martes, julio 7

Bajarse del limbo: autocrítica postelectoral


Hace pocos días publicaba una foto de la alcaldesa de Valencia, medio enloquecida, festejando con el hombre de las insidias el triunfo en las elecciones europeas.
Del mismo modo que no suelo entretenerme con las victorias tampoco lo hago con las derrotas. Y más en este caso, donde ya llego a un nivel de saturación difícil de soportar.
El caso es que en el día de ayer volví a encontrarme con mi admirado Gregorio Peces Barba, con quien en este caso no estoy muy de acuerdo en el análisis que hace; pero no dejo de reconocer que hay un punto en el que sí tiene razón: el acogotamiento que a veces se exhibe frente a determinadas actitudes sostenidas desde la representación del dogmatismo religioso.
En lo demás, ni tengo tan buena y general opinión sobre los compañeros brillantes e ilustres, ni creo que haya que recular en la cuestión de la autorización parental para la interrupción del embarazo cuando se trate de mujeres mayores de dieciséis años; me cuesta digerir eso de que el partido puede ser rehén de los propósitos del "ala izquierda", y que pese más en la voluntad del votante socialista la reforma de la normativa sobre el aborto que los encargos al alfayate.
Hay además en el artículo una referencia que merece también un calmado pensamiento: "La autocrítica". Con frecuencia he escuchado eso de "Hagamos autocrítica. Seamos serios, reflexionemos y hagamos autocrítica"; y luego el que te "autocritica" te pone verde sin dejarte hueco para respirar siquiera. Quizá soy muy sensible a la expresión tras leer una biografía de Mao Zedong - que utilizó la "autocrítica" como método de represión- , pues interpreto que el término se emplea incorrectamente para titular el artículo. Autocrítica es la que nos hacemos a nosotros mismos...¡Pero nosotros mismos! Cuando ponemos "a parir" lo que hacen los demás -por ejemplo, en el caso que nos ocupa, legislar impopularmente-, no podemos hablar de autocrítica. Criticamos sin más. No sé si del texto de Peces Barba se puede extraer la clara intencionalidad del autor de ejercer esa reflexión íntima y personal, con ánimo de examinar los errores cometidos; o si por el contrario, actúa más bien como azote de alguna ministra cuya actitud, con la complacencia del gobierno, nos ha llevado nada menos que a perder las elecciones. Sea como fuere el artículo merece la pena... Aunque sea para autocriticarlo un poquito, si se me permite la gracia.


