lunes, agosto 17

Objetores


Con frecuencia, a lo largo de la historia más reciente, se suele acusar al partido en el gobierno de no tener las cosas muy claras en materia de laicismo o en sus relaciones con las confesiones religiosas, donde siempre da unas cuantas de cal y alguna de arena. Se podría volver a meter el dedo en la misma llaga a cuenta del acuerdo suscrito por el gobierno de la Generalitat de Catalunya con el Colegio de Farmacéuticos de la comunidad, admitiendo la posibilidad de que estos profesionales, obligados a la prestación de un servicio público, puedan "objetar" y no dispensar el fármaco conocido como "píldora del día después". El Ministerio de Sanidad, por su parte y según las más recientes noticias, va a revisar el citado protocolo que, viniendo de donde viene pondrá en jaque la distribución de un producto no abortivo en el país, donde no tardaremos en ver a otras administraciones autonómicas copiar el modelo catalán "vamos a llevarnos bien".
Me pregunto hasta dónde alcanzará esto de la objeción de conciencia. Sé que hay jurisprudencia del Tribunal Constitucional sobre el particular, pero el caso es que la costura rompe siempre por el mismo sitio, y acabo interrogándome sobre para qué nos sirve la legislación si, finalmente, un criterio religioso particular, personal e íntimo, acaba impidiendo la aplicación efectiva de una norma. Es escandaloso, por ejemplo, que para la práctica de la interrupción de un embarazo, haya que recurrir en España a la sanidad privada porque en el sector público el índice de médicos que "objetan" alcanza casi el 98 %. Es igualmente escandaloso que una administración como la catalana haya suscrito un protocolo como éste, con un colegio profesional, dando por bueno en último grado el argumentario de que el fármaco en cuestión es abortivo, algo que por contra, se había desmentido desde otras instancias sanitarias una y mil veces. Ahora, todo ese esfuerzo de comunicación se ha ido al traste por esta manía ejercida con empezinamiento de dejar contentos a todos.
Comenzaba en todo caso estas notas diciendo que el reproche ante este tipo de salidas de tono siempre suele soportarlo en solitario el Partido Socialista; en este caso, aunque no me he leído ninguna declaración de otros responsables políticos, la pifia alcanza a la izquierda revolucionaria y auténtica. Sí, llega al zaguán de lo poco de sensato que en el país quedaba vinculado al espectro de "Izquierda Unida"; y a Ezquerra Republicana. Ambas formaciones integran también el gobierno autonómico que, en suma, se ha sentado a fumar una pipa de la paz cargada de incienso.
Ayer, el diario El País, en contra de lo que suele ser habitual, centraba más o menos bien el objetivo y se dejaba de andar con paños calientes con estas cosas ¿Estaremos a tiempo de humedecer, aunque sea levemente, el protocolo "objetor" suscrito en Catalunya? Hagan sus apuestas.


---------------------------------------
EDITORIAL
País de objetores


El protocolo que permite a las farmacias negarse a vender la píldora poscoital es un despropósito
16/08/2009

La Constitución regula la objeción de conciencia sólo para asuntos militares, según establece en su artículo 30.2. Hace ya muchos años que el servicio militar ha dejado de ser obligatorio, pero a la sociedad española le han crecido los problemas de conciencia por doquier. Está reciente todavía el episodio -exótico en algunos de sus pasajes- de la oposición por parte de comunidades gobernadas por el PP a impartir Educación para Ciudadanía en centros escolares.
Pero eso no sorprende en un país que garantiza el derecho al aborto y que apenas lo practica en hospitales públicos (un 2,5% del total) debido a la objeción de los médicos. Los problemas de conciencia también han llegado a los jueces en un asunto relacionado con el aborto. El pasado mes de julio fue imposible arrancar un pronunciamiento técnico-jurídico en este sentido del Consejo General del Poder Judicial. Las creencias religiosas de su presidente, Carlos Dívar, ganaron el pulso a los criterios jurídicos y frenaron que el Consejo informase sobre el proyecto de ley de salud sexual y reproductiva e interrupción voluntaria del embarazo, un texto que pretende europeizar la legislación española introduciendo los plazos.
El último episodio objetor ha llegado hace unos días, en pleno agosto, desde Cataluña. Después de que el Ministerio de Sanidad anunciara que las farmacias deberían dispensar sin receta la píldora poscoital y la que no lo hiciera podría exponerse a una multa de más de 90.000 euros, la Generalitat catalana y el Colegio de Farmacéuticos han llegado a un acuerdo que lleva la conciencia al interior de las boticas.
En las farmacias de Cataluña gobernará un protocolo por el que los establecimientos que se nieguen a vender la píldora poscoital deberán indicar a la paciente la farmacia más próxima para adquirirla. La ciudadana deberá también someterse a un cuestionario que realizará el farmacéutico o el mancebo de botica que en aquel momento se halle detrás el mostrador. Probable y desgraciadamente, la senda iniciada por Cataluña será seguida por otras comunidades, que se han apresurado a tomar el texto como pauta. La ajada imagen del cura, el capitán de la Guardia Civil y el boticario parece primar en algunas mentes nostálgicas por encima del debido respeto democrático a la voluntad de los ciudadanos.

