viernes, agosto 7

La enfermedad del sueño


Ayer leía un artículo de Alberto Ginel Saúl, un compañero de militancia socialista con el que este blog mantiene un enlace permanete (Reflexiones Progresistas), y donde el autor exponía varios razonamientos en torno a la absolución in extremis pronunciada para Francisco Camps, Presidente de la comunidad levantina, y su segundo de a bordo, Ricardo Costa, por el Tribunal Superior de Justicia de Valencia.
Decía Ginés que Montesquieu había muerto una vez más y que era necesaria su pronta resurrección, todo ello en pro de la higiene democrática española. Y cierto es que algo raro ha sucedido en el manejo procesal de esta complicada causa, tramitada disparatadamente por varias "altas instancias judiciales, y donde una de ellas ha resuelto sin esperar a tener todos "los papeles" sobre la mesa, desautorizando de paso a otros dos magistrados, los Srs. Flors y Garzón, que habían considerado al presidente de la Generalitat y a su mano derecha como imputados por la supuesta comisión de un delito de cohecho.
Algo extraño ha ocurrido con este asunto en el que se ha pasado del "a mí nadie me ha regalado nada, yo he pagado mis trajes" y "qué ganas tengo de explicarlo todo", al "todos los políticos reciben regalos". Hasta en pura comedia podría haber quedado la historia con la intervención de Rita Barberá y su inciso acerca de las anchoas de Santoña. Pero el asunto pinta más serio por aquello que dice Ginés sobre la vejación continua y la mala vida que se le da al ideólogo de la teoría de separación de los poderes del Estado: Que un imputado en una causa penal se permita hacer valoraciones públicas sobre la relación de amistad -para la que no existe todavía diccionario que contenga palabras para definir su calidad- que le une al magistrado que ha de exculparle, lleva a pensar en aquello del gato encerrado.
Episodios como el vivido en Valencia confirman una vez más aquello de que no tenemos nada conquistado y que hay que romperse los puños cada día para defenderse. Y eso es precisamente lo malo: Ahora ya no conquistamos, nos defendemos. Nos defendemos y mal. Tengo siempre la sensación de que esa línea defensiva invisible a veces, está llena de brechas: por ellas pasan los amigos, los trajes, las anchoas, y toda clase de tomaduras de pelo, variadas en sus formas, colores y volúmenes. En nuestros días nos conformamos ya con que no nos roben la cartera. Cedemos espacios en pro de nuestra "seguridad", tenidos hasta no hace tanto por sagrados en la teoría heredada de los padres de la patria. Dejamos que nos registren a la entrada de los supermercados; o que nos obliguen a dejar la mochila antes de entrar, accediendo a que se nos tenga por posibles chorizos que pueden desvalijar la multinacional alimentaria: Nos reconocemos como ladrones con carácter preventivo. Renunciamos a la libertad colectiva en pro del comunitarismo, actuando bajo el engaño de que eso permite una mejor integración de lo diferente. Accedemos a que la protección de los Derechos Humanos y libertades básicas quede, en el seno de las más importantes instancias internacionales, en manos de sátrapas y criminales paraísos de burócratas.
Sí, Montesquieu ha muerto. Y también Voltaire. Y Rousseau. Y Beccaría. Y quizá Jovellanos, a quien mi Logia recordaba ayer en la plaza del 6 de agosto de Gijón. Se mueren todos porque a la enfermedad de siempre -aquella impulsada por el oscurantismo- se une otra propia de nuestros días: La somnolencia. Nos conformamos con que nos expolien los valores; con que los prostituyan; con que los jueces sean amigos de los imputados y éstos lo tengan a gala y lo exhiban con descaro; nos conformamos con que el verdugo desempeñe el papel de víctima; con que el usurpador ejerza la función de usurpado; con que el canalla exhiba formas honestas sin rubor. Dormimos y nos conformamos con que la gangrena se detenga a la altura del codo, aunque lo propio de la gangrena sea no detenerse. Cerramos los ojos y los sentidos ante la pestilencia y, en el letargo, llegamos a indignarnos unos segundos para luego saciar el hambre, comprar algo en un gran supermercado o apuntarnos en una ONG para apadrinar a un negrito amparado por una multinacional católica, especializada en el procesamiento de menores. Todo esto sucede mientras dormimos y los amigos se abrazan.

10 comentarios:

Alberto Ginel Saúl dijo...

Muchas gracias por la cita, compañero. Un honor para mi que se referencie mi blog desde este espacio, el cual sigo con asiduidad, interés y ánimo de aprender y reflexionar.

Recibe un TAF .·.

Anónimo dijo...

Yo pondría como ejemplo de la honestidad política al Gran Maestre grado 33 Manolito Portela Valladares "Voluntad". Baste señalar que la provincia de Lugo, o sea, el cacicazgo del cofrade "Voluntad", dejaba en mantillas la corrupción de Romero Robledo en la Restauración Borbónica.

Tercera Opinión dijo...

