lunes, mayo 11

Con un pequeño gemido, basta


Le he pegado un pequeño repaso al País de ayer y me he econtrado con una cosa que me ha llamado la atención especialmente. Había muchas noticias que podrían merecer, sin duda, un alto en el camino y una honda reflexión. Me he quedado sin embargo con la que me ha hecho rechinar los dientes y crujir todas las bisagras por un sólo párrafo:
Resulta que la Falange Española no admitía como militantes a las mujeres. Por eso se inventó la Sección Femenina. Lo desconocía.
¿A qué me vuelve a sonar este cuento de nuevo?
Yo que pensé que habíamos inventado la pólvora. Pero se ve que no, que lo de los compartimentos en los que no pueden entrar unos u otros en función de la carga hormonal y de lo que tengan entre las piernas viene ya de antiguo, y hasta el facherío más recóndito de nuestro rebuscado país le cogió gusto (no sólo el de nuestro país, todo hay que decirlo... ¡Y no sólo el fecherío! También hay que decirlo). De hecho, los colegios del Opus y los Legionarios de Cristo siguen practicando la segregación sexual en los centros que administran con cierta incomodidad de las administraciones públicas, sensibles a que "eso empieza a estar mal visto"; aunque -hagamos una pequeña aclaración- hay unas administraciones que cogen el toro por los cuernos, otras que buscan la componenda amigable con las sayas negras, y un tercer grupo que no sabe ni contesta, dando por bueno aquello de la clasifiación "inter pernas" en toda su extensión y con todas sus consecuencias.
Volviendo a la Sección Femenina, alguno irá corriendo a chivarse a la más alta autoridad, y me dirá de paso que mezclo churras y merinas, y que los motivos de las organizaciones son diferentes; que los valores y principios no son tampoco los mismos; y que cómo oso comparar entidades que no han hecho nada por las mujeres sino castrarlas, con otras que han puesto la cara por ellas...
No. Yo no comparo nada. Contemplo estupefacto la cosecha obtenida; el producto final de la operación aritmética en la que con factores diferentes, llegamos al mismo resultado: Aquí tú no puedes entrar. Allí, sí. Y más allá, también. Pero aquí no. No te quejes, bonita, pues tienes bien dónde escoger y no sé por qué tienes que venir a joder llamando a esta puerta. No has entendido lo que significa la igualdad con todo lo que hemos hecho por ti...
Os dejo con este pequeño reportaje que no tiene desperdicio. Su título lo dice todo:

Con un pequeño gemido, basta.-

En el sexo, el trabajo y la familia, la Sección Femenina de la Falange trató de cercenar la libertad de la mujer - Una exposición revive el adoctrinamiento