6 comentarios:

Padre-Objetor dijo...

"Me pregunto hasta dónde alcanzará esto de la objeción de conciencia. "
Seguirá creciendo en función de las leyes totalitarias y sectarias que siga aprobando el Gobierno.

"para qué nos sirve la legislación si, finalmente, un criterio religioso particular, personal e íntimo, acaba impidiendo la aplicación efectiva de una norma."
La conciencia no es ningún criterio religioso. ¿O es que los masones no tenéis conciencia?

Ricardo Fernández dijo...

¿Leyes totalitarias y sectarias?
¿Un Gobierno resultado de un proceso electoral que no tiene ni siquiera mayoría parlamentaria es totalitario?
Con ese punto de partida mal podemos discutir nada, señor padre-objetor.
La conciencia es algo íntimo. Desde luego para lo que no puede servir es para que una farmacia incumpla su obligación de dar un servicio público.
Si yo tengo conciencia o no, no viene al caso. Como tampoco que Ud. la tenga o lo que Ud. piense o deje de pensar.
Afortunadamente, de vez en cuando, como viene sucediendo con "Educación para la Ciudadanía", los órganos judiciales dejan claro que no todo cabe en el saco del objetor. Espero que con la píldora del día después suceda lo mismo.
Y espero que Ud. nunca le obliguen a comprarla ni a utilizarla, pero de la misma forma que Ud. nunca pueda impedir a nadie ejercer un derecho que le es propio.

Anónimo dijo...

No cabe duda que el poder cambia pilares que no deberían ser nunca prostituidos... La pela es la pela... y si para ello hay que dar cafe a todos.. pues venga !... cafeina para todos.... Gobernar no es fácil y eso hay que tenerlo presente, pero de ahí.. a hacer malavarismos para justificar lo injustificable.. y perder la esencia... hay términos intermedios.. La objección de conciencia no puede ser utilizada como arma arrojadizo para ir contra las leyes de nuestra sociedad civil. Leyes que permítame que nos han emanado de un parlamento que es la representación, nos guste o no , de todos nosotros... podría ser más democrático... en su manera de ser elegida... y créame señor Padre Objetor.. que me gustaría en ocasiones objetar de los políticos y de las leyes... pero si quiero vivir en esta sociedad tengo que aceptar unas reglas de juego... La valentía de los gobiernos pasa por definir de una vez el principio de laicidad de este país todavía anacrónico... ! Ya me gustaría a mí que la izquierda española fuese la mitad de laica que la derecha francesa!! No hablemos ya de la derecha española...Un saludo Miguel Bernardo.

Anónimo dijo...

Joder macho, para que luego digáis que no sois enemigos de la Iglesia. Lo sois y a marchamartillo.

Anónimo dijo...

De Miguel Bernardo
Permítame Sr. Anónimo solicitarle argumentos en lo dicho por mí .. para que usted pueda concluir diciendo que soy ( hablo por mí) enemigo de la intitución llamada Iglesia.. Creo que es necesario argumenar cuando una hace una afirmación.
Un saludo.

Ricardo Fernández dijo...

Yo no soy enemigo de ninguna iglesia. Lo que no me gusta es que una confesión religiosa, la que sea, pretenda levantarse como única voz y razón verdadera y meterse donde no la llaman: Escuela, sanidad, etc. No soy enemigo de ninguna iglesia: me gusta que haya una separación estricta entre las cuestiones del César y otras que no le atañen.