-----------------------------------------------------


Después de perder las elecciones europeas ante el PP, con una diferencia apreciable de votos populares y con dos parlamentarios menos, parece prudente que los socialistas realicemos un ejercicio de autocrítica, lúcido, profundo y responsable. Sería absurdo cerrar los ojos y buscar justificaciones optimistas, como el Cándido de Voltaire, pensando que seguimos estando en el mejor de los mundos posibles.
¿Por qué el PSOE perdió las europeas con buenos candidatos y medidas razonables contra la crisis?
Es impopular la negativa a informar a los padres del aborto de menores
Es evidente que no se puede culpar a los candidatos que encabezaban nuestra propuesta, Juan Fernando López Aguilar y Ramón Jáuregui. Son personas representativas de nuestra ideología, competentes y desde hace años entregados al desarrollo y la lucha por el socialismo. Otros candidatos como Carmen Romero, Miguel Ángel Martínez, Magdalena Álvarez, Guerrero, Sánchez Presedo, Luis Yáñez son igualmente estimables y representativos de los valores del socialismo y de la historia de nuestro partido. Quizás el único pero que se podía poner a sus destinos es que algunos podrían haber seguido prestando su esfuerzo a la política nacional en puestos representativos con mayor experiencia que algunos o algunas jóvenes que les han sustituido. A veces, como en el caso de Ramón Jáuregui, puede parecer que se le envía a un exilio dorado retirándole del núcleo político por excelencia que es el Congreso de los Diputados. La sola sospecha de que se trata de alejar a posibles excelentes sustitutos produce irritación y disgusto.
Tampoco creo que la razón de la derrota que se presenta como la más habitual, la crisis económica y su gestión por el Gobierno, sea tan relevante. A mi juicio, las medidas que ha tomado el Gobierno parecen sensatas y adecuadas. Supongo que algo habrá repercutido la magnitud de la crisis, como en otros países de Europa, pero en ningún caso me parece la razón nuclear que explique por sí sola la derrota. Lo demuestran que otros Gobiernos y partidos en el Gobierno han tenido mejores resultados.
Por el contrario, han sido medidas aparentemente alejadas del tema que nos ocupa las que, sin embargo, han desorientado a nuestro electorado más fiel, más sensato y más moderado.
Es verdad que ha faltado grandeza y que la campaña ha discurrido por cauces poco ilustrados, crispados y desmedidos. No hemos sabido elevarnos a dimensiones vinculadas con el espíritu y la historia de Europa, ni con los valores de nuestra cultura común. Tampoco hemos sabido desprendernos de miserias interiores, de prejuicios, ni de críticas fáciles a la corrupción. Finalmente, no hemos sabido explicar a nuestros conciudadanos todos los aspectos institucionales, competenciales y procedimentales que nos vinculan y nosobligan con Europa. No hemos despertado su interés, ni abierto expectativas suficientes sobre la importancia de Europa, para España y para cada uno de nosotros. Pareció que nos referíamos a algo ajeno y sin interés, vacío para nuestro esfuerzo y nuestra participación.
Es otra ocasión malograda para integrarnos en la Europa de los 27 y para animar al hombre en el impulso de una verdadera comunidad de naciones, base imprescindible para situar a ese nivel la sociedad política que nos debe dar un protagonismo mundial.
Quizás han podido repercutir más algunas ocurrencias, con excesos, exageraciones y posturas aún minoritarias a la mayoría de la sociedad española. Me refiero, por ejemplo, al anteproyecto de Ley Orgánica de Salud Sexual e Interrupción Voluntaria del Embarazo y a determinadas manifestaciones y tomas de postura que se han producido con ocasión de la misma.
La resistencia a informar a los padres, en las mujeres de entre 16 y 18 años, para decidir libremente si desean interrumpir su embarazo, es una norma antipática que se podría mantener, sin tanta rigidez, exigiendo una información a los padres, para que éstos puedan opinar, dejando claro que en última instancia es la mujer quien debe decidir. Hay mucha resistencia a esa medida en la sociedad y la gente intuye que es otra forma de disminuir el valor de la familia. No es buena la rigidez, ni colocar a padres en situaciones difíciles. En este caso la opinión pública no nos sigue y somos rehenes de sectores minoritarios, feministas muy radicales y gente a la izquierda del PSOE.
Legislar exige moderación, sentido común, no separarse de las creencias mayoritarias, intuir cuáles son las corrientes que impulsan y representan la oposición pública, es saber interpretar lo que más conviene en cada momento.
Por otra parte, esa intransigencia a la hora de rechazar el conocimiento por los padres de las intenciones de la hija menor de edad sobre la interrupción del embarazo, me parece contradictorio con el resto del anteproyecto, lleno de sentido común y con decisiones sensatas y meditadas, y con la excesiva prudencia, casi inamovilidad, con que son tratadas otras relaciones con la Iglesia Católica. En efecto, parece poco justificado que existen signos religiosos católicos en instituciones públicas y una enseñanza de la religión católica en escuelas públicas, con doble horario respecto a la Educación para la Ciudadanía.
En esos casos, y en otros similares, cualquier privilegio de la Iglesia, es un paso atrás, en la profundización de la democracia. En esto es muy poco lo que se necesita, mientras que prescindir de la familia en menores de 16 años es mucho más que lo que se necesita.
También se evidencia una falta de criterio y de creencia que agravan la contradicción. Ni tan poco ni tanto, y eso lo saben y lo sienten los ciudadanos. Junto con la ya vieja decepción provocada por la permisividad excesiva con las reformas últimas de los Estatutos de Autonomía, especialmente el catalán, consentido si no animado desde la Presidencia del Gobierno, es muy probable que este último tropezón haya aumentado el desinterés y el alejamiento por una política que muchos consideran errática y mal orientada.
En mi opinión, no son, pues, la crisis ni la política del Gobierno para afrontarla, que me parece acertada, los fenómenos que han producido una pérdida significativa de votos. Son más bien los errores viejos y nuevos los que desconciertan y desaniman, lo que exige una corrección a fondo de los objetivos que se persiguen y abrir el escenario a la esperanza, a la amistad cívica dirigida a la grandeza desde una mirada más limpia y menos interesada.