TEREIXA CONSTENLA - Madrid - 10/05/2009

Lo más impactante que se pueda decir sobre la Sección Femenina lo dijo la Sección Femenina. "Si tu marido te pide prácticas sexuales inusuales, sé obediente y no te quejes". "Si él siente la necesidad de dormir, no le presiones o estimules la intimidad". "Si sugiere la unión, accede humildemente, teniendo siempre en cuenta que su satisfacción es más importante que la de una mujer. Cuando alcance el momento culminante, un pequeño gemido por tu parte es suficiente para indicar cualquier goce que haya podido experimentar". Entre 1934 y 1977, la Sección Femenina de la Falange adoctrinó a las españolas para cercenarles cualquier deseo de emancipación o rebeldía y cualquier otro deseo (sobre todo ése). Tras el paréntesis liberador de la Segunda República, en el que las mujeres habían conquistado el derecho a votar y habían comenzado a ocupar espacios públicos, la dictadura de Franco se empeñó en conducirlas de nuevo al redil doméstico, en extirparles afanes igualitarios y en convertirlas en las procreadoras que la patria necesitaba después de tanta sangría.
La suma sacerdotisa de aquella hermandad de madres abnegadas y esposas sumisas fue Pilar Primo de Rivera, hermana de José Antonio, el fundador de la Falange. El instrumento fue la Sección Femenina, creada dos años antes para absorber las ansias de las simpatizantes que no eran admitidas en la Falange por razón de su sexo.
A lo que fue la Sección Femenina está dedicada la exposición Mujeres de azul, organizada por el Centro de la Memoria Histórica del Ministerio de Cultura. A lo que significó para miles de mujeres, marcadas por mensajes que las invitaban a despreciarse a sí mismas, tal vez habría que dedicar un simposio de psicoanalistas. "No hay que ser una niña empachada de libros que no sabe hablar de otra cosa... no hay que ser una intelectual", aconsejaba Pilar Primo de Rivera. "No tomes el deporte como pretexto para llevar trajes escandalosos", advertían en el curso de economía doméstica. "Disimula tu presencia física en el trabajo. Seamos hormiguitas graciosas y amables", aleccionaba, de nuevo, la fundadora.
Al comisario de la exposición, Moncho Alpuente, le interesó contar "la historia de los muertos en vida". "La memoria histórica se ha concentrado en la guerra y es lógico, pero la posguerra fue larguísima y dura, empieza y acaba con fusilamientos", indica. Las mujeres fueron muertas en vida, aunque algunas recuerdan sus experiencias de la Sección Femenina casi como liberadoras. "Era una manera de viajar y conocer a otra gente", expone Alpuente. Las dirigentes, contrariamente a lo que preconizaban para las demás, eran solteras y ocupaban un espacio público. "Para algunas, las instructoras de Falange, eran el símbolo de la liberación de la mujer", dice en sus memorias la escritora Carmen Alcalde, citada en la muestra por la historiadora María Antonia Fernández.
Entre 1937 y 1977, tres millones de mujeres de entre 17 y 35 años hicieron el servicio social, una suerte de mili femenina que suministraba mano de obra gratuita en hospitales, comedores y otras instituciones sociosanitarias. La labor de la Sección Femenina tuvo algún efecto positivo. Desterró malos hábitos higiénicos que causaban enfermedades y extendió la práctica del deporte entre las mujeres, con las limitaciones debidas al recato: se inventaron los pololos, se apartaron de la exaltación al cuerpo de sus colegas nazis que incluían desnudos naturalistas y se prohibió el remo, la lucha y el fútbol.
La exposición, que se puede visitar en la sala Santo Domingo de la Cruz, en Salamanca, hasta el 28 de junio, retrata la labor de la organización en distintos campos (sanidad, educación, campañas, comedores, actos políticos, cultura, coros y danzas, deportes y vida rural) a través de 200 imágenes, trajes regionales, insignias, trabajos escolares -hay una labor en punto de cruz dedicada al entonces ministro franquista Manuel Fraga Iribarne-, abanicos, carteles, un documental y la película Ronda española, dirigida por Ladislao Vajda en los cincuenta. La mayoría de los fondos proceden del Archivo General de la Administración, de Alcalá de Henares, donde se depositó el material tras la desaparición en 1977 de la Sección Femenina que, para entonces, se había convertido en un brontosaurio muy alejado de la poderosa maquinaria que llegó a contar con 600.000 afiliadas. Había sido la encargada, en palabras de la historiadora Inmaculada de la Fuente, de "recuperar la antigua feminidad". A la altura de 1977, el modelo en boga tenía más similitudes con las republicanas.

6 comentarios:

Julia Rosa Álvarez Fernández dijo...

Parece que todo ha cambiado mucho ¿verdad? Pero si escarbamos un poquito, sólo un poquito...
Creo que a tod@s nos son familiares comentarios tipo: "... y tenías que verlas a ellas...mucho peores que ellos pero que mucho peores... beben como cosacas, dicen tacos, les meten mano a los chicos... una vergüenza... es que son peores que ellos..." Oí comentarios como éste miles de veces y no exagero cuando digo "miles".
Siempre que se comenta negativamente una actitud, a continuación, invariablemente, se oye lo de :"y ellas son las peores"; y en la mayoría de las ocasiones eso lo dice una mujer. Una mujer que parece encontrarse muy cómoda en el papel de "sumisa".
Creo que somos muchas las mujeres que nos sentimos "en ninguna parte", nada tenemos que ver con las mujeres de nuestras familias, pero tampoco nos sentimos tratadas de igual a igual en parte alguna.
Conozco a hombres muy, pero que muy liberales, intelectuales,cultísimos, de mentes, oficialmente, abiertas que a sus hijas les han puesto horario de llegada a casa y a sus hijos no; y se me han puesto los pelos de punta cuando les oí, literalmente, decir que sus hijas les habían agradecido "esa" educación.
Y eso es lo que al final muchas veces pasa, estamos encantadas de ejercer de floreros, y si no somos bellas ni estamos buenas pues habrá que ser "buenas profesionales", pero siempre en nuestro puesto, "yo soy una señora.. no como esas otras..." Eso sí, ejercemos la caridad y damos lo que nos sobra ya sea en ropa vieja o en tiempo; es estéticamente encantador ejercer algún tipo de voluntariado, sólo hay que ver a todas las féminas de la casa real, sin embargo a ninguno de ellos les vi ejerciendo "la caridad", parece ser que la justicia es cosa de hombres y la caridad de mujeres.
Todo el mundo da por hecho que el rey ha tenido muchas amantes, a la reina no se le perdonaría; los curas... todos conocemos muchas historias.. ¿se le perdonaría a la reina, a las monjas? Pero si hasta los homosexuales hombres están infinitamente mejor vistos que las mujeres, hasta ahí llega el tema, no hay ni una sola excepción.
Así que la iglesia, la sección femenina, la masonería, la falange, nuestras familias, nuestras madres... parecen estar todos de acuerdo ¿verdad? Me gustaría saber el porqué. Al parecer el sexo de la mujer tiene "algo" que molesta, pero mucho, mucho... me encantaría que me diesen algún tipo de explicación científica.

Os copio unas palabras de Rosario de Acuña que podrían haber sido dichas en este mismo instante:

“Que los hombres llamados liberales, librepensadores, progresivos y positivistas tomen a la mujer como a hembra de animal, sólo destinada a la reproducción o para encargarse de las faenas domésticas, o para hacerla maniquí de lujo, cual si la hubieran comprado a la puerta de un mercado turco…esto es lo que no tiene explicación posible. Y esto es cierto, sí, excepto en contadísimas excepciones…"

Ricardo Fernández dijo...

No generalicemos con lo de "masonería". No existe una "masonería" como tal. Hay "masonerías": En unos sitios no podrías entrar tú. En otros no podría entrar yo. En otros podrías entrar de visita. En otros podrías entrar en igualdad de derechos, pero aprenderías a levitar y saldrías volando por una ventana... Es un mundo muy complejo del que ha trascendido mucha cucufatería y poca chicha. No sé si me explico.

Julia Rosa Álvarez Fernández dijo...

Es cierto, no se puede generalizar en nada.

A salir volando,aunque sin levitar, querido Ricardo aprendí hace ya mucho, no queda otra

Ricardo Fernández dijo...

Pues aquí, en alguna parte, saldrías levitando... ¡Casi ná!
Por eso no vale ese argumento de que hombres y mujeres tenemos opciones suficientes para escoger a dónde ir: No vale porque no es cierto. La facultad de elección ha de verse desde el punto de vista de la persona que hace la petición de entrada en una logia, no desde el punto de vista de quien ofrece "el producto".

Anónimo dijo...

Aún estando de acuerdo en casi todo.. sólo hay una frase, querida Julia Rosa, que no acabo de entender...
" Pero si hasta los homosexuales hombres están infinitamente mejor vistos que las mujeres, hasta ahí llega el tema, no hay ni una sola excepción."
Que el que esté libre de culpa tire la primera piedra... (dicho sea sin acritud)

Julia Rosa Álvarez Fernández dijo...

Discúlpeme querido anónimo; me expresé mal, falta alguna palabra en mi comentario; quería decir que "socialmente" están mucho, pero muchísimo mejor considerados los hombres homosexuales que las mujeres homosexuales, esa es mi apreciación personal.
En cuanto a las piedras yo suelo tropezar dos, tres, cuatro... veces con la misma... tirar, no tiro ninguna, o al menos, conscientemente.