sábado, junio 6

Paradojas

Manuel Fraga Iribarne ha sido el encargado de anunciar la concesión del Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales a David Attenborough. Los motivos para otorgar el galardón, según el propio ex ministro de Francisco Franco Bahamonde, están relacionados con la defensa del medio ambiente y la divulgación del conocimiento del entorno natural utilizando, entre otros medios, la televisión, donde el naturalista británico ha sido un pionero.
No deja de ser paradójico que la lectura de un texto semejante haya sido encomendada a Manuel Fraga, quien fuera ministro en la época de las bombas de Palomares, esto es, en aquellos años en los que el cemento empezó a extenderse por el Mediterráneo hasta llegar a nuestros días.
Los Premios Príncipe de Asturias vienen evueltos de vez en cuando en alguna polémica de tinte localista, pues han quedado radicados en el más invicto de los tuétanos de Oviedo en tanto que las grandes poblaciones que rodean a la capital se dan codaños para obtener alguna migaja mediática. También, en el catálogo de críticas, aparece la concesión de recompensas con fuerte carga televisiva a personajes públicos que todavía -según el juicio de muchos- no atesoran más méritos que garantizar una cobertura segura a todo el ceremonial y empacho que rodea este agasajo.
A la lista de desatinos convendría quizá añadir ahora la falta de tiento u oportunidad al seleccionar a los portavoces de los jurados deliberantes: Aparte del cemento, no hace tantos años que Manuel Fraga Iribarne, ex ministro del anterior Jefe del Estado, andaba cazando pulgas mientras el Prestige vomitaba todo lo que tenía dentro frente a las costas de Galicia.