viernes, junio 5

Ceremonia de Acogimiento


El hijo de la actriz Cayetana Guillén Cuervo, un niño de tres años, acaba de ser protagonista de una ceremonia celebrada en la Plaza Mayor de Madrid, en la conocida casa de La Panadería. El acto, el cuarto que tiene lugar en España, está algo más visto en otros países de Europa que en el nuestro. Francia es uno de los ejemplos de esos actos de Acogimiento y Bienvenida a la Comunidad, pero, afortunadamente, no es el único. El concejal oficiante en esta ocasión fue Pedro Zerolo.
Algo que podría haber pasado desapercibido ha ocupado hoy un notorio espacio en los medios de comunicación, junto con la tangible erección del amigo de Silvio Berlusconi impresa en las páginas de un conocido diario de tirada nacional. Mariano Rajoy, en plena campaña electoral, no ha tenido muy buenas palabras y ha calificado la ceremonia -o el apoyo dado por el concejal oficiante- como causa de "un ridículo interplanetario". Remedaba con la chanza el disparate puesto en boca de Leire Pajín, que nos avisaba hace un par de días de algo así como la llegada de una nave marciana a la Gra Vía, para tomar contacto con nuestra civilización.
Mariano Rajoy ha metido la pata. Ha dejado que algunos barruntemos que nuestros hijos o hijas sólo pueden bautizarse; y si no aceptamos esa opción únicamente nos queda la nada a elegir. Rajoy ha sumado su voz -otra vez- a la de la Iglesia católica, que rechaza las ceremonias civiles como alternativa a las eclesiásticas, en especial ésta que algunos desinformados siguen llamando "bautizo".
Pues no es así: Hay personas que tenemos otra forma de pensar y que creemos que un ciudadano puede merecer un acto de bienvenida a la colectividad de la que va a formar parte; en la que será educado; en la que intentará ser feliz; donde tendrá que pagar sus impuestos y ejercer su derecho al voto; donde tendrá también que cumplir una serie de obligaciones. además de las fiscales ya citadas. Hay personas que tienen unas creencias y quieren que sus niños sean objeto de una ceremonia en un establecimiento religioso; pero hay otras que no desean esto y todo es -o ha de ser- digno de respeto. Ninguna confesión es quién para impedir o poner trabas ante actos de este tipo; ninguna creencia debe erigirse en única detentadora del monopolio de la verdad, buenas prácticas y manera.
Con sus declaraciones y con el chiste malo de Mariano Rajoy resulta evidente que sólo hay un camino para ganar el cielo y que todo lo demás sobra por ridículo. He aquí la noción de respeto y de libertad reducidas a la mínima expresión bajo los mazazos, una vez más, propiciados por una verdad revelada; aquí la católica, en otros lugares la del turbante de turno.
No es justo en todo caso cargar todas las tintas contra este pobre hombre que, probablemente esté saltando de alegría en un balcón pasado mañana (porque si no es así lo despellejan sus "amistades" en la semana siguiente). Recuerdo aquí al número dos de la lista del Partido Socialista, Ramón Jáuregui, quien se opuso a la desaparición de los funerales de Estado oficiados por una confesión religiosa en particular porque "no existía la alternativa laica". Píntala, compañero Ramón, que para eso eres socialista. Pinta la alternativa para permitir el ejercicio de la libertad de conciencia a las personas, y que puedan hacer ridículos interplanetarios a placer, mal que le pese a algún que otro meapilas. Si no ¿dónde está la diferencia, compañero Ramón?

6 comentarios:

Julia Rosa Álvarez Fernández dijo...

Ojalá empiecen a popularizarse este tipo de ceremonias.
Mucho antes del cristianismo ya se celebraban, no entiendo como a Rajoy le parece tan mal que vuelvan estas costumbres, bueno, sí lo entiendo, claro. Es patética esta derecha siamesa de la iglesia católica.

Anónimo dijo...

Hola
Siento discrepar con ustedes, pero no veo nada malo en la "nada", no veo la razon de darle la bienvenida a alguien que ni si quiera sabemos si quiere ser bien recibido. Me da abasolutamnete si ya se hacian ceremonias "paganas" antes de las católicas, este hecho no me parece ningún merito para seguir sacrificando virgenes.

Pero estoy de acuerdo con ustedes en que la gente tiene que tener la posibilidad de elegir. Pero que digan que son los padres los que "ofrecen al hijo". Nunca comprendere estas ceremonias que comprometen a terceras personas si contar con su opinión.

Andabao

Ricardo Fernández dijo...

Bueno, yo creo que de lo que se trata es de que exista libertad para tomar el camino hacia la pila bautismal, hacia la nada o hacia las dependencias del ayuntamiento, sin tener que soportar que ningún clérigo o candidato de lo que sea y de donde sea te diga que estás haciendo el ridículo.
Personalmente me gusta la ceremonia de bienvenida y creo que debe existir la posibilidad de practicarla. Y me parece estupendo que haya quien no quiera hacerlo.

Anónimo dijo...

Bueno eso es lo que digo en el parrafo: "Pero estoy de acuerdo con ustedes en que la gente tiene que tener la posibilidad de elegir".

Pero no me negara que el que elige no es el el "ciudadano recien llegado a esta vil sociedad".

P.D.: trabaje menos don Ricardo. que nos tiene que durar mucho

Andabao

Anónimo dijo...

Estoy pensando, ¿no sería mejor hacer la ceremonia de incorporación a la ciudadaníao de bienvenida al cumplir los 18 años?

Andabao

Ricardo Fernández dijo...

Hoy estoy aquí al pie del ordenador para ver si me entero del tamaño de la catástrofe antes que nadie. Seguramente acabaré enterándome el último, porque igual salgo a dar una vuelta por el monte. Sí, viendo lo de Berlusconi, yo creo que lo que nos va a quedar va a ser el monte otra vez.
Yo creo que tiene Ud. toda la razón: la que elige no es la criatura. Podemos esperar y cuando tenga los 18 años que haga lo que quiera; o podemos no esperar porque el acto no lo hace miembro de ninguna entidad supranatural... Por mi parte, no esperaré. Pero espero tener la oportunidad de "no esperar": Por el momento ni eso.
Estoy de acuerdo con Ud. En el texto ponía el acento en el peso de la descalificación gratuita que, encima, llevará premio y todo.
Gracias por la recomendación laboral que comparto. Pero créame si le digo que me he tomado el fin de semana libre, que me lo he pasado muy bien y que me he recuperado. Y créame también si le digo que tengo unas ganas de que lleguen las vacaciones...