domingo, septiembre 27

Cuando se pierde el tren

Cuando se pierde el tren. Ése podría ser el sentido del título, traducido al español, del último artículo de Jean Michel Quillardet, recién publicado en rue 89, un reconocido diario digital francés.

Nunca me ha interesado mucho la "geopolítica masónica"; y cada vez me importan menos todas esas complicadas analíticas del porqué, el cómo, el dónde, con quién, hasta cuándo... Prefiero ocuparme de debates importantes y tangibles como éste de la igualdad de derechos de las personas y el alcance de la libertad de las logias, razón por la que, sabiendo además que contribuyo a informar a una gran mayoría sobre lo que está sucediendo, me animo a traer al blog este texto de alguien a quien tengo un profundo respeto y cariño, y que encarna para mí la lucidez y determinación necesarias para encarar el momento actual.

Jean Michel Quillardet expresa su opinión respetuosa y crítica. Muchos intuíamos que la evolución del Gran Oriente de Francia era posible y que el cambio, o tenía lugar en el año 2008, bajo su mandato, o no tendría lugar a medio plazo. Si en el año 2007 faltaron seis votos, en el año 2008 volvió a faltar un breve y leve porcentaje para darle la vuelta a la tortilla: Los errores se pagan. Y la precipitación comporta una factura muy elevada.

Efectivamente, coincido con el autor: Hemos fracasado. Unos hemos planteado propuestas moderadas y creo que juiciosas; otros no tanto; y un tercer grupo ha considerado que su soberanía y las cuestiones relativas a principios fundamentales de los seres humanos no existen en función de un voto u otro y, en consecuencia, han tirado por la calle del medio. Cada quién ha tenido sus razones y ha trabajado con mayor coordinación o, en la mayor parte de las ocasiones, sin ningún tipo de concierto. Frente a esto ha existido intransigencia, materializada en una serie de disparates y malas artes reveladores del miedo al cambio: octubre de 2008 comenzó con un proceso a 169 maestros "rebeldes" que llevó al más absoluto de los ridículos a la institución.

Hemos fracasado pero nada se ha perdido. O si se quiere, remedando a De Gaulle, se ha perdido la batalla pero no la guerra. Hay que seguir. Hay que seguir, porque si alguien se agota defendiendo el principio de soberanía de su logia, o defendiendo el hecho de que todos los seres humanos nacen iguales en derechos y obligaciones; si alguien se agota -digo- defendiendo estas cosas, entonces se ha equivocado de lugar desde el primer día. Si Fréderic Desmonds, al que tanto se venera de boquilla, machacó el yunque quince años para conseguir que se reconociera el principio de libertad de conciencia en el Gran Oriente de Francia -lo que hoy es nuestra principal seña de identidad masónica-, nosotros también podremos seguir su ejemplo. Hay que continuar, sí. Hay que continuar desde dentro y dejarse de tanta queja. No tenemos derecho.

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Mixtidad: La francmasonería deja de lado su propia historia.-

En su asamblea general del 3 de septiembre de 2009, el Gran Oriente de Francia ha rechazado de nuevo, mayoritariamente, la posibilidad de que una mujer pueda ser miembro de la principal y más antigua obediencia masónica de origen francés.

Aparte del aspecto totalmente anacrónico que trasluce, esta decisión supone además un retroceso histórico para la francmasonería en relación con la evolución de la sociedad, y el cumplimiento del objetivo común de los francmasones para la consecución de una sociedad más justa, más fraternal y más humana.

El Gran Oriente de Francia se enorgullece con razón del trabajo hecho por sus antecesores en favor de la libertad de conciencia, de los derechos de las personas en 1789 y más adelante, en 1948, con la aprobación de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, o en favor de la proclamción del principio de separación de las iglesias y el Estado, la igualdad social y el laicismo.

Todos estos principios fueron suscritos y reivindicados por los antiguos grandes maestros del Gran Oriente en un artículo publicado en Le Monde el pasado 26 de agosto de 2009, y también por el Gran Maestro en ejercicio.

¿Cómo podemos construir un mundo excluyendo a la mitad del género humano?

En esta sociedad en la que una mujer es amenazada con cuarenta latigazos por llevar pantalón; en la que las mujeres sufren la exclusión de toda forma de enseñanza y vida social y ciudadana, en Afganistán, donde se ven obligadas a llevar un velo que esconde todo su cuerpo; en la que las mujeres son siempre, por efecto de las violaciones, las primeras víctimas de las guerras; en la que la igualdad hombre-mujer, a nivel de salarios, responsabilidades y empleo, constituye una reivindicación que no puede ser cuestionada por ningún demócrata; en esta sociedad, cómo es posible que los francmasones, que se consideran herederos de la Ilustración, puedan cerrar la puerta de su asociación ¡a la mitad del género humano!