Gregorio Peces-Barba Martínez es catedrático de Filosofía del Derecho de la Universidad Carlos III de Madrid.

9 comentarios:

Al Kaffir dijo...

La autocrítica en sí no es mala, si el que la ejerce tiene el suficiente criterio como para reconocer que puede haberse equivocado en una parte o un todo de algo. Si lo que le ocurre es que vive en un “país de las maravillas” donde todos le alaban su traje nuevo de emperador, va a tener que necesitar un esclavo susurrándole al oído que es solo un hombre.
El “Gran Timonel” usó esa autocrítica para saber quien meaba fuera del tiesto y zumbarle cuando mas confiado estaba. “Campaña de las cien flores” lo llamó y la sacaba de vez en cuando para corregir cualquier revisionismo (lo que seria la “herejía“ para el catolicismo) con distintos nombres, claro, que no por chinos iban a picar, de tal manera que hasta su tercero y sucesor Deng Xiaoping se pasó cuatro añitos en un “campo de reeducación” con todos los gastos pagados.
Ahora Don Gregorio, sabio mas por viejo que por todos los cargos que ocupó, que no fueron pocos, se atreve a ponerse tras el laureado y a susurrarle que si va gobernando para los “menchevikes” radicales en lugar de para una mayoría, esa mayoría va a “pasar” de él porque no resuelve, no tiene en cuenta el orden de prioridades y se acaban los gobiernos con todo por hacer. Un ejemplo, la ley que permite el matrimonio homosexual, por mucho que esté a favor, aquel que no es homosexual y, por tanto, la ley no le afecte se pregunta ¿Y a mi…que?¿Que pasa con los seis meses de debates y plenos que se emplearon en legislar todo el tema que afecta, al final, a un segmento limitado de la sociedad?
La ley que permite el aborto a jóvenes de 16 a 18 años sin tener que informar a sus padres está, a mi juicio, mal enfocada ya que “no resuelve” el problema, me explico:
Es inevitable que jóvenes queden embarazadas, eso siempre lo ha habido y supongo que lo habrá. Cuando las hormonas mandan no se puede pedir continencia ni ponerles puertas al campo. Actualmente se goza de mayor libertad y también se tienen poderosos modelos sexuales en los medios lo que influye en las jóvenes mentes viéndolos como normales. La cuestión es que una menor se queda embarazada por un acto del que, por ser menor, no es responsable. En primer lugar no cabe en la cabeza de nadie que esa niña tenga sufrir la cadena perpetua de un hijo por un momento de pasión, debilidad o simplemente porque, valgame la expresión, le picaba, luego el aborto en este caso es perfectamente comprensible. Pero ¿que ocurre cuando esa niña no informa a sus padres? ¿que se le quiere evitar?¿Vergüenza?¿Oprobio?. Esa niña es menor de edad, luego no responsable de sus actos. Si un niño hace algo mal POR QUE QUEDARSE EMBARAZADA NO QUERIENDO ESTÄ MAL con todos los trastornos físicos, psíquicos y fisiológicos que sufre su cuerpo y el peligro que supone una intervención quirúrgica como el aborto por muy controlada que esté, es lógico que alguien le diga que eso no está bien, que solo es el último recurso y que hay muchos métodos para evitarlo y esos deben ser los padres, al menos si tienen un mínimo interés en la niña, lo que se les supone, por mucha incomodidad que eso le cause a la afectada, que parece que a los jovenes no se les puede llevar la contraria en nada. Crecen en un "algodonismo" superprotegidos y este puede ser un buen momento para decirle "Bienvenida a la vida, capulla".
La mente juvenil no ve el peligro; el aborto no es una cosa que se pueda tomar a la ligera; si tiene perfecta impunidad para echar mano de él lo harán porque no se puede esperar un comportamiento responsable (y sino que se lo pregunten al personal de urgencias el domingo por la mañana con la píldora del día después). Es como si hubiera un puente peligroso y en lugar de poner una barandilla ponen mas hospitales para los que se caen.

