martes, mayo 5

Guardia Suiza

Los vientos de cambio que soplan en el Vaticano desde que Benedicto XVI accediera al trono de este pequeño y último Estado totalitario en suelo europeo, no cesan de provocar estremecimientos en la sociedad mundial, permantemente atenta a cuanto sucede bajo la cúpula de San Pedro. Del proceso revolucionario emprendido por el mandatario de origen aleman, no se va a librar la Guardia Suíza, según relata la prensa escrita en el día de hoy. Cinco siglos luciendo el uniforme diseñado por Miguel Ángel para platearse a estas alturas qué hacer con las mujeres. A alguien se le ha ocurrido que también las pueden vestir de conquistadoras horteras del Potosí.
Cinco siglos sin mujeres que pueden terminar. Cinco siglos entre hombres. Incluso con algún escándalo de braguetas con crimen pasional incluido. Cinco siglos de tradición inamovible que pueden venirse abajo ante el acometimiento progresista de Benedicto XVI ¡A dónde iremos a parar!
Afortunadamente todavía queda gente sensata que se pregunta qué pasará cuando hombres y mujeres jóvenes se junten en los estrechos pasillos que los cuarteles de la Guardia tiene en el microestado. Por cierto ¿de qué me suena a mí este argumento? Yo creo que ya lo he leído o escuchado en algún otro lugar.
Ante la disyuntiva planteada por el reinado del actual Papa, que -dicho sea de paso- debe ser un masonazo iconoclasta e irreverente, caben muchas opciones: A las cabeza sensatas se les ha ocurrido, por ejemplo, descomponer el corpus jurídico de esta particular fuerza del orden público en tres; un cuerpo mixto, donde sólo los hombres puedan rozarse en los angostos pasillos, como hacían los griegos untados en aceite. Uno femenino con idéntico objetivo, referencia nacional y afición por productos oleaginosos. Y, por fin, uno mixto para que pase lo que tenga que pasar desde que hay fuegos, estopa y diablos.
¡Cómo hacemos el payaso y qué serios y trascendentes nos ponemos!

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