Ya lo sé: me van a decir éso de que todas las tardes las logias del Gran Oriente de Francia, mujeres que pertenece a otras obediencias femeninas o mixtas particpan en las reuniones junto a los hermanos del Gran Oriente. Pero eso no impide que a día de hoy, y éste es el meollo del asunto, niguna mujer puede cotizar, y en consecuencia ser miembro y participar en la animación de la vida interna del Gran Oriente de Francia.

Ninguna mujer puede ser elegida a ningún puesto de responsabilidad en el seno de esta asociación que cuenta alrededor de 50.000 miembros.

¿Es esto normal?

Siendo Gran Maestre del Gran Oriente de Francia entre septiembre de 2005 y septiembre de 2008 inicié este debate cuando nadie lo pedía, pensando que una toma de conciencia podía llevar finalmente, y por vías democráticas, a una decisión favorable y también decisiva de nuestra asamblea.

Hicimos el esfuerzo pero hemos fracasado.

Es algo que constato con tristeza.

¿Cómo puede ser hoy creíble el discurso de los francmasones en torno a cuestiones como la bioética, que en muchos de sus aspectos afectan a los derechos fundamentales de la mujer?

¿Cómo podemos a día de hoy defender con solidez el laicismo, que es la expresión de la universalidad y de la igualdad entre todos los ciudadanos, cualquiera que sea su origen, su militancia o su cultura?

La decisión actual tomada por la asamblea del Gran Oriente de Francia es reveladora de un repliegue de la fracmasonería sobre sí misma, separándose de las problemáticas sociales en las que, sin embargo, debería estar plenamente implicada en nombre del progreso de la humanidad.

Palabras frívolas y discursos de otros tiempos

Habrá sensibilidades puras que contraargumentarán que la francmasonería es una sociedad iniciática en la que no hay iniciaciones mixtas, sino únicamente masculinas o femeninas: Toda una frivolidad que se identifica con un discurso pasado de rosca.

¡Hasta los cultos religiosos no se practican ya de la misma forma que en la Edad Media!

Habrá otros que vendrán a decirnos que hay dos géneros, dos sexos, y que no es del todo inconcebible que haya hombres que puedan desear reunirse entre ellos y mujeres entre ellas.

¡Cierto! Pero de ahí a prohibir a las mujeres tener los mismos derechos en el seno de la misma asociación hay una enorme distancia.

Ningún argumento racional, ningún argumento ético y ningún argumento masónico es adminisble para oponerse a la adhesión de una mujer a una obediencia masculina como el Gran Oriente de Francia.

Quizá con la desesperación y el grito de alarma que estoy lanzando en este momento pueda provocar un sobresalto y lograr, por fin, que los miembros del Gran Oriente de Francia que han estado siempre a la cabeza de las necesarias evoluciones de la francmasonería, se ubiquen de nuevo y sean capaces de retomar el camino de la iniciación masónica, ese camino que nos enseña a tomar distancias con respecto a nosotros mismos, con respecto a nuestros apriorismos, a nuestros tabúes, nuestras pasiones, y siempre con el objetivo de "reunir lo disperso"

¡Cómo vamos a "reunir lo disperso" si no somos siquiera capaces de reunir a los hombres y a las mujeres, juntos, en el corazón de la principal obediencia masónica "francesa"!

Alfred de Vigny escribió :

«Cuando se conoce la historia de las mujeres desde el origen de la humanidad, no es buenos días lo que hay que decirle al encontramos con una. Más bien hay que pedirle perdón".

A pesar de todo, continuemos en el trabajo de convencer y sin perder la preocupación de mantener la unidad de la Obediencia.


Jean Michel Quillardet, abogado, miembro del Gran Oriente de Francia, ha dirigido esta obediencia entre los años 2005 y 2008

7 comentarios:

Julia Rosa Álvarez Fernández dijo...

Sé del esfuerzo de algunos miembros del Gran Oriente; pero creo que a las mujeres nos tratan como a "vasallas", así que por favor que se vayan quitando eso de "igualdad".
Disculpas, Ricardo, pero como no estoy "dentro" supongo que puedo quejarme todo cuanto quiera, es más, creo que tengo todo el derecho del mundo.
Pero bueno siempre me queda... "La sección femenina".