Julia Rosa Álvarez Fernández dijo...

Sr. Al Kaffir, me encanta leerle, pero esta vez no estoy, en absoluto, de acuerdo con usted.

Usted habla de un "segmento limitado de la sociedad" por culpa del cual se discutió 6 meses en el Parlamento; Yo no tengo ni idea de cuantos homosexuales, heterosexuales, transexuales... hay en mi país, (creo que no es un segmento tan limitado) pero lo que tengo muy claro, pero que muy claro es que todos somos iguales, para casarnos, divorciarnos, adoptar... Y ya era hora de normalizar la situación y acabar con hipocresías, desigualdades, injusticias.

¿A usted le parecen mucho 6 meses para discutir del tema?
Si la oposición que hay, en este momento, no fuera tan destructiva se habría solucionado, en muchísimo menos tiempo, este problema, enquistado, en nuestra sociedad.
Al igual que el derecho a que nuestros mayores, tirados en cunetas, por defender la legalidad, tengan, de una vez, un lugar con su nombre al que podamos llevarles flores; quizás a muchos también les parezca una perdida de tiempo, pero somos muchos, creo, los que nos sentimos humillados hasta límites increibles.

En cuanto al aborto, ese tema, creo, es tratado con la mayor de las hipocresías en este país; si se levantase la alfombra...
Es una tragedia que una mujer, tenga la edad que tenga, aborte; imagino que le quedarán secuelas para toda su vida, pero no hay derecho a que nadie la considere una delincuente, la encarcele, la lapide, física o socialmente. Yo me pregunto, ¿quién condena al que la dejó embarazada?
Me parece una tragedia abortar, pero quiero que todas las mujeres, que se vean obligadas a ello, por motivos que jamás me atreveré a juzgar, estén protegidas.
Durante años, muchos años, demasiados años, en este país las mujeres que abortaban y tenían dinero cogían un avión y se ausentaban un fin de semana, las que no tenían dinero, la mayoría, iban a una carnicería o matadero. Yo no quiero que eso siga sucediendo y por mucho que me repugne el aborto, quiero proteger a la mujer que aborte. A veces, escuchando a algún político parece que fuese obligatorio abortar o ser homosexual, si no fuese por la tragedia que encierra, sería cómico, patético; al parecer los matrimonios homosexuales amenazan a las familias y ciertos sectores lo gritan en la calle (por cierto, desde que la descubrieron parece gustarles mucho), esos sectores, que ante delitos terribles de pederastia miran hacia otro lado, o sacan el talonario.
No soy del PSOE, pero me siento muy orgullosa del gobierno valiente que se atrevió con estos dos temas. Ya está bien de doble moralidad, ya era hora; lástima que aún sean tan cobardes que no se atrevan a enfrentarse, de verdad, a esta iglesia católica que tenemos en España, fundamentalista, homófoba, misógina... amiga de golpistas, dictadores... y la sigan subvencionando.

Todo esto dicho, Sr. Al Kaffir, sin acritud alguna.

Al Kaffir dijo...

No niego que tengas toda la razón, Rosa, y ya hemos expresado en estas páginas fotónicas nuestras diversas opiniones sobre un tema tan controvertido como el aborto. Pero de lo que se está hablando esta vez es sobre la ley que permite a las menores entre los 16 y los 18 años el abortar (y mas jovenes si hiciera falta, en eso todos coincidimos) sin tener que informar a sus progenitores. Ahí esta la diferencia, si se utiliza para evitarle una carga a ella y a su familia o si es para evitarle la vergüenza no sea que se fustre o se vuelva...no se...tonta...o del opus...sinceramente no comprendo que bien le aportaría a una menor actuar con ese grado de impunidad.

Julia Rosa Álvarez Fernández dijo...

De acuerdo, siempre y cuando el hombre, (tenga la edad que tenga) que haya dejado embarazada a la mujer, sea juzgado con el mismo rasero. Él debe informar también a sus padres ¿verdad? me refiero a si tiene 16 años o menos.

