viernes, agosto 28

Una de autobuses



Oh, Jerusalem. Oh, autobuses de Jerusalem. Acabo de enterarme de que existen unos autobuses puros, acordes con los designios de la más alta divinidad, la única divinidad, la verdadera. La que no permite trabajar los sábados, ni hacer esto, ni lo otro. Los autobuses son conocidos como "mehadrin". Se trata de una línea especial que atraviesa el barrio de Mea Sharim, conocido por ser el dulce hogar de la ortodoxia judía. Desde allí, los que son conocidos como "haredim" organizan sus algaradas callejeras los sábados para impedir que la gente trabaje, pues peca y ofende al altísimo correspondiente. Este grupo "social", que aglutina más o menos al quince por ciento de la población, se dedica mayoritariamente a la oración y a tener criaturas, viviendo de la subvención pública y pasando los días sin dar palo al agua. Se benefician de la ventaja que les da ser una quasi confesión en un país en el que los equilibrios son excesivamente delicados y el hecho religioso no es precisamente algo que se viva en la intimidad familiar.
El caso es-a lo que iba- que si en una parada sube al autobús una mujer e intenta sentarse al lado de uno de estos desaliñados barbudos, se encontrará probablemente (ya se ha denunciado algún caso) con que éste escupirá sobre el asiento para evitar tan perniciosa compañía ¡Una mujer!
El asunto ha llegado más lejos de lo que inicialmente era una línea de autobuses específica para los barbudos y sus mujeres. Ellos subían, se sentaban delante, y las mujeres, vestidas con largas sallas y con peluca (para no excitar a los castos varones con sus cabellos al viento, supongo), se arremolinaban disciplinadamente en los asientos del fondo. Pasado el tiempo, a los barbudos no les han bastado sus líneas de autobús y, armados por la posesión de la verdad... El final del cuento, creo que todo lector podrá imaginarlo.
¿Qué respuestas podrá dar unos de estos barbudos a las inevitables preguntas que algunos querríamos hacerle? Es la tradición. Es la ley de Yaveh. Total, qué más da: Las dejamos ir en el mismo autobús; y además tienen la opción de ir andando o en coche... Nosotros no les impedimos viajar.
Bromas lúgubres aparte, las agresiones han dejado de ser algo excepcional. E incluso hasta el propio alcalde de la ciudad de Jerusalem ha sufrido un ataque de este grupo de fanáticos totalitarios. Las reacciones no se han hecho esperar pero, como siempre, surgen las posiciones que acaban haciendo un daño infinito. Los tibios son perniciosos cuando se trata de la defensa de los derechos de las personas. Dice el periódico lo siguiente:
"El Ministerio de Transporte israelí rehúsa pronunciarse sobre este asunto y según su portavoz, Ora Salomón, se ha formado un comité que está estudiando el asunto: "Emitiremos una recomendación en unas semanas". Dicen que la existencia de estos autobuses es una exigencia de los haredim y que es un tema sensible del que no quieren hablar."

1 comentario:

Al Kaffir dijo...

Parece un asunto trivial, me refiero el del transporte público, no solo en Jerusalem sino en todo Israel. La verdad es que sufren un autentico problema circulatorio. Ruego presten un momento de su tiempo en escuchar las quejas de este ciudadano afectado (siento que sea en ingles): http://www.youtube.com/watch?v=OKvz3aeRo8I