Para ser justa, estoy segura, completamente segura, de que algunas mujeres estarán conformes con esta exclusión. ¿Sabes? Hoy, no sé el porqué pero estoy más enfadada de lo habitual con el tema, y al leer "Gran Oriente" me viene a la cabeza aquel anuncio (eres muy joven pero seguro que lo conoces): "Soberano... es cosa de hombres". Y una ya está harta de tanta testosterona.

Ricardo Fernández dijo...

Toda la razón del mundo, pero ojo con el cañonazo, no vaya a ser que del ímpetu causes daños colaterales: Acuérdate que hay un 44% que piensa como tú en esta organización. Eso son unas 23.000 personas...
No estamos solos.

Julia Rosa Álvarez Fernández dijo...

Al hablar de "La sección femenina" no pretendía equiparar al Gran Oriente con la Falange; siento mucho haberme expresado tan mal; era una pequeña broma a Ricardo, una ironía. Tengo muy claro lo que significan el uno y la otra; si no fuera así no estaría llamando a su puerta todo el tiempo.
Me han escrito para aclararme que nada tienen que ver, lo agradezco mucho; trataré de ser más cuidadosa en mis comentarios.
Mil disculpas.

Ricardo Fernández dijo...

Querida Julia:
No sé exactamente a qué te refieres con lo de que te han escrito, pero yo había entendido el comentario perfectamente.
Nada hay que disculpar. Y mejor bromeamos un poco porque en caso contrario oleríamos a vinagre de lejos ¿no?

Julia Rosa Álvarez Fernández dijo...

Tesis que ayer expuso en Gijón la catedrática y filósofa Amelia Valcárcel:

«Hay que aprovechar que hemos alcanzado la libertad de palabra, que es la más fuerte que hemos conocido. Y la palabra, cuando se une con el saber se vuelve un arma cargada de futuro».
. «Cuando yo salí de España la primera vez, en 1977, éramos el país más atrasado de Europa, con la tasa de natalidad más alta del continente; un país del que no merece la pena rescatar nada o casi nada. «Ahora somos el asombro de Europa. Somos el país que tiene la primera ley contra la Violencia de Género, donde hay un Gobierno paritario y donde se ha aprobado una ley de matrimonios homosexuales

¿Qué ha ocurrido para que las cosas sean ahora tan diferentes? eso se lo deben las mujeres a ellas mismas. «El feminismo es la gran fuerza moral de cambio social que ha construido una sociedad mejor para todas y todos. «El feminismo es compasivo y no puede existir sin mirar al resto del mundo, por eso mientras haya una mujer vendida o maltratada, el resto de mujeres estamos igual de mal que ella», afirmó Valcárcel.

En «Feminismo en el mundo global» su autora ya vive cerca del poder y en sus páginas transmite la idea de haber visto más de lo que habría querido, lo que ha sido la causa de que ahora sea «más descreída». Valcárcel reconoce seis centros de toma de decisiones en la sociedad. Los dos primeros, los poderes públicos y el sector económico, «están ya están suficientemente diseccionados» por las teorías feministas, lo que los hace «más transparentes». En cambio, hay otros cuatro que determinan la vida de las personas y que siguen siendo opacos: «Los medios de comunicación, la religión, el mundo de la creación y del saber». Es en ellos donde se está produciendo la mayor desigualdad sexual. «Con la excusa de que a los altos puestos de estas esferas sólo llegan las excelencias, las mujeres no llegan», sentenció Valcárcel.


Amelia Valcárcel, como ayer se recordó en el Centro de Cultura Antiguo Instituto, es una asturiana de adopción que lleva luchando muchos años por los derechos de las mujeres y su conocimiento sobre la teoría feminista y su historia queda patente en la obra y en sus múltiples trabajos.

Ayer en Gijón recordó que «en la transición había que levantar la hipocresía y eso fue lo que hicimos las feministas, dándole así un buen baño al discurso oficial». Ahora las cosas han cambiado, la globalización ha traído cosas positivas, pero todavía hoy «nacer mujer en ciertos países es una condena».

Julia Rosa Álvarez Fernández dijo...

Se me olvidó apuntar que el anterior comentario era un resumen de un artículo de Cynthia García, publicado en La Nueva España el 15 de septiembre; se titula: «el feminismo es la gran fuerza moral de cambio que ha construido una sociedad mejor», palabras de la catedrática y filósofa Amelia Valcárcel.

Lamech Noé dijo...

Bises Fraternelles
Noé Lamech