¿Qué hacemos con una menor que quiera abortar sin decírselo a sus padres? ¿La dejamos sola y a su albedrío? ¿Qué pida ayuda a sus adolescentes amigos? ¿Que se desangre en cualquier tugurio?

¿Y el embarazador?... de rositas, como siempre ¿verdad? las malas son ellas, faltaría más.

Que conste que no soy hembrista; soy feminista, es lo justo, creo.

Al Kaffir dijo...

¡Arggggh!¡Esto es como discutir con un monje budista!¡Siempre te va a salir por la via del medio!¿Tan dificil es pedir una opinión sincera sobre esa ley?¿Que el tambien es culpable? pues vale, que lo detengan y lo juzguen por lo penal por haberr tocado a una mujer. Pero por mucho que se proteste, por mucho que se reclame, por mucho que se quiera cambiar, son ellas las que se llevan la peor parte y, tal como esta la ley hoy, ¿como demuestra quien es el padre? ¿Tan descogestinados están los tribunales que pueden abrir una investigación sobre la vida sexual de cada jovencita,con una lista pormenorizada de a quien se cepilló y a quien no? ¿No es mejor educar a todos y todas en métodos anticonceptivos y gastarse luego el dinero de los contribuyentes en abortos y pruebas de ADN? y si una joven quiere abortar sin decirselo a sus padres pues la respuesta puede ser...NO...no sin decirselo. ¿Que ocurre?¿Que parte de NO no entienden?¿No está en su diccionario?¿No aceptan una negativa? Se van a encontrar con muchas en su vida así que, por mucho que se fustren, es bueno que se vayan acostumbrando.

Ricardo Fernández dijo...

Yo creo que hemos entrado en otro terreno diferente al planteado por el artículo: En mi opinión la cuestión no tiene tanto peso hasta el punto de generar una abstención perceptible en el electorado socialista. Discrepo con el autor en eso. Es más, me parece muy difícil de entender que la cuestión haya podido generar abstención de una parte (como parece apuntarse), y a la vez un aumento de votos de la oposición -que finalmente ha ganado- en determinados lugares "sensibles" (Madrid y Valencia) ¿Qué pasaría si Bárcenas hubiera estado vinculado al PSOE? ¿Lo mismo que está sucediendo ahora? Creo que no.
Con la cuestión de los 16 años, que es mayoría de edad sanitaria (con algunas excepciones entre las que se encuentra, con la normativa actual, el aborto), se ha levantado una cortina de humo y un un nido de discrepancias internas en el partido que sostiene al gobierno. Ya leo hoy que se estudian "concesiones" en la materia.
No olvidemos que el punto de partida de la discusión es que una menor de 18 años y mayor de 16 pueda abortar sin la autorización de sus padres. Remarco "sin la autorización".
Comparto que eso sea así. Lo de la comunicación y la información familiar como obligación no sé si se podrá legislar con mucha efectividad o no, pero finalmente es lo que -por lo que leo- se va a hacer.
En mi opinión, mientras la decisión final corresponda a la persona directamente afectada, y existan suficientes garantías para que tal decisión llegue a ser adoptada, pueden adornar el texto legal con las expresiones que quieran.

Julia Rosa Álvarez Fernández dijo...

Yo no quiero que juzguen a nadie ni por lo penal, ni socialmente. Escribí lo de que paguen los chicos también, en plan irónico, Al Kaffir.
Por supuesto que las peor paradas son las mujeres, eso está claro para todos y por eso necesitan estar protegidas.
Disculpas, Ricardo, me salí totalmente del tema. Pondré como disculpa una especie de gripe que me ha hecho sentir fatal estos días, menos mal que ya va pasando.

Anónimo dijo...

Hola. Me consta que el padre de Peces Barba pertenecía a la masonería. ¿Podemos decir lo mismo de don Gregorio? Gracias.

Ricardo Fernández dijo...

A mí me consta que el padre de Peces Barba pertenecía al Real Madrid. Del resto no sé nada, pero ya habrá quien invente aquello que no se sepa.
En cuanto al hijo, me gusta como escribe; no estoy de acuerdo con todo lo que escribe; y creo que se puede aprender mucho de él. Me sobra y me basta. Y me importa bien poco si es masón o deja de serlo: ésa es una cuestión íntima, privada y personal.