viernes, julio 3

Laica, neutra y aconfesional


Hace unos días podía leer en varios sitios una especie de comunicado oficial que anunciaba una próxima reunión de diversas organizaciones humanistas con las presidencias de la Comisión y el Parlamento europeos. El feliz acontecimiento tuvo lugar el pasado día 26 de junio y no he podido encontrar después ninguna referencia expresa al resultado producido. Ha sido a través de un acta elaborada por la representación de la Asociación Europea por el Librepensamiento que he podido enterarme de cómo fueron las cosas. Lo contaré a mi manera.
Durao Barroso y el señor Pöttering, siempre según la crónica a que me refiero, acudieron provistos de asesores. Frente a ellos tenían al motor no confesional del pensamiento europeo, del que forman parte diversas organizaciones masónicas entre las que estaban tres con presencia en suelo español: La G.L.S.E., La F.E.D.H. y el Gran Oriente de Francia, con su Presidente a la cabeza.
La cosa, por lo que he leido, no dio para mucho. Todos los intervinientes reivindicaron el papel del laicismo, aunque algún Comisario presente recordó que la Europa de nuestros días ya no se construye sobre ese concepto, sino sobre el de tolerancia en un momento en el que el fenómeno religioso tiene cada vez más presencia. Por lo que leo se hizo mucho hincapié en esto de la tolerancia, y el Presidente del Parlamento Europeo llegó a resaltar la importancia de todas las organizaciones, las confesionales y las que no lo son, que desde el mutuo respeto son capaces de defender una determinada idea de los Derechos Humanos, punto éste en el que se encuentran tan diversas entidades.
Giraron gran parte de las exposiciones en torno a los derechos de las personas, puestos muchas veces en duda por la aparición en nuestro suelo del dogmatismo religioso y del político, últimamente muy exacerbado en algunos países a consecuencia del fenómeno migratorio, hábilmente explotado -como siempre- por las ideologías extremistas.
Pöttering, en su intervención final rechazó que algunos modelos pretendieran aplicarse con carácter general en Europa, haciendo una clara alusión al sistema encarnado por la ley francesa de separación de las iglesias y el Estado, inaplicable, según dijo, en países como Alemania, que tenían otra tradición.
Hasta los españoles, según leo en el acta, se animaron a hablar, resaltando el hecho de que la masonería en España representa la "laicidad" y los Derechos Humanos, algo con lo que, por mi propia experiencia y por la pluralidad de Obediencias tan diferentes que existen, no estoy del todo de acuerdo: En España lo laico es un fenómeno de moda; ayer mismo leía en La Nueva España un artículo infumable del Presidente de la Caja Rural confundiendo ateismo con laicismo, y quedándose tan pancho. Todo el mundo habla de laicismo. Todo es o ha de ser laico. Pero las ideas siguen sin estar claras y queda mucho por hacer. No voy a negar, de todos modos, que lo más positivo es que se empiece a hablar de la cuestión, pues será el mejor camino para que las ideas vayan tomando forma y filtrándose en el tejido social, generación tras generación. Es en este punto donde, a pesar de lo huero de estas reuniones, me siento feliz de pertenecer al Gran Oriente de Francia, pues creo que -al menos según lo recoge el acta que manejo- se expresó una idea acertada de lo que significan las cosas: No se trata de igualdad entre lo confesional y lo aconfesional, como reivindicó el representante del Gran Oriente de Bélgica; se trata -afirmó Pierre Lambicchi- de la separación de las iglesias y los estados, lo que no quiere decir ni mucho menos que eso haya de traducirse en una abierta confrontación.
Durao Barroso, que ya el año pasado se reuniera con Jean Michel Quillardet -anterior Gran Maestro del Gran Oriente de Francia que transmitió el mismo mensaje-, cerró el encuentro rememorando aquellos tiempos en los que en su país, Portugal, la masonería era un grave delito. Recordó a los que le habían planteado la cuestión de las discriminaciones por razón de sexo (algo que también se abordó en la reunión pero respecto de determinadas confesiones religiosas) que él había peleado mucho por aumentar el número de comisarias. Acogió, más o menos, la idea planteada por Tony Van der Haegen, Vicepresidente de la Asociación Europea por el Librepensamiento, que había solicitado el nombramiento de un Comisario para los Derechos Humanos en la Unión Europea (Barroso habló de un grupo de trabajo o similar). Rememoró sus enfrentamientos con algunos países como China o Arabia Saudí, en incluso con George Bush a cuenta del despropósito de Guantánamo. Y culminó solemnemente su intervención proclamando que la Comisión que él presidía era "laica, neutra y aconfesional".
¡Y todos contentos!
Quien redactó el escrito al que me he referido apunta cierto escepticismo en sus conclusiones respecto a la utilidad de la reunión. Pero manifiesta su contento por el hecho de que las entidades humanistas europeas se hayan podido hacer oír. Coincido con esa apreciación:
Me alegra que el Gran Oriente de Francia haya estado para exponer una idea sobre la que lleva más de un siglo trabajando; una idea que constituye por sí sola una seña de identidad en la que muchos encontramos un reflejo y un objeto digno por el que combatir. Me alegra formar parte de algo que, lleno de defectos -algunos enormes-, tiene una gran voluntad de acción y reivindicación. A mí y a tantos nos corresponde ahora asegurar que esa capacidad para educar, para hacer llegar la noción del respeto a las personas, para estar presentes de manera tangible, más allá de las hermosas palabras y de la sempiterna teoría, en los debates sociales, siga siendo una realidad en los tiempos futuros. Este es mi sitio, no otro, y aquí me quedaré; pues sigo creyendo en la necesidad de una masonería verdaderamente útil al ser humano. Todo lo demás lo respeto, pero me sobra.

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