queden a disposición de todo ser humano. No nos rindamos ahora bajo el desánimo dejando el campo libre y expedito para todo aquello que hemos criticado. No entreguemos armas y bagajes cuando somos cada vez más. Persistamos, pues en eso consiste la labor de desbastar. No despreciemos a nadie, pues cada cual puede elegir en masonería el camino que más le satisface; pero sigamos trabajando para que todo el mundo, sin exclusión de ningún tipo, pueda tener al menos la oportunidad de elegir libremente el mismo que nosotros transitamos.
Este viaje a Lyon ha sido especial para mí. Lo he disfrutado. He paseado por las calles empinadas que llevan al Teatro Romano y he visitado algún que otro "bouchon" lyonés. He escuchado la Marsellesa en Bellecour, la plaza en la que Rousseau fue seducido hace ya muchos años. He disfrutado del sol cruzando a un lado y a otro del Saona y del Ródano. Y durante la noche, atravesando el puente Morand, vi de lejos una proyección luminosa reflejada en una pared. En letras blancas figuraba escrita la palabra Clara. En letras azules, justo debajo, el apellido Campoamor. Clara Campoamor tiene un pequeño espacio que la recuerda en la orilla izquierda del Ródano... Ése ha de ser nuestro futuro, trabajar y luchar. No vencer, sino trabajar y luchar. Éso es lo que como masones ha de importarnos por encima de todo. Éso, y sentir la fuerza y el cariño en el abrazo que te da un hermano en el momento de la despedida.
¡Viva el Gran Oriente de Francia!

8 comentarios:

Julia Rosa Álvarez Fernández dijo...

"Aquel que vota en contra de los derechos de otro, cualesquiera que sean su religión, su color o su sexo, está abjurando de ese modo de los suyos".
Condorcet.

Condorcet: filósofo francés que participó en la redacción de la Contitución revolucionaria. Fue condenado a muerte por Robespierre y se envenenó en su primera noche de cárcel.

La Belle Nuit dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Ricardo Fernández dijo...

Gracia Julia:
Agradezco mucho esto. No sabes cuánto.

Anónimo dijo...

Julia... nunca una cita ha sido mejor empleada.. Gracias por descubrírmela ¿me la puedo apropiar? Que la pongo en mi facebook... cargando leches!!

Ricardo Fernández dijo...

Seguro que Julia te da permiso... Yo también voy a sacarle mucho partido.

Anónimo dijo...

Mira que eres duro de pelar y cabezón...;-)
Ánimo.
Y gracias.

Julia Rosa Álvarez Fernández dijo...

Anónimo, ¡qué alegría que te guste esta cita! Para mí también ha sido un descubrimiento.

Ricardo, me paso el día amordazando a mis dedos para no escribir lo que por mi cabeza pasa sobre el tema "democrático" del Gran Oriente.
Vergüenza ajena siento.

Nada más que decir: vergüenza ajena y en grado sumo por venir de donde viene.

Ricardo Fernández dijo...

Ni te cuento yo lo que les tengo que hacer a mis dedos...Pero hay que seguir. Precisamente por venir de donde viene hay que seguir. Por eso y porque casi la mitad piensa lo mismo que aquí defendemos.