Lo peor de todos estos casos de corrupción que siempre están salpicando a ambos partidos, es que hay gente que encima los apoya.

Te invito a leer mi artículo:
Las diferencias entre simpatizante y fanático
http://www.terceraopinion.net/2009/08/09/diferencias-simpatizante-fanatico/

Un saludo.

Ricardo Fernández dijo...

Al sr. Anónimo:
A mí me da igual de dónde venga el mal olor.
Si le gusta ese ejemplo, estupendo: Ahí queda para que todo el mundo lo conozca. Pero en el siglo XXI prefiero pensar más en las cosas que están sucediendo.

Ricardo Fernández dijo...

Tercera Opinión:
Me ha gustado mucho tu blog y coincido contigo en tu opinión.
Y es verdad, hay gente en todos los partidos políticos que le da igual que caigan chuzos de punte. Nunca entendí eso.
De todos modos en el caso de Camps hay algo diferente a todo lo anterior: hay una difuminación clara de las barreras que separan algunos poderes del Estado de otras. Y hay otra diferencia adicional: hay una evolución del proceso de descomposición y de la actitud que se mantiene ¿Tú recuerdas ahora por qué dimitió Alfonso Guerra?

Anónimo dijo...

"en el siglo XXI prefiero pensar más en las cosas que están sucediendo". Bueno, bueno, pues creo que las dinastías Polanco y Slim, ligadas como es sabido a la masonería, dejan los trajes de Camps como una nota a pie de página en la Historia de la corrupción del siglo XXI.

De todas maneras, y cambiando de tercio, pero siguiendo con el siglo XXI, como bien señalas, ¿por qué no hablamos de los masones que componen el Gobierno actual de España? Como ejemplo de transparencia ¿podrías ilustrarnos acerca de los ministros que son masones, sus fechas de iniciación, la logia a la que pertenecen, etc.? A partir de aquí, en vez de especular, como hacen muchos, se podría hablar con claridad de ciertos temas.

Ricardo Fernández dijo...

Pues mire, Sr. Anónimo: si tiene noticia de que haya alguna corruptela por parte de alguna dinastía masónica no sé qué hace ahí. Vaya corriendo ahora mismo al juzgado de guardia. Para asuntos penales agosto es mes hábil.
En cuanto a la pertenencia de ministros a la masonería no sé por qué tengo yo que ilustrarle de nada. Ilústrese Ud. mismo. Y lo que no sepa, invénteselo: Por hacerlo una vez más no va a pasar nada.

Anónimo dijo...

1. "Vaya corriendo ahora mismo al juzgado de guardia". Claro, claro... Haga vd. lo mismo con Camps, con la Iglesia y con quien vd. critica. Qué gracia, señores, si uno critica a un masón, tiene que ponerle una denuncia. Pero si un masón critica a un conservador o a la Iglesia, ah, eso es distinto.

2. "no sé por qué tengo yo que ilustrarle de nada. Ilústrese Ud. mismo. Y lo que no sepa, invénteselo: Por hacerlo una vez más no va a pasar nada." Nadie le obliga a que nos ilustre. Si no quiere no lo haga. Luego, no se queje de que la gente se inventa cosas por ahí, puesto que el secretismo ("discretismo") masónico tiene esos peajes. Pero una cosa sí le digo: Aquí en España han existido muchos ministros y Presidentes del Gobierno francmasones. Y nadie se lo ha inventado. Pero vamos, que se respira el espíritu de "información" y "tolerancia" que caracteriza a la masonería.

Una nueva decepción y más de lo mismo: mucha basura contra la Iglesia -para eso ya tenemos El País- y pocas realidades sobre la actualidad de los francmasones españoles del siglo XXI.

Ricardo Fernández dijo...

Apreciado anónimo:
Vamos a distinguir dos cosas muy diferentes. Por criticar no hay que ir al juzgado todavía, hombre. Otra cosa es que hablemos de conductas delictivas. Si Ud. sabe que hay un masón que es un chorizo le acompaño al juzgado. No tengo ningún problema. Y tampoco en que aparezca publicado en primera página de donde quiera.
Como me habla de corruptelas y me apunta a la masonería, pues no puedo decirle otra cosa. Vaya Ud. a los tribunales. Por Camps no es necesario que yo asista; ni por él ni por ninguno de los otros pringados en el asunto "Gürtel". Ya sabe que hay nada menos que tres instancias judiciales actuando.
Y en cuanto a la segunda cuestión le insisto en el mismo punto y no tengo nada más que decirle. Eso sí, en cuanto a tolerancia y transparencia, de momento, soy yo el que se identifica y no se cobija bajo el anonimato.
No pierda el tiempo conmigo: soy bastante correoso y, seguro, tengo más paciencia que Ud.

Anónimo dijo...

"soy yo el que se identifica y no se cobija bajo el anonimato".

En esto sí que le doy toda la razón. Nadie está obligado -como hace vd.- a declarar públicamente sus ideas socialistas y creencias masónicas. Ahí sí que vd. demuestra honestidad y transparencia.