miércoles, marzo 25

Darfur


Quizá por el pasado colonial y el peso que éste sigue teniendo en la actualidad, el Gran Oriente se cansó durante el mandato de Jean Michel Quillardet de hacer llamamientos de condena a causa del genocidio de Darfur, en el Sudán. No fue la única voz "discrepante" y crítica frente a una más de las atrocidades que silenciosamente se perpetran en África. Pero ¿qué sabemos nosotros, los sonrosados occidentales, de todo cuanto sucede en ese gigantesco continente despreciado por las agencias de prensa?
Sabemos mucho de crisis inmobiliarias pero parece que hay otras cosas que ,o nos interesan muy poco, o interesa poco que nuestros ojos terminen posándose sobre ellas.
De vez en cuando llegan a nuestros oídos y retinas los niños soldados, las hambrunas; la foto de un buitre acechando a una niña agonizante y huesuda sacude nuestras delicadas conciencias y es premiada con un Pulitzer; nos llegan también ecos de un tiroteo aquí y allá, de la muerte de un autoproclamado presidente que unos años atrás también protagonizó otra algarada análoga; sabemos que hay piratas como en los viejos tiempos de otros siglos, pero éstos de ahora aramados hasta los dientes con Kalaschnikov. Un sátrapa sonríe a occidente y le asegura la paz coránica a sangre y fuego, a cambio únicamente de que le dejen vivir tranquilo haciendo como que hace una moderna democracia entre rumiantes camellos. Los despojos de la miseria se ahogan a la puerta de nuestra rica casa...
No. Realmente no sabemos mucho. Pero a pesar de eso y de los tibios murmullos que nos llegaron sobre lo sucedido en Darfur, hace nada tuvimos conocimiento de que el Tribunal Penal Internacional, con sede en La Haya, habia decidido procesar a Omar Hassan Bashir, mandatario sudanés, ordenando su detención tan pronto como la misma resultara posible.
Omar Hassan ejerce de envalentonado chulo ante las cámaras occidentales, empuñando un bastón y rodeado de esbirros que le tienden una alfombra roja. Sobre su conciencia o los jirones que puedan quedar de ella, pesan casi tres millones de personas huidas y doscientos mil muertos. Ayer, para echarle leña al asunto, viajó a Eritrea, a entrevistarse con otro amiguete que tuvo el cuajo de aprovechar el evento para pedir dinerito al mundo "desarrollado". Evidentemente nadie detuvo a este benefactor. Y, para aliviar aun más las conciencias de los sonrosados occidentales que nunca han roto un plato, China, la Organización de Estados Africanos y la Liga Árabe, entre otros baluartes de la democracia mundial, pidieron a la Corte Internacional que deje al viejo dictador tranquilo... Del Papa Benedicto XVI no se conoce ninguna opinión relacionada con el particular, a pesar del testimonio de preocupación que ha dejado tras su paso por el martirizado continente. Sin comentarios.

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