domingo, abril 12

Lilly Led-better


Estaba escuchando la radio esta mañana mientras desayunaba y en una ráfaga entre casadiella y casadiella (para los que me leen desde otros lugares alejados de la república astur, voilà! l´explication) escuché un nombre: Lilly Led-better. No tenía ni la menor idea de quien era pero el contenido de la noticia atrajo mi atención, así que en el día de hoy, llegada la noche, me acostaré dándole la razón al refrán.
No sé exactamente con qué causa final, pero el caso es que la locutora recordaba la primera ley aprobada en enero por Barak Obama, que lleva el nombre de esta señora. La norma en cuestión fue saludada por el presidente americano con esta frase: "Con esta ley defendemos uno de los primeros principios de esta nación; que todos somos iguales y que tenemos derecho a buscar la felicidad"
Lilly Led-better era supervisora en la empresa de neumáticos Good Year, y cuando estaba a punto de jubilarse se enteró de que durante los últimos diecinueve años había cobrado un 40% menos que los paisanos de la planta de producción. Y se enteró también de que si hubiera sido negra le habría ido todavía peor ¿Qué hizo? ¿Planteó una cuestión a estudio? ¿Se ensimismó en una honda reflexión supervisando los pros y los contras de la situación? No. No hizo nada de eso. Recurrió a los tribunales, que le dieron con la puerta en las narices por haber transcurrido más de 180 días desde que sufriera el primer trato salarial discriminatorio. Un detalle formal de esos que en el mundo judicial vienen tan bien para quitarse muertos de encima.
El asunto llegó a los medios de comunicación y se montó un pollo social y mediático de consideración. Gobernaba Bush, el hombre con poderes extrasensoriales que hacían que el amigo Aznar, olvidara su íntimo catalán y saliera hablando con acento de mexicano malo de película. Bush no hizo nada, evidentemente. Porque a estas alturas de la película sabemos que siempre hay alguien que lo único que hace es: nada... ¡Y es mejor que así sea!
El caso es que la insistencia y persistencia continuó hasta llegar a esta ley que no afectará a Lilly Led-better, que la inspiró con su ejemplo. Para ella, según declaró, lo importante, lo que había hecho que todo valiera la pena, no es otra cosa que las nuevas generaciones de mujeres podrán servirse de ella.
Estos hechos suceden en pleno siglo XXI... Y seguirán sucediendo en el siglo XXII y en el XXIII, si seguimos aquí y no nos hemos evaporado como especie junto con nuestro crecimiento económico y sociedad de bienestar.
Por cierto, Lilly Led-better no podría (y parece que no podrá) ser miembro, si quisiera, del Gran Oriente de Francia... Aunque podría venir a visitarnos... O podría entrar en la casa de otros y aprender a levitar a mayor gloria de la "laicidad" de conveniencia... Pero consolémonos, tampoco podría llegar a ser papisa... Y el día en que haya papisas entonces sí podremos plantearnos algunas cosas ¿Quién sabe?
¡Qué alegría! ¡Qué bien me siento! Vive l´Égalité!

5 comentarios:

Reyes Martell Gonzalez dijo...

Hola compi!!!
Te cuelgo este comentario para comunicarte de la manera mas oficial que me resulta posible que te hago entrega del premio Entrega, Constancia y Corazon.
Las razones son tantas que me seria eterno exponerlas aqui y creo que muchas de ellas ya las conoces, asi que, de corazon, para ti este premio.
Tengo que colgar aqui las sencillas reglas de concesion, asi que te las dejo:

1. Exponerlo en el blog mencionando el nombre de quien te lo ha dado.

2. Entregarlo al menos a cinco blogs que consideres merecedores de cumplir con el eslogan del premio.

3. Comunicarlo mediante comentario a los blogs premiados.

Que mas decirte?? que mucho animo y que continues con alegria este estupendo trabajo que realizas desde tu blog.

Un afectuoso abrazo

Julia Rosa Álvarez Fernández dijo...

Si se trata de darle un premio a Ricardo, yo me apunto; y eso de Entrega, Constancia y Corazón me parece genial.
Gracias, Reyes, por la iniciativa.
Y las razones, tienes razón, son tantas y tantas...

Al Kaffir dijo...

No creo que en los siglos venideros se sigan produciendo estos anacronismos. Todo el mundo se da cuenta de esta injustícia y está avocada a desaparecer al igual que esos reductos que la mantienen. Yo confio en que en el futuro los niños al saber de esta práctica a modo anecdótico y cuando pregunten a sus padres porqué se hacía estos respondan que ni idea.

Julia Rosa Álvarez Fernández dijo...

Gracias, Al Kaffir, por el optimismo; ojalá sea contagioso, pero yo, sinceramente, creo, que tendrán que pasar muchos, muchísimos años... ¡ojalá me equivoque!, ¡ojalá!, ¡ojalá!, por favor... ¡qué me equivoque..!

Y por cierto, lo de les casadielles... se podría invitar, amos, ¡digo yo!

Ricardo Fernández dijo...

Bueno, no contaba yo con tanto éxito. Muy agradecido por la lectura y por el premio. A alguno le apetecería darme dos hostias sin consagrar, pero me hace muy feliz que lo que uno lanza al viento, a veces invadido por un cierto malhumor y hastío, llegue a ser recogido por alguien y resulte útil.
Ya se sabe cómo pienso, así que poco remedio tengo y... ¡Siempre nos quedará París!
En fin, ojalá Al Kaffir tenga razón y los anacronismos queden escritos con tinta muy borrosa en el libro de la historia.
Besos a todas